Sobre el fútbol y algunas tragedias aéreas

  •  
  •  
  •  
  • 36
  •  
  •  
    36
    Shares

“La crítica de fútbol es una formidable máquina creadora de mitos, un espléndido surtidor de irrealidades que alimenta el apetito imaginario de vastas multitudes”.
Mario Vargas Llosa

Mi novia es una persona sensata y medida; al menos más que yo. Esta casi recibida de maestra, no fuma, le gusta el mate amargo, las tardes tranquilas  y por sobre todo,fanática de Boca. Por esto último,  siempre me acuerdo de lo que me dijo cuándo se cayó el avión del Chapecoence:

“Si me pasa algo similar, me muero” me dijo antes de dormir, después de toda una tarde interrumpiendo la rutina con los flash informativos y tweets de periodistas.

Lamentamos esas vidas, pero al llegar la noche, nuestros pensamientos siguieron su curso. El dolor se transformó en el terror de la desgracia ajena como presagio de la propia; esa dondelos sueños y esfuerzos  se pudren en segundos.

Ella no hablaba de ser una víctima. Ella pensaba en otra cosa; yo también.El recordar esa frase me hizo pensar mucho estos días. Lo del Chapecoence es la más fresca de una serie de accidentes aéreos en el fútbol: no sólo por su cercanía, sino por la cobertura y seguimiento gracias a las redes sociales. Esta semana se cumplen setenta años de la Tragedia de Superga, donde el Torino perdió a todo su plantel y cúpula directiva. Como hincha de River (lector, respete la ironía) esa tragedia me es conocida por el gesto de mi club ante la tragedia, que organizó un partido amistoso a beneficio para las viudas. Hasta el día de hoy, los clubes comparten una fraternidad que recuerdan cada algunos años lanzando una remera alternativa con los colores del otro club.

Por ese motivo, me propuse preparar una nota sobre todos los accidentes aéreos vinculados con el fútbol (que no son pocos). Una especie de top diez, donde enumero un par de tragedias y les dejo algunas anécdotas. Pero al investigar más y más cada uno de los casos, al sentarme y ver los nombres delas víctimas, sus caras y poses en las fotos, sentí la nota vacía.

Para que se entienda: ese equipo no era el Torino, era EL Torino (Il grande Torino, para los tanos). Jugadores muy jóvenes(algunos de mi edad), casi todos italianos (menos uno), héroes de una Italia donde el fascismo era algo muy reciente y el neorrealismo todavía no llegaba.En un país de mujeres, ancianos y niños, esos jóvenes alcanzaron la cima; el mejor club de toda Europa, a punto de lograr el quinto Scudetto, casi todos convocados para el siguiente mundial, del que Italia era favorita…

Y todo eso estalló contra el muro de contención de una iglesia.

¿La marca del avión? Un FIAT, y ese nombre transforma  la escena es una postal de la Italia de posguerra, con las mujeres sosteniendo  los aún obligatorios velos con pelotitas, llorando a sus maridos, mientras el público lo hace por sus jugadores.

Y son estas las imágenes que más me interesan explorar. Todos sabemos que el mundo del fútbol vive de las tragedias hasta que suceden: descensos, eliminaciones, rivalidades. Aún más “dramáticas” cuando recordamos que los clubes representan también clases sociales, etnias o hasta religiones. Todas visiones de un mundo que se transforma por unos instantes en algo dócil a nuestros pies. Como fanáticos nuestra retórica es vitalista: “jugarse la vida” o “morir en la cancha”, son caras de una misma fiebre que nos hace putear, llorar o hasta gritar. Algunos señalarán las similitudes con el fascismo, tanto o más vitalista que el fútbol. Reconozco que su similitud ha vuelto al deporte una potente arma de propaganda. Pero  a diferencia de esos desastres burocráticos, en el fútbol  no deseamos o buscamos la muerte; ella es el opuesto de nuestra felicidad, porque nuestros héroes son más sencillos y humanos. “Morir” es una palabra más, una con la que hacernos sentir más vivos. La muerte nos es ajena, o directamente, desconocida.

Una escena se me repetía mientras escribía: la de Vittorio Pozzo, DT de la selección italiana, dos veces campeón del mundo, y fortuito sobreviviente del accidente de Superga  por el azar de haber tomado otro  vuelo a último momento. ¿Qué habrá sentido cuando le pidieron identificar el cuerpo de esos jóvenes, muchos de los cuales formaban parte de su escuadra habitual? El tano era un hombre reservado, y  renunció al terminar de identificar todos los cuerpos. La llamó su “última acción oficial como DT”.

Así como su respuesta, la retórica de las tribunas tiene pocas palabras, pero las necesarias, y con ellas hablamos más sobre nosotros que sobre el mundo que habitamos: llanto, tragedia, y lo peor, olvido o desinterés.

Alguien preguntará  por qué hablar de estos accidentes y no de otros. Pocos piensan en la cantidad de vuelos, conexiones y cabotajes que deben realizar los jugadores para que esa noche, al prender la tele, estén los once muñecos en la cancha. El fútbol es un deporte que ya estaba preparado para la gran fiesta de multimedios que es el siglo XXI, y el único medio capaz de mover tal cantidad de recursos y personas en pocas horas son los aviones, que de manera similar a cómo los automóviles moldearon las ciudades, transformaron nuestras distancias.  ¿Y por qué no incluyo otras tragedias? Porque los accidentes aéreos son raros. Son el transporte “más seguro”, la promesa de una maquinaria que nos ocultan de la vista. Su número no será elevado, pero tiene todos los condimentos: dramáticos, voluminosos y siempre desproporcionados. Su rareza nos hace olvidar  la de los automóviles, mas comunes y cotidianos. Y si agregamos la necesaria presencia de un grupo de jugadores, nos resultan aún más atractivos y dolientes.

La mayoría de ellos sucede lejos de casa, a la distancia, lo que agrega una cuota de desesperación para las familias y seguidores.El Manchester United perdió la mitad de su plantilla en la fría Múnich durante una de las primeras ediciones de la Champions. De allí, se fue de la desesperación al desinterés: al no ser total la perdida, la federación inglesa mostró su empatía obligando al Manchester  a cumplir con sus compromisos con jugadores de reserva. Durante el partido se repartió  el programa de la alineación totalmente en blanco, sin ningún jugador del Manchester escrito en él.

En otros la distancia es la propia geografía, otra ilusión que nos trajeron los aviones. En 1961, los jugadores del Green Cross de Chile desaparecieron en una montaña a más de tres mil metros de altura. Un pequeño salto para cualquier avión comercial;  toda una travesía para los equipos de rescate. Los restos de siete jugadores no pudieron recuperarse, y las autoridades no registraron con exactitud la ubicación del avión. Ante tal error, celebraron un funeral simbólico sin quelas familias supieran que velaban cajones llenos de ceniza y tierra. Casi tan dramático como lo ocurrido con Alianza Lima, esta vez con el océano, al que tuvieron que aguantar en su capricho durante una semana entera mientras devolvía los restos a la costa.

Y como en las familias y los negocios, las tragedias muestran lo peor de cada sociedad. El caso de Strongest es la imagen de la Bolivia del siglo XX: el avión cayó en las cercanías de una comunidad minera durante un golpe de estado.

Y hay algunas que tuvieron peor suerte. Las olvidadas, como la de la selección olímpica de Dinamarca, o la del FC Pajtakor Tashkent, posiblemente la más espectacular de todas: una colisión de  dos aviones que costó ciento setenta y ocho vidas. En otras, incluso la geografía vuelve a jugar en contra. Los “Colourful Eleven” de Surinam, tan olvidada como su propio país, que muchos confundirán con África; pero no, es un hermano latinoamericano.

Podría seguir hablando de ellas por horas y páginas enteras. Cada una de ellas evoca algo en mí, tanto únicas como similares. La historia se encarga de llenarnos de distancia y borrar las diferencias. Creo que, con el tiempo suficiente, todo se erosiona en una anécdota o un chiste.

Con ellas aprendí un cachito más sobre el mundo. Pero tanto las heridas como lashistorias necesitan de un cierre.

Algunas no lo logran, y perviven como rumores o conspiraciones, como la de Alianza Lima, que desconfía de las versiones oficiales de una Perú narcoterrorista. Otras requirieron de tiempo, como la The Strongest, que se salvó de la quiebra por la ayuda financiera de Boca Juniors (una amistad que muchos explotan para su xenofobia). Por último, están esas historias como la de Zambia, un país de África sin salida al mar, igual o más pobre que sus vecinos costeros. En 1994, y a punto de lograr una histórica clasificación para su primer mundial los motores de la aeronave fallaron. Fallecieron sus treinta ocupantes, entre ellos su DT,Godfrey Chitalu, un héroe deportivo en su país que ostentaba el record de mayor cantidad de goles en una temporada de fútbol de cualquier país. Solo se salvó su capitán, Kalusha Bwalya, cuyo equipo europeo no le permitió viajar para disputar el partido. Suya fue la responsabilidad de armar un equipo lleno de deportistas amateurs y menores de veinte años, liderándolos en una hazaña silenciosa: quedaron a un punto de clasificar al mundial, y alcanzaron la final de la copa africana de ese año, perdiendo ante la potente Nigeria.

En 2012, el mismo año que Lionel Messi rompía el record de goles sostenido por Chitalu, Zambia se coronó campeona de África por primera vez en su historia. En lo que algunos cínicos llamarían ironía, la final se disputó en Libreville, a escasos kilómetros del sitio del accidente.

Me opongo a tanta soberbia: reconozco que las buenas historias son buenas por sí mismas, pero el fútbol es mucho más que noventa minutos donde veintidós nabos corren detrás de una pelota, en vez de buscarse una para cada uno.  Vale la pena explorar estas historias; no solo desde lo humano, sino desde el mito, la lenta sedimentación que transforma la historia. Para mí, Zambia se volvió más que un país y una fatalidad: se volvió retórica, más o tan real que la de los libros. El fútbol lesdio un final justo, una redención para tanto realismo. Posiblemente, el último lugar donde encontrarlo que se le juzgue de patético o simplón.

EN MEMORIA DE:

  • 1949: Tragedia de Superga, Torino FC (31 víctimas)
  • 1958:Desastre aéreo de Múnich, Manchester United (23 víctimas)
  • 1960: Accidente de Øresund, Selección Olímpica de Dinamarca (8 víctimas)
  • 1961: Tragedia de Green Cross, Club de Deportes Green Cross (24 víctimas)
  • 1969: Tragedia de Viloco, Club The Strongest (74 víctimas)
  • 1979: Colisión aérea en Dniprodzerzhynsk, FC Pajtakor Tashkent (178 víctimas)
  • 1987: Segunda tragedia del fútbol peruano, Club Alianza Lima (43 víctimas)
  • 1989: Vuelo 764 de Surinam Airways, Los Coloridos 11 (176 víctimas)
  • 1993: Desastre de Libreville, Selección de Fútbol de Zambia (30 víctimas)
  • 2016: Vuelo 2933 de LaMia, Asociación Chapecoence (71 víctimas)
  • 2019:Accidente del Piper PA-46 (2 víctimas, entre ellas Emiliano Sala)