A ustedes…

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—Sentate, ¿qué querés comer?
—Oíme, pedimos empanadas…
—No, no, yo te voy a cocinar. Vos solo en tu casa comes para la mierda.

 

—Tenés el pantalón roto…
—Sí, me olvido de cocerlo. ¿Se ve mucho?
—Traemelo que te lo coso.
—Pará, vivís laburando y te vas a poner a cos…
—¡Dale, tráemelo que es un minuto!

 

—Tenés el pelo largo.

 

—¿Cuándo venís a tomarte una cerveza?

 

—Che, ¿seguís con ese dolor en la espalda?

 

—¿Estás solo? Nahh, venite a casa que vemos una buena película.

 

—No, no, no vayas así. Cambiate esa camisa. Afeitate.

 

—La morocha del escritorio del fondo a la izquierda, esa, la que tiene camisa de flores… ¿No la ves…? Sí, esa, te está mirando desde que llegaste…

 

—¿La verdad? Estás hecho un pelotudo.

 

—Cómo me hacés cagar de risa…

 

—Sí, te lo quería contar.

 

—Perdoname que te llame a esta hora, Marcos… ¿Podés venir?

 

—Sabía que te iba a gustar.

 

—¿Viste que lindo el atardecer…? ¿Vamos a tomar mate a la sierra…?

 

—¿Estás ocupado? Pasé a tomar un mate y sigo.

 

A todas esas mujeres que eliminan cualquier soledad con su mirada completa, inmensa, a las que ven lo que a mí se me pasa, a las que saben que soy incapaz para tantas cosas y me lo bancan, a las que me retan como única herramienta para hacerme ver algo que les parece importante y tal vez no comprendo, a las que me inspiran a ser mejor… no, no a todas las mujeres, ¿eh? Sino a esas, a las mujeres que son el motivo de un hombre para hacer más de lo que haría por sí mismo, a esas…

…las quiero…, pucha, las quiero tanto…

…y gracias. Muchas gracias. Gracias por sacar de mí lo mejor, por suavizarme, por lograr que sea más delicado, por corregirme lo que no veo, por mostrarme las cosas que a ellas les parecen tan lindas, gracias por compartirme sus emociones, por hacerme sentir liviano, menos malo, mejor tipo…, gracias por mirarme mientras se ríen, gracias por cantar, por tararear con el motivo que sea, gracias por ese tiempo que se toman para vestirse, para arreglarse, para perfumarse… Gracias por no querer hacer todo solas… Muchas gracias.

Y a las otras, las que detestan lo que yo valoro, las mujeres que deben pensar de una sola forma y comportarse de una sola manera, a esas les ofrezco todo mi respeto, y les deseo que tengan todo lo que les haga sentirse bien entre ellas y, sobre todo, a estas últimas, les deseo un feliz día. Al menos, este.