Pongámonos un putero

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Hace poco más de una semana, me encontraba camino de regreso hacia mi hogar muy enojada porque se acababa de prender la luz de la reserva, y otra vez tenía que desangrarme para poder cargarle nafta a mi pobre auto.

Tenía hambre, eran casi las diez y media de la noche y al otro día entraba a laburar a las siete de la mañana. Lo mejor que podía hacer en ese momento de aburrimiento, era mandarle un mensaje a mi querida amiga Lobesia. Le mandé un audio de casi tres minutos, repleto de incoherencias o quizás, no tanto.

“Lobesia, estoy aburrida. Cuando manejo me aburro. Me quiero comprar un Citroën. Me quiero comer un asado y no tengo un peso. Escuchame, ¿y si me hago puta? ¿Vos que decís? Me hago puta y a la mierda. Vos sos la Madame. Yo siempre quise ser Madame pero no tengo tanta experiencia sexual, vos sí. Nos dividimos las ganancias… dale, ¿pongámonos un putero? ¡Dale!”

“La bruja” del Mendo estaba en un evento, y sabe que si le mando un audio de tres minutos, es porque algún planteo existencial estoy teniendo. Me contestó a la hora, un poco riéndose pero dándome todos los pasos a seguir para hacerme prostituta. Vivís de spa, todas las semanas vas a la manicura, peluquería, siempre impecable. Una tarea nada fácil y un trabajo bastante pesado, me dijo Lobesia.

Escuché su audio y me quedé dormida a la mitad. Porque los pobres llegamos reventados al final del día y lo más divertido que haces, es acomodar la almohada de tal forma que no te joda la cervical cuando te despertas al otro día. Si, pobre y vieja.

Al otro día planteo mi idea de negocio en la oficina, y los chicos del staff empezaron opinar. Mina me dijo que quería ser mi primer cliente. A lo que yo le respondí que me gustan los nenes, pero ella dijo una gran verdad… “trabajo es trabajo”. El Fran me llamó por privado pero no le contesté. Seguro quería anotarse en la lista, pero yo todavía estaba organizando el emprendimiento y es un pesado.

Pericles me dijo que era una especie de hereje. Aunque no usó exactamente esa palabra, porque el chico es judío y hablan otras cosas. Me dijo que fuera a la sinagoga, pero lo mandé a cagar.

El Doctor Bomur me pidió que si tenía clientes famosos, le tirara nombres para después hacer mansa nota quilombera y así generar “impacto” en la sociedad mendocina. No Ricardo, no te voy a dar ningún nombre. Quiero ser una puta seria.

Calypso y Betsy me pidieron hacer un trío, pero les dije que eso tenía otro costo y todavía no tenía los precios.

Don Rata diciéndome que era muy bonita, pero que con mi carácter de mierda, no iba a conseguir clientes. También lo mandé a cagar, reafirmando su teoría de mi mal humor.

Con Lobesia  ya teníamos todo organizado, charlado y decidido. No encontramos un lugar para poner el prostíbulo vip, ningún  contacto en la policía, y las posibles putas laburantes estaban todas baquetas y con menos de diez dientes en la boca.

Lo único que tenía, era mi nombre artístico… Lulú. Siempre dije que si me hacía puta, me iba a poner Lulú.

Pero acá estoy, sin un Citroën 3cv a mi nombre, sin una parrilla con un ternero asándose, y con la luz de la reserva del auto una vez más bien encendida, para que jamás olvide que hasta para ser puta, también hay que tener guita.

No le digan nada a mi familia por favor. Caso contrario, mañana encuentro mis pertenencias tiradas por todo Luján de Cuiiiiiio.


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