El pachuli me da alergia

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Muchos son hippies zen amantes de la paz, de dar discursos aburridos sobre cómo las “malas vibras” afectan en tu vida, y de lo importante que es hacer oídos sordos si algún trastornado quiere sacarte de eje, respondiendo con una sonrisa ante dicha situación.

La idea es convertirte en una especie de Buda tercermundista, cuando toda una vida te la pasaste siendo un atado de nervios. Como si meditar en un almacén lleno de jubiladas comprando fiambre, fuera tarea fácil.

Todos dándote esa solución extraordinaria y aparentemente salvadora, con tips pedorros y bastante utópicos de poder llevarlos a cabo. Porque acá hay una realidad, y es que poder generar ese estado de calma constante con lleva años de laburo mentaly por ahí, yo no nací para lograrlo.

Llegué a este mundo gracias a la medicina de los años ochenta. Con mi madre casi morimos cuando fue a darme a luz, por el tiempo de espera que tuve antes de salir de su vientre. Eso mismo, esperé para nacer. Es decir que mi manual no viene con algún apartado donde aclare que incluyo la tan preciada paciencia. Me la gasté toda en el canal de parto.

A ver hippie sin Osde, no me vengas con tus libros llenos de olor a pachuli y con sahumerios de dudosa procedencia, a decirme que en definitiva tengo que convertirme de un día para el otro en la hija de Sai Baba.

Caen a tu casa, abren la heladera con total impunidad, se sirven cual restaurant de Puerto Madero, se levantan de la mesa y no ponen un mango. Claro, porque no laburas desde los 18 años que atendías un minimarket y sacabas la calculadora para resolver una cuenta de diez menos dos, ridículo. Tenés 45 años, vivís con tu madre que es pensionada, y que todavía te lava los calzones. No tenes idea de lo que es un sartén ni mucho menos lavarlo, pero osas enseñarme sobre los misterios gloriosos de la llama violeta, acompañado de tus frases hechas sacadas de un manual que tomaste prestado de la biblioteca hace un año y medio. Te lo robaste, Sergio.

Cansada me tienen con la situación de mirarme a los ojos y que digan: “Che, relájate, estás muy tensa” mientras invaden completamente mi espacio personal haciéndome masajes horribles y dolorosos. No me gusta que me saques los nudos que tengo en el cuello si YO NO TE LO PEDÍ.

Por supuesto que no estás estresado, porque el resto de los que tenemos el aura apagada laburamos todos los días para que este mundo se mueva. Mientras vos le robas internet al vecino, para ver videos mal editados de un gallego que vive en la India y come arroz todo el día. Vida que te gustaría tener, pero la economía es cruel y si no naciste siendo hijo de Vila, la única opción que te queda es la de generar dinero. Laburando, querido. Algo que te da miedo porque no te podés levantar antes de las doce del medio día.

Sergio, si no te dio paja y me estás leyendo, quiero decirte por intermedio de esta nota, que sos un pelotudo. Sin más ni menos adjetivos. Agarrá la colección mugrienta de juguetes chinos que tenés, vendélos y pagá lo que debés. Te adueñaste de la moto que tenía tu difunto padre y la arreglaste con la ayuda de tutoriales en YouTube. Tiene los cuadros torcidos, las cubiertas gastadas y la pintura no se arregla con el aerosol plateado que sacaste a cuenta de la ferretería del barrio.

Amigate con el sistema, haceme el favor. Caso contrario, vas a terminar durmiendo en el inodoro de una estación de servicio con una bolsa de supermercado colgada en la espalda, llevando el único dólar de la suerte que tenés en la billetera y las estampitas del Gauchito Gil.

No pienso darte más de comer cuando no caes ni con un paquete de galletitas de agua, y el único “regalo” que me dejas, son un montón de piedras gastadas que según vos, tienen poderes de la Pachamama. Las sacaste de la acequia, nada más.

Bañate, peinate, sacate ese hedor a monasterio sucio y hace algo por tu pobre madre que no te soporta más en su casa. Usa el transporte público y deja de destrozar el único recuerdo que queda de tu viejo. Roberto debe estar puteando a veinte motores cada vez que te haces el galán con esa pobre moto oxidada y emparchada con cinta aisladora.

Basta de revelarse contra el capitalismo, que aunque no nos guste del todo, es nuestro presente. Pero si aún así, no estás de acuerdo, andate a vivir al Bolsón y dedicate a vender ropa usada al costado de la ruta. No te va a alcanzar ni para el mate. Y tampoco te reproduzcas Sergio por favor te lo pido, que la criatura necesita cuidados no que le toques el charango a las tres de la mañana.


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