10 cosas que hacíamos antes para levantarnos una mina

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De vez en cuando me gusta hacer este tipo de notas, no tienen como objetivo criticar las formas modernas de realizar las cosas, sino que simplemente recordar cómo era antes, tanto para el disfrute de las generaciones contemporáneas como la sorpresa de las venideras.

Teníamos que llamar al teléfono fijo de la casa.

No existían los celulares así que la única manera de contactarse con la susodicha era de manera telefónica, al fijo de la casa. Generalmente atendía la madre y, haciéndote el sofisticado y sacándole el artículo al nombre de la nena, tenías que preguntar por ella. Sudabas frío pensando en qué sucedería si te atendía el padre… ¿cuántas veces cortaste el teléfono cuando eso pasaba? Transcurrían largos minutos charlando por teléfono, donde nos contábamos cientos de cosas y ninguno de los dos queríamos “cortar primero”.

Escribíamos cartas

Le podías decir muchas cosas lindas a una chica, pero nada garpaba más que escribirle una carta de puño y letra. Hojas a rayas, birome azul y te largabas a recitar oraciones intentando no equivocarte o tener algún error de ortografía. Ellas usaban sobres perfumados y hojas de colores. Era un regalo muy importante e imposible de descartar, donde volcabas todos tus sentimientos y sensaciones.

Regalábamos casettes o CD’s grabados

No había listas de Spotify ni YouTube, así que si queríamos dedicarle música a nuestra amada, debíamos grabárselo en un cassette o CD. Había que conseguir la música o estar atentos a las emisoras de radio, saber elegir de manera precisa, que no se te pasen los 30 minutos del lado A y el B, realizar algún diseño de portada y envolvérselo de manera elegante. Todo un arte. Cada canción debía decir algo, tener un significado.

Llevar al hermanito o “chaperona”

Los padres no dejaban salir sola a la nena, así que las primeras salidas era fija que tenías que llevar al hermanito o alguna especie de tutor/a llamada “chaperona”, que hacía las veces de testigo presencial de situaciones indecorosas. Salir solos era una aventura impensada al principio de una relación. Lógicamente teníamos que pagar todo nosotros, era preferible no salir antes de pensar en que ella ponga un sólo centavo. Llevar al acompañante era un gasto contado en el presupuesto de salidas.

Ponerla era todo un logro

Desde el vamos chapar (o tranzar, como decíamos nosotros) era bastante complicado, ¡coger era imposible! Primero que nada teníamos que lograr que ella nos quisiera “entregar”, a base de remarla como un campeón, demostrar amor absoluto, fidelidad eterna y compromiso ético, moral y social ante la chica en cuestión. Mínimo tenía que transcurrir entre tres meses y un año, dependiendo la edad de la piba. Luego había que encontrar el lugar… nadie vivía solo, no teníamos en qué movernos para entrar a un telo y las chances de quedarte sólo con ella eran nulas.

Foto de perfil de messengger: la única nude que teníamos

A absolutamente ningún mortal en su sano juicio se le hubiese ocurrido pedir o enviar un “nude”. Imposible, no entraba en la cabeza, lo más osado que podíamos ver era el catálogo de ropa interior de Avon nosotros y el de Eyelit ellas. La foto más picante que podíamos tener de ella era la del chat de messengger. Bajarla a la PC y pispearla era claro síntoma de enamoramiento. Ni siquiera podíamos sacarle fotos hot, ya que había que llevar a revelarlas y sería una vergüenza que alguien viese esas tomas.

Compartir cine

Compartir el séptimo arte era todo un ritual. No había Netflix y por lo general los horarios de Cinemax o HBO no coordinaban con las citas, así que había que ir al videoclub del barrio y elegir cuidadosamente el VHS (posteriormente el DVD) que disfrutaríamos esa noche. No la podíamos pifiar, no había chances de cambiar rápidamente de opción y tampoco era muy barato acceder al material audiovisual. Por todo ello, compartir cine, era un tema profundo y pensado.

Escapada un finde

Ahora, a las dos semanas de noviar, las parejas ya se están yendo a fabulosas pseudo lunas de miel a all inclusive’s en centro América o mochileras aventuras en Europa. De pedo se saben el segundo nombre y ya están cual recién casados disfrutando de los placeres de viajar. Antes era imposible coordinar siquiera unas vacaciones en pareja previo al casamiento. Así que teníamos que organizar durante meses una escapada en carpa a Potrerillos o Las Vegas, coordinando con amigos y compañeros que hicieran el aguante, para pedirle a los cuatro vientos que se diera la fabulosa chance de pasar en una carpa la noche con la piba. Si se daba era la gloria.

Convivencia

Hablar de convivencia era similar a organizar un viaje a Saturno… no le entraba en la cabeza a ningún mortal. La única manera de llevarte a la nena de la casa era mediante casamiento por civil y por iglesia, nada de improvisaciones modernas. Ahora si vivís solo al mes se te instalaron en el depto, antes era impensado llevarte a la piba de la casa si no era con anillo y registro civil de por medio.

Familia

Antes no te ponías de novio sólo con la piba, sino que tenías que seducir a la familia. Más allá de tener que caerles bien a todos, adquirías un compromiso formal con cada miembro de la familia, ante el cual debías responder de manera seria y formal. Los padres de la novia te incluían en vacaciones, cenas y escapadas, así que era imposible que no te conocieran a la perfección.

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