Sorry Chile, la “chupilca del diablo” es mendocina

  •  
  •  
  •  
  • 18
  •  
  •  
    18
    Shares

Desde hace dos mil años a esta parte se busca infructuosamente el “Santo Grial”, la copa de vino con la que Jesús celebró la Última Cena, premiando al que lo halle y beba de su contenido, con la vida eterna. En el otro extremo y rezando que nadie lo encuentre, infinidad de leyendas nos narran la existencia de un cóctel diabólico, con el que no se consigue la inmortalidad al tomarlo, sino un boleto de ida y sin regreso a la eternidad.

Uno de los inventos que cambió al mundo y que más influyeron en el desarrollo de la humanidad, sin lugar a dudas, fue la pólvora. Junto con ella, nació un enigma que desvela a la historiografía, en lo que se refiere al estudio bibliográfico de los escritos y sus fuentes, al no encontrar respuestas a uno de los mitos más grandes de la historia de la coctelería, como es la “chupilca del diablo”.

Bebidas como: ginebra, vodka, ron, tequila, brandy y tantas más, se cuentan entre las que contienen mayor porcentaje de alcohol por volumen y, a partir de miles de combinaciones de ellas y otras entre sí, dan como resultado lo que se conoce con el nombre de “trago”.

No existió y No existirá… trago que emule a la “chupilca del diablo”; los demás quedan al mismo nivel de la chocolatada de Mafalda, en lo que a sus efectos se refiere. Es como ponerse una bomba termonuclear en la boca; tanto así, que si te detiene la policía y te hace un control de alcoholemia, despreocupate, al momento de insuflar tu aliento en el alcoholímetro, estalla el aparato, y la onda expansiva no deja nada en cuadras a la redonda; por lo que zafas de la multa, no así del velatorio; ya que sus principales ingredientes son: “aguardiente y pólvora”.

Probar el origen de una bebida o sus combinaciones y de cuyas resultas nace un trago, es una tarea por demás compleja que genera debates y polémicas, las que terminan en conflictos entre quienes se arrogan de su autoría; desde altercados entre zonas geográficas vecinas, hasta diferencias irreconciliables entre países hermanos. En la antigüedad la cerveza entre los babilonios y sumerios; o peruanos y chilenos por el pisco, es de las más resonantes y notorias. Aunque, la más legendaria, fue entre los huarpes -allentiac del valle de Caria (hoy sanjuaninos) y milcayac del valle de Cuyo (hoy mendocinos)- por la “pitarrilla”; que era un destilado de uva que producían los pueblos originarios después de ser colonizados (1).

Suena poco entendible el hecho que la consideremos un trago, siendo que no existe la posibilidad de una segunda copa o que al momento de ingerirla se transforma en un brebaje mortal, lo que la encuadraría dentro de lo que denominamos “venenos”; pero no es así o, mejor dicho, no es tan así.

Previo a develar el gran misterio de este mito ancestral, vamos a citar a Arsenio Alarcón Quinteros y su artículo en el periódico: El Heraldo (Chile); el que narra una serie de antecedentes y conjeturas respecto del brebaje, para entender la importancia que tiene en la cultura chilena, en una nota (resumida) del 2 de diciembre de 2016 y que tiene por título:

¿Existió la llamada chupilca del diablo?

En el folclore nacional y de alguna manera también, en el peruano, se encuentra muy arraigada la idea, del uso eventual de una bebida estimulante que habrían bebido los soldados chilenos, antes de entrar en batalla, en el conflicto bélico de Chile contra Perú y Bolivia.

Según las tradiciones, esta bebida les proporcionaba a los soldados un vigor adicional, una fortaleza física impresionante y de este modo, los hacía combatir fieramente, sin sentimiento alguno, con total desprecio por la vida, tanto propia como ajena.

Con una imaginación fuera de serie, el novelista chileno Jorge Inostroza, nos describe con lujo y detalles, como se hacía y los efectos que presumiblemente causaba este brebaje, conocido como “La chupilca del diablo”.

Según Inostroza, dicha bebida era la resultante de mezclar pólvora con aguardiente (entendiéndose que para esa época, el aguardiente era cualquier destilado de uva o manzana con más de 32º de alcohol) la cual era ingerida de un solo trago.

La pólvora podía ser la que algunos soldados llevaban suelta en el morral, o bien, se podía extraer de la misma munición, separando la bala de la vainilla y vertiendo el contenido de ésta última en un “tacho” o recipiente para luego agregarle el aguardiente.

Pero, veamos otros antecedentes al respecto. Los “historiadores” contemporáneos a la guerra, por ej. Benjamín Vicuña Mackenna, Nicanor Molinare, Diego Barros Arana o el levemente más tardío Gonzalo Bulnes no hacen referencia o simplemente no nombran a la “chupilca del diablo”. Entonces, el único que lo señala y con su admirable narración, describe los efectos de esta singular bebida, es Jorge Inostroza en su novela “Adiós al Séptimo de Línea”… (nota completa: click acá)

Aquí va este video:

Después de leer la nota (extracto o completa) y observar el video de la televisión chilena, el panorama se aclara y queda en claro que, por falta de un documento histórico que pruebe la existencia del trago, el autor del artículo y el periodista en la entrevista, con muy buen criterio, relacionan el evento a un relato épico y no a un suceso verídico. Como así también, los historiadores citados en el artículo y en el video (Fabián Berrios, autor de “Orígenes” y Rafael Mellafe, autor de “Mitos y Verdades de la Guerra del Pacífico”), los que no dan como cierto que la ingesta de la bebida por parte de los soldados chilenos haya ocurrido en la Guerra del Pacífico (1879 a 1884); como tampoco, dan cuenta de la existencia del trago.

Pero estamos en condiciones de confirmar, que la “chupilca del diablo” no es un cuento nacido de la imaginación del “genial” escritor Jorge Inostrosa Cuevas en su novela “Adiós al Séptimo de Línea”, sino que el hecho es verídico y ocurrió en Mendoza en épocas coloniales. Como prueba de ello y resguardado en el Archivo General de la Provincia (Carpeta Colonial 21: Documento 68 – Foja 14 y 14 Vuelta) lo transcribimos textual, ya no como interrogante, sino como una afirmación que tiene por título:

¡Existió la llamada chupilca del diablo!

Para los años de 1767 y 68. Muy Ilustre Cabildo Justicia y Regimiento; el Procurador General de esta ciudad en forma de derecho ante V.S. (Vuestra Señoría) parece y dice, que por cuanto la Ley y Hordenanza Real de Castilla y de las Indias previene, manda y hordena que todos los Aguardientes se hagan solamente del Mosto de ubas, o de vino, sin permitir mas misto que el burujo de dichas ubas, anis y algun poco de ynojo, proiviendo dicha ley vajo de graves penas, y perdida de vienes, no se saquen ni hagan dichos Aguardientes con otro misto alguno, por ser contrario a la salud, nocibo al uso de la medicina, y porque el Procurador save, esta informado, y cerciorado, por persona de ciencia y conciencia, que muchos sujetos vecinos de esta ciudad y habitantes en ella hacen y sacan Aguardientes misturando a el mosto o vino, higos, brebas y otras frutas, y asimismo aji, alumbre, polbora, corteza de guillai, guillo quillo, ojas de naranjo, y otros mistos fuertes y deprabados a fin de dar fortaleza a estos Aguardientes, y que haga mucha espuma para que de esta suerte engañar a los que les compran en lo qual cometen grave delito, y en mucho mayor en grado superlativo con las muertes repentinas, y graves enfermedades que ha causado el dicho Aguardiente adulterado a los que les han usado como asi se ha esperimentado en esta ciudad y han informado los médicos a el Procurador de ella, y para oviar y evitar tan grabes perjuicios se ha de servir V.S. de mandar se publique por vando para que llegue a noticia de todos que dichos Aguardientes se hagan y saquen, conforme previene la dicha Ley y Hordenanza Real preiviendo otro misto alguno so la perdida de vienes a los que contravinieren, y de cincuenta pesos a los que supieren quienes sacan dichos Aguardientes adulterados y no denunciaren a la Real Justicia, y a los esclabos y demas gentes hordinaria, que asimismo, no denunciaren aplicarles la pena de castigarlos publicamente con doscientos azotes en el rollo de esta ciudad… Firma: Agustin Gomez Pacheco Cevallos”.

A pesar que el documento oficial no hace referencia a la “chupilca del diablo” por ser del Siglo 18 y el modismo es posterior al hecho -la que también era conocida como “leche de pantera” por las legiones españolas y “coke-ale” entre los combatientes ingleses- “sí” nombra a los componentes principales del potaje, que lo hace extremadamente valioso y único en su tipo:

aguardiente de mosto o vino con anís e hinojo, según ley; más los ilegales: higos, brevas y otras frutas, ají, alumbre, pólvora, corteza de quillay, quillo quillo y hojas de naranjo”.

Para no caer en una opinión infundada a modo de especulación, sólo analizamos uno de sus párrafos:

“… a fin de dar fortaleza a estos Aguardientes, y que haga mucha espuma…”

Esa espuma era producida por la “corteza de quillay o quillaja saponaria molina o palo de jabón” árbol endémico de la zona central chilena, y por el “quillo quillo o solanum elaeagnifolium cav o revienta caballos” arbusto muy común al costado de rutas argentinas. Ambas contienen saponinas, las que mezcladas con agua generan abundante espuma al ser agitadas. Las saponinas se dividen en triterpénicas y esteroidales; las segundas, se caracterizan por ¿aumentar? la capacidad física de la persona que la ingiere; aunque por lo complejo del tema y por no ser especialistas, nos pareció conveniente no ahondar en más explicaciones.

La “chupilca del diablo” es posible que fortalezca al que la ingiera por el quillay o el quillo o por alguno de sus ingredientes; la única forma de comprobarlo es preparando el trago, previo análisis químicos de sus componentes.

En los años 1767 y 1768 que refiere el documento oficial, la provincia de Cuyo con capital en Mendoza y que incluía a San Juan y San Luis, dependía administrativamente de Chile; es por ello que, compartimos los ingredientes con nuestros vecinos trasandinos para prepararlo, como para saber qué sintieron aquellos que la probaron hace ya tantos años. Sin olvidar al gran Jorge Inostrosa Cuevas, que no era un improvisado, y honrar su persona con un brindis a su inteligencia y en recuerdo de su memoria.

Bibliografía

1) Actas Capitulares de Mendoza. Tomo 3, Página 88 (textual): “En la ciudad de Mendoza en 11 de marzo de 1656, y se propuso que el Alcalde de la Santa Hermandad, Alonso de Coria Bohorquez, visite los ranchos de los indios donde se hace pitarrilla y se la derrame (tire) y quiebre (rompa) los vasos (pitarras) donde se hallare y castigue (latigazos) a los que hallare ocupados”. Firman el acta: Joseph de Villegas y Figueroa (Alcalde de Moradores) y Cristóbal Ruis de Campo (Regidor de Moradores).

Legislación vigente

– En Mendoza con la Ley Provincial 7.646, Artículo 1º: Prohíbese en todo el territorio provincial la venta, expendio y suministro de bebidas alcohólicas al público, cualquiera sea su graduación, presentación o preparación, entre las veintitrés horas (23:00 hs) y las ocho horas (8:00 hs). Promulgada: 3 de enero de 2007.

– En Argentina con la Ley Nacional 24.788, Artículo 1º: Queda prohibido en todo el territorio nacional, el expendio de todo tipo de bebidas alcohólicas a menores de dieciocho años de edad. Sancionada: 5 de marzo de 1997. Promulgada de Hecho: 31 de marzo de 1997.

– En Chile con el Ministerio de Salud y Servicio Nacional para la Prevención y Rehabilitación del Consumo de Drogas y Alcohol (SENDA) con el Plan de Acción en Alcohol 2016-2020, a fin de reducir el consumo abusivo de alcohol en toda la población.

– En el mundo con la Organización Mundial de la Salud y las Resoluciones WHA58.26, WHA61.4, WHA63.13,  para reducir el uso nocivo del alcohol a nivel mundial.-

TAGS: