¿Te gustó abrir las piernas? ¡Jódete!

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Este fin de semana tuvieron lugar, en todo el país, marchas a favor de las dos vidas, como en otras ocasiones las calles se llenaron de pañuelos que las tiñeron de un color característico.

Manifestantes  vitorean lemas y levantan carteles con frases pegajosas. Luego viene la ola de noticias que invade las redes, con ellas desde la oscuridad de una pantalla salen los defensores o detractores enardecidos a decirse todo tipo de barbaridades, con absoluta violencia desde ambos lados.

Ante tanta fragmentación, me vi en el medio de una grieta insalvable que ha abierto el gran tema del “aborto”, y en ella pude ver la gente que no tiene ni voz ni voto, que padece las consecuencias, que permanece olvidada mientras todos pelean por tener la razón.

Una de las más violentas proclamas que veo que se repite últimamente es “si te gusto abrir las piernas ¡jódete!”. Como si él bebe lo hubiera hecho sola, la otra parte no que disfruta el acto, no importa si sufre las consecuencias y no se lleva ningún título denigrante como el de “mamá luchona”.

A veces me los imagino diciendo esas cosas desde arriba de un banquito, mirando con desprecio y juzgando situaciones que tuvieron la suerte de no pasar

Seguro se jactan de haber hecho todo bien, de cuidarse o tener una sola pareja sexual, pero eso no es tan simple y ahí es donde entra la suerte, porque ella les deparo un destino diferente en la vida, una familia, alguien que los cuide o contenga, comida, ir a la escuela, lo que sea que los preparó para ver la vida de otra manera.

Recuerdo el banquito porque yo también estuve arriba y me bajé de un porrazo cuando tuve que consolar a una nena de 15 años embarazada, su novio se hizo cargo pero tenía la misma edad que ella, seguro no iba a terminar la escuela, haría changas, pediría un plan social que nadie le enseñó a administrar y se convertiría en la tan mentada “mamá luchona”.

Mientras trataba de consolarla, me recordé a mí misma a esa edad, con una vida confortable, educación y una familia…no, no lo hubiera logrado.

Ese día al mediodía, almorcé con mi mamá y hablamos del tema, le dije “nunca me explicaste nada, nunca me diste educación sexual”, mi miró dando la razón y dijo “no, no se usaba, no se usa, esas cosas dan vergüenza y no deberían”.

Seguí pensando en perspectiva, tenía quién lo haga pero no pasó por vergüenza, no ha pasado tanto tiempo como para qué deje de ser un tabú, pero una realidad más grande cayó sobre mí fríamente ¿y los qué no tienen quién les explique? ¿los qué no le importan a nadie? Porque los hay, no nos gusta verlos pero están, pero también ¿los qué no tienen a alguien informado que les explique con fundamentos científicos las cosas? ¿nos creemos capacitados para enseñar todo?

Más de una vez escucho en adultos que “acabar afuera” es un método seguro para no dejar embarazada, sin siquiera pensar en todo lo que se pueden contagiar. Esos son los mitos que se crean desde adolescentes, algunos que hasta yo creí.

Callamos nuestras conciencias diciendo que tienen toda la información a mano, son los maestros del internet, nativos digitales. Cuando en realidad son expertos en redes sociales y no tiene el mínimo criterio para seleccionar información.

Sus bases de datos son Wikipedia, el Rincón del Vago y las páginas porno, donde aprenden todas las variedades y fetiches sexuales pero nada de cuidados, enfermedades o relaciones afectivas saludables. Les importa el acto, no las consecuencias, como a todo adolescente.

Nos convencemos que por ser amigos de nuestros hijos desarrollamos la confianza suficiente para que nos cuenten todo, pero nos olvidamos de que cuando estábamos en su lugar también nos daba vergüenza preguntar y no es porque nuestros padres fueran malos.

La condición de adolescentes lo hace así, es un momento de quiebre en que se forma una identidad individual, nos separamos de ellos, buscamos respuestas en otras partes, sobre todo en nuestros pares.

Así salí de mi realidad, entendí que no todos vivimos los mismos procesos ni contamos con los mismos recursos, salí de mi zona de confort y de cómo es mi vida para ponerme en lugar del otro, con las necesidades del otro.

Pasé de pensar que era una aberración darle anticonceptivos a un adolescente porque yo no los necesite, a ver como hubiera sido diferente si alguien le hubiera explicado a esa chica que tenía al lado que el sexo no es amor, que podía esperar y en última instancia que era chica para ser mamá, que se cuide porque también se puede enfermar.

Es por eso que les pido que se bajen del frenesí pro vida o pro aborto. A los primeros les pido que se bajen del banquito a mirar antes que de se caigan de un porrazo como yo. Entiendo lo del aborto pero les pido que reflexionen sobre la educación sexual.

Hay muchas cosas que trabajar como sociedad, entre esas enseñarle a un nene de 6 años que no lo pueden tocar, que por más que su padrastro, abuelo vecino se le diga que es un bello secreto está mal.

Ustedes no están ahí para enseñarle y no va a saber nunca que eso no es normal, no están ahí con la chica de 15 años que no sabe cambiar el pañal, tampoco con el chico que ahora es portador de HIV porque nunca se cuidó.

La rechazan por miedo reclamando “educación sin ideología”, lamento informarles que sus hijos se van a encontrar con algún homosexual a lo largo de su vida, no es necesario pensar igual pero si enseñar tolerancia y esta difícil si crecen pensando que son enfermos asquerosos.

Tampoco va cambiar su forma de vida porque vos le digas “el” cuando se siente “ella”, eso solo tranquiliza tus miedos, no los cambia.

La realidad está ahí afuera, por más de que la nieguen y sus hijos se la van a encontrar, los suyos tienen suerte de contar con ustedes, no todos los chicos la tienen.

No pueden negarse a todo, el día a día nos pasa por arriba y hay víctimas, pero entiendo que mirar para adentro de uno mismo no duele, como así también mirar desde arriba y bien lejos.

A los segundos les dejo un refrán “se cazan más moscas con una gota de miel que con un barril de vinagre”, o en otras palabras nadie te va a escuchar si lo estás insultando, tratando de ignorante o hablando sobradoramente, sólo vas a conseguir que los que piensan como vos te aplaudan y eso no mejora nada.

A todos nos cuesta bajar del banquito, algunos se bajaron por propia voluntad, otro nos caímos pero les aseguro que no van a bajar a nadie a patadas, con más razón van a creer que deben quedarse ahí.

Sigamos marchando y poniéndonos pañuelos, mirando al otro con asco y sintiéndonos dueños de la verdad, mientras tanto la realidad sigue esperando.