Efecto mariposa

  •  
  •  
  •  
  • 44
  •  
  •  
    44
    Shares

Las P.A.S.O. pasaron. El Frente Cambia Mendoza consolidó su candidato oficialista. Hasta ahí ninguna sorpresa, pese al ánimo optimista de la militancia “peronista” (ponele). Lo cierto es que no se logró la unidad y, fiel a la carnicería de puertas adentro, el justicialismo dirimió su interna en una guerrita cuidada de modos, pero guerrita al fin.

Es que cuando perdieron la provincia en 2015, no sólo que no estudiaron los resultados, sino que siguieron en la misma: patoteando el territorio. Se repitió el esquema en 2017 y tampoco se hizo autocrítica. Bueno, llegó el 2019 y el año empezó con el batacazo del gobernador pretendiendo limitar la elección indefinida de los caciques departamentales. Que sí, que no, que el Fiscal de Estado, que la Corte. Los intendentes justicialistas se salieron con la suya, desdoblaron elecciones y siguen en sus comunas, como si nada pasara. Pero pasó.

Pasó que ayer la “militancia peronista” dijo claramente en las urnas lo que los dirigentes no estaban queriendo entender por las buenas. Pasó que la renovación generacional es un hecho y que los peronistas que fueron a buscar a Perón a Ezeiza ya se murieron. Pasó que los que desde hace años bregan por un “peronismo ortodoxo”, un “peronismo federal”, un “peronismo moderado” se quedaron out.

Los nombres que aparecían ayer en la boleta azul, son los mismos archiconocidos de la bicicleta electoral, que van de cargo legislativo en tándem, con algún ejecutivo en el medio si es que no se cagan en las patas por medirse con la caripela propia. La mayoría alternan entre concejales, diputados y senadores, provinciales y nacionales, en un distrito electoral o en otro. Son los mismos y las mismas, esas que lograron meterse a fuerza de un cupo para presionar al más machista de los partidos políticos.

Anabel Fernández Sagasti tiene 35 años, es una millennial y la primera mujer en ostentar tamaño triunfo en una interna peronista, nada menos que para ser gobernadora de Mendoza. ¿Quién hubiera dicho hace ocho años, que la chiquita recién recibida que Cristina puso a dedo en la lista de legisladores nacionales, muy al pesar de varios dirigentes “históricos” locales, tuviera los ovarios más grandes que los testículos de los muchachos peronistas? Nadie. Es más, ni siquiera la llamaban por su nombre, se referían a ella como “la chiquita esa”. Bueno, la chiquita aprovechó el tiempo, se formó en la cámara alta y no dejó el barrio.

Después del revuelo que quedó en 2015, la mayoría se aferró a su quintita. Los que volvían de los cargos como funcionarios provinciales, a sus departamentos, llegaban pateando puertas, exigiendo espacios, sosteniendo la politiquería de café. ¿Cómo iban a permitir que el gobernador les fuera a patear también el café? Nooo, pará, la casa de gobierno puede ser, pero en la muni no se mete nadie.

Pero el gobernador sabe de patear el avispero y al quilombo de gente que volvía a los departamentos, le sumó el temita del corte a la reelección indefinida. El Pulga no entró en esa, eligió sucesor y empezó tranquilo. Al gobernador no le estaba saliendo bien la jugada de voltear a su principal oponente y entonces hizo el remate. Tuvo con el cacique maipucino una conversación más o menos en estos términos (cara a cara, dicen):

—Escuchame, Pulga, ya bajé un cambio con el tema de la reelección, que decida la Corte tranquila… Me alegro que puedas presentarte otra vez como intendente, vos que no desdoblaste.

—Pero Alfredo, ¿vos me estás jodiendo? Yo me bajé de la intendencia…

—Bueno, pero eso se puede arreglar… Vos en Maipú ganás caminando, ¿para qué te vas a complicar la vida?

Resulta que de esa conversación, el Pulga leyó que el gobernador no lo quería compitiendo por el sillón de San Martín, cuando en realidad lo que el tipo quería era emparrillarlo con la “chiquita esa”. Ahora Anabel tiene nombre propio, se impuso como la dirigente política mejor capitalizada de esta elección y, ayuda cristinista mediante, se quedó con la interna.

Vaya uno a saber qué fue lo que realmente hablaron Cornejo y Fernández Sagasti cuando ella estuvo en el despacho del cuarto piso de la casa de gobierno. Lo cierto es que ayer los dos ganaron.

Los números por ahora no le dan para que en Mendoza un huracán por primera vez tenga nombre de mujer… Pero como todo puede pasar, en la última semana previa a las generales, los FF se toman el avión a Mendoza con el otro “chiquito”, el Axel ese… y quién dice que hasta el Maxi viene, y el veranito electoral hace eclosionar todos los huevos de lepidóptero. Eso sí, habrá que ver si los heridos aprietan los dientes y en Agosto votan a la mujer que los encabeza o si transan con los moderados radicales para llevar a Cornejo a la vicepresidencia y seguir rosqueando en el Congreso cuatro años más.

La teoría del caos. El aleteo que produce un huracán. La tormenta perfecta, esa capaz de ganarle a Cambiemos y, en el mismo acto, rematar al “peronismo de Perón” con todos sus moderados y correctos dirigentes sesentosos, al cantito de “Vamos a volver”.