Sin darte cuenta

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Estuve esperando la noche todo el día, sabía que cuando ella llegara te encontraría, brillante como la misma luz de la luna y estrellas que iluminan el firmamento. Sólo por la noche puedo verte altivo y resplandeciente,  tu presencia me ciega pero vuelve la luz a mi vida, es un misterio lo que provocas en mí. Me paso el día anhelándote, trato que transite de forma pasajera, “es sólo el día- me digo- la luz del sol, los pájaros que cantan, las personas que van y vienen” nada fuera de lo común; me acongoja tener que esperar hasta que oscurezca, entonces me quejo “oh sol maligno, claridad beligerante que no deja que pueda verte, contemplarte, disfrutarte”.

La noche llega y te puedo ver, vivaz, presuntuoso, arrogante. Sabes que estoy del otro lado de la calle, puedes verme pero escapas a mi mirada, me siento herida porque te rehúsas a prestarme atención. Podrías herirme y no puedo evitar sentirme atraída, y me acerco hipnotizada, estamos tan cerca.

Llevo días calculando la distancia que existe entre nosotros y sin que te dieras cuenta me he estado arrimando más y más hacia ti. Pude notar que siempre te encuentras en la misma habitación con tus brazos sobre el escritorio de madera antiguo que se apoya contra la ventada, lo único que en este momento me separa de ti. Estoy del otro lado, y tú no te percatas de ello, en cambio yo estoy observándote, admirándote y memorizando cada uno de tus rasgos. La ardiente luz que emana de tu cuerpo delgado cubierto de un color blanco que contrasta con tu perfecto rostro destellante, forma una combinación de colores exquisitos.

Cruce la ventana, estoy unos centímetros más cerca, siento que nada puede separarnos, solo quiero llegar a tus brazos. La emoción inunda mi cuerpo y siento que hace más calor al lado tuyo, estoy ardiendo. Detengo la marcha, estoy sin aliento, te observo más de cerca eres hermoso, danzas de forma dulce y sensual para mí, no puedo dejar de mirarte y debo lograr que adviertas mi presencia, voy a abrazarte y sellaremos nuestro amor.

Me apresuro a envolverte con mis alas y estas se cayeron de forma lenta, tu calor me envolvió de manera abrazadora, no lo pude evitar. Caí al frío escritorio de madera como un papel. Te vi desde abajo y seguías altivo, vivaz, danzante; no podía moverme pero de haberlo hecho hubiese repetido todo otra vez.

Nuestro amor estaba sellado, éramos uno, vos con tu llama amarilla rojiza y yo con mis desechas alas tornasoladas ya nada nos iba a separar. Te dejo mi último aliento y la convicción que no voy a ser la última mariposa a la que vas a enamorar.

Escrito por  çiçek para la  sección: