Primer juicio por jurado: caso Petean Pocovi (o el increíble caso de quien quiso cargarse a 5 personas en un día)

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No sé con qué verso tergiversado algún abogado podría convencer a 12 personas de que el tal Petean acuchilló en el abdomen haciéndole dos profundos tajos (como si quisiera carnearla) a su mujer, con la que vivía hace años; con tal furia que ella, de complexión mediana, brazos fuertes de jugadora de handball y carácter suficiente, no pudo evitar los embates; porque sólo quería… no sé, ¿medio matarla? ¿verle el interior?¿practicarle una apendicectomía casera?

El muchacho estaba por ese entonces más celoso y violento que de costumbre con ella, lo que había causado que ella le pidiera que se fuera. Esa siesta la atacó con un cuchillo, ferozmente, y ella para protegerse se dejó caer de espalda entre dos sillones, levantando las piernas y los brazos para retener los cuchillazos que Petean le propinaba, pero a pesar de sus gritos y la defensa del perro familiar que también salió herido, le abrió la panza de dos tajos.

Los gritos atrajeron la atención de su madre, quien vivía en la casa de adelante, y su entrada en escena hizo que Petean saliera corriendo, empujando a su suegra y a la madre de ésta que le preguntó qué pasaba y terminó en el piso. Tomó su vehículo y salió en dirección a Chile, intentando huir del país antes de que la policía aduanera tuviera el conocimiento de su crimen.

Mientras tanto, la valiente mujer con dos mellizas en su panza abierta, las hijas de Petean, le pedía a su madre que la llevara al hospital, con la llave del auto en una mano y con la otra sosteniéndose las tripas, manteniéndolas dentro del abdomen, de pie y resuelta a no morir ese día. Ya en el hospital, luego de la cirugía exploratoria y en terapia intensiva, recién pudo caer en cuenta de lo que había sucedido. Sus hijas la obligaron a mantenerse luchando, a no tener tiempo de llorar el hecho de que el hombre al que ella amaba, había intentado matarla con la frialdad de un carnicero.

Luego todos fuimos testigos de lo que pasó. La policía, avisada de que Petean intentaba huir armó una barricada en la ruta, cuando él se dio cuenta giró en U y pegó la vuelta. Sólo la completa seguridad de que era un femicida-homicida triple y que iba a pasarse toda la vida en la cárcel lo convenció de huir a costa de lo que fuera y así lo intentó hacer cuando se llevó por delante la vida de dos policías que querían detenerlo.

Por eso, la historia de apuñalar a una embarazada en la panza sin intención de matar a nadie y el “accidente de tránsito” donde “no se dio cuenta”  que se bajó a dos personas es una tergiversación de la realidad demasiado sucia y baja, hasta para el abogado de la peor calaña.

Y espero firmemente que el jurado mendocino no se deje conmover por llantos de cocodrilo,  por historias fantásticas de un hombre bajo demasiada presión o bajo la influencia de adicciones o enfermedades mentales… porque estarán dejando sin castigo, y eso no es lo peor, estarán devolviendo muy pronto a la calle a un asesino sin escrúpulos, con carita de nene bien, pero mente cínica, podrida e inconmovible.

Escrito por “El Tuerto” Pereyra para la sección: