El diario secreto de Brenda Burke | Último capítulo

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Querido diario:

Ya es de noche, recién ahora puedo sentarme a escribirte. No te imaginas el día de hoy, fue eterno y estoy muy cansada, pero no quiero dejar de plasmar lo que sucedió con Sami.

Ayer les conté todo a mis padres. Les mostré la carta de Sami y tomaron la decisión de hablarlo con los padres de mi amiga. Mamá llamó por teléfono a la mamá de Sami, quien recién llegaba de su retiro espiritual, el cual sospecho que quedó sin efecto luego del llamado. Si había logrado sentir paz allí, calculo que después de lo sucedido necesitará otro de esos.

La mamá de Sami no tenía conocimiento de absolutamente nada. Era obvio, mi amiga me había dicho que ni a su perro se lo había contado. Se asustó mucho y se sintió culpable por no descubrirlo ella misma antes de llegar a esta situación límite. Dijo que pondría la denuncia en la policía, luego de hablar con su hija.

Sami, toda avergonzada, le mostró los chats y las fotos que Joaquín le había obligado a enviarle, junto a sus posteriores amenazas. Su mamá lejos de regañarla, le explicó que era un delito cometido por el supuesto “Joaquín” y que ella había sido solo una víctima, que no se sintiera culpable por eso y que debería habérselo contado a ella. Su madre la habría entendido y le habría aconsejado al respecto.  Sami, muy arrepentida, le pidió disculpas y prometió que de ahora en más estaría más atenta y no confiaría así nomás en cualquiera, y que ante cualquier situación extraña o sospechosa, se lo contaría a sus padres inmediatamente.

Ambas se dirigieron a la fiscalía y dejaron constancia y pruebas de todo lo sucedido. La policía les contó que ya habían tenido muchas denuncias parecidas. Siempre las víctimas habían sido niños y niñas de la misma edad. Y por la forma de expresarse de ese tal “Joaquín” en los chats, sospechaban que se trataba de la misma persona. Así es que decidieron que Sami debía ir a la cita que había organizado con “Joaquín”, pero con la policía vestida de civil, vigilando cerca de ella. La idea era atrapar por fin al psicópata que había estado acosando a los niños de esa zona.

A Sami le dio mucho miedo hacer de “carnada” de un psicópata, pero sabía que la protegería todo el equipo de policías. Su madre también estaría por allí cerca, pero camuflada con una peluca, para que el “loco ese” no la descubriera, si es que sabía quién era.

Sami me contó que estaba sentada en un banquito de la plaza, temblando de nervios. Observaba para todos lados, sin perder de vista a los policías que allí se encontraban. Solo ella y su madre, quien portaba una peluca de pelo corto castaña, sabían que se trataba de policías y no de civiles comunes y corrientes. Uno de ellos se encontraba “leyendo” un diario a dos banquitos de Sami, otra caminaba empujando un cochecito, con un muñeco tapado, simulando un bebé. Por momentos mi amiga se imaginó que adentro de ese cochecito tal vez escondía su arma, lo cual ratificó minutos después, cuando un hombre alto, PELADO y con BARBA se le arrimó, preguntando si ella era Samanta.

Sami le contestó que sí, y se le heló la sangre cuando el hombre le explicó que lo enviaba Joaquín, quien la estaba esperando en un auto, el cual señaló a una corta distancia, con vidrios polarizados.

Fue en ese momento, que mi amiga hizo la señal que había pactado previamente con la policía. Se recogió el pelo, para armarse un rodete improvisado. Aunque su cara de nervios ya lo decía todo.

“Levante las manos y no se mueva, queda usted detenido”, algo así dice Sami que gritó la mujer que sacó un arma del cochecito que antes empujaba con tanto “amor”. El hombre que “leía” el diario, lo lanzó al piso y le colocó esposas en ambas manos. La mamá de Sami corrió a abrazar a su hija, y ambas lloraron, por los nervios, la adrenalina, el miedo y por lo que podría haber resultado de esa cita si no avisaban a la policía.

Dante Raúl Friedrich, un psicópata acosador y traficante de pornografía infantil, pasará el resto de su vida en prisión, gracias a mi amiga y a su denuncia en la policía.

Cuando vi la foto de ese hombre en el noticiero, un nudo en la garganta se apoderó de mí. Era el mismo de mi sueño. Era él. Sentí escalofríos y mi piel se erizó. Muchas preguntas invadieron mi mente. Pero en el fondo sé que todas ellas tienen la misma respuesta: Clarividencia, otra habilidad desarrollada por haber estado en Fairiel. Gracias a ella pude salvar a mi amiga.

FIN