Normalidad

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Martes. Yo se que de a poco se acerca el viernes. No pasa nada. Nada debe pasar, pero pasará.

Voy a la facultad. Hoy toca un tema muy pesado, ya estando en cuarto año de medicina sentís que te estás a unos metros de llegar al título. Pero cuesta. Preparo mates, salgo al recreo, me fumo un faso. Normal. Todo normal.

Miércoles. Hoy toca rendir un parcial para el que he estudiado tanto, que dejé de hacer guardias en la clínica por un mes. Por un mes nomas. Igual casi todo es rutinario, si tengo suerte una que otra vez viene alguno con apendicitis y tengo que llamar a Pachi, la cirujana y ella reúne al equipo de cirugía. Me deja ser su ayudante. Y después en su casa le saco la ropa. Hay que desestresarse.

Jueves. Cada vez me acerco más a lo qué pasa todos los viernes. Yo lo sé. Hoy no tengo facultad, cierro los ojos y busco los apuntes. Hay que regularizar el semestre. Hay que seguir adelante.

Viernes en la mañana. Suena el despertador, pongo algo de Charly para empezar de buen humor y me visto para ir a la facultad. Hoy me toman el último examen en la facultad, hay que cerrar bien el semestre, no puedo ni quiero recursar, debo dar lo mejor de mí. Debo darlo.

Cuando salgo de rendir me prendo un faso, el resultado me permite tomarme el fin de semana libre. Pero hay algo que tengo que hacer en la casa, y de hoy no va a pasar. Hoy viene Flavia.

Hace mucho que lo vengo pensando. Que me vengo imaginando lo que debo hacer frente a Flavia. No sé. Ya tomé la decisión. Ya la tomé.

Almuerzo unas milanesas frías que quedaron en la heladera de anoche y, puntual como siempre, a las tres de la tarde toca el timbre del departamento.

Deja la moto en la puerta, deja el casco en mi sillón. Y se va a hacer lo que hace siempre una vez por semana, a limpiar.

Cuando siento que sube la escaleras para limpiar el baño la llamo. Yo estoy en la habitación. Ella viene y no lo sabe. Y no sé si pasaron cinco minutos entre que le clavé la navaja, cayó al piso y se desangró. Ni un quejido de dolor, mejor. Así me gusta.

Sábado. Pachi me manda un mensaje que si quiero asistirle en una extracción de cálculos a una señora mayor, programada para el lunes en la tarde. Le digo que sí. A ella siempre le digo que sí.

Domingo. Sigo estudiando y por suerte pude terminar de sacar la sangre de Flavia del piso. El agua oxigenada en ese sentido es excelente. Me he ahorrado mucho en quitamanchas. Guardé un poco de la carne en la heladera, pero si hoy no la hago milanesas y la congelo, ya para mañana se va a poner fea. Ahhh la carne. Hacen meses que no comía carne, pero los viejos hábitos y gustos vuelven de vez en cuando.

Lunes. La operación se complicó porque a la vieja en medio de la cirugía se le ocurrió hacer un paro respiratorio. Por suerte Ale la pudo sacar, entramos juntos a la facultad y él se recibió antes. Malparido. Lo odio en ese sentido. Yo tengo que terminar este año de cursado y sacar todo. Pero Ale es un genio.

Martes. Invité a Pachi a mi casa, hice carne con verduras al horno, y de postre hicimos el amor. Su carne se disfruta mejor viva, pienso para mis adentros y río. Con su lengua me da los mejores orgasmos de mi vida. Vivo conforme. Su sexo es todo lo que está bien en la vida.

Jueves en la mañana. Con los huesos hice lo que hago siempre. Después de despostarlos bien, los junto en una bolsa y los tiro en el mismo basural de siempre. Siempre pienso que fue una buena casualidad de la vida tener a mi viejo que fuese carnicero y me enseñase algo del oficio, aunque me esté por recibir de médica. Ya de Flavia no queda nada. Su piel se la comieron los perros que tengo de guardianes en la finca. Saben que una vez por semana les llevo comida rica.

Viernes. En la facultad me entregaron los resultados y, para mi fortuna pude regularizar todo. ¡Uff! ¡¡Cuanto me ha costado!! Lo que amo la medicina es igualmente proporcional a lo que amo matar. El ying y el yang. Salvar la vida y en el otro extremo. Justo en el momento de seguir filosofando me tocan el timbre. Hoy es viernes. Miro por la ventana y es Gabriel. El plomero que, por cosas de la vida en vez de venir el jueves vino hoy. Mala elección de día. Lo hago pasar, y mientras que está intentando destapar la cañería del baño, amable pero con fuerza le golpeo la cabeza con el bate de madera que tengo en al lado de mi cama, cae desmayado y con el cuchillo de cocina más largo que tengo me abro la yugular. Todo tranquilo. Como debe ser.

Sábado. Le llamo a Pachi y la invito a comer un asado. “Hay carne de primera” le digo, ella disfruta mucho mis asados. Me dice que sí, que acaba de entrar a una guardia y que no puede seguir hablando. Cierro los ojos. Empiezo a despostar y tocan la puerta. Hoy no es viernes. Vuelvo a ser yo.

Miro por la mirilla y me doy cuenta. Son ellos. Pero no les voy a dar el gusto. Mientras que empiezan a tocar más fuerte la puerta y después de gritar “ya va” agarro el cuchillo. Libre. Siempre seré libre.

Domingo. Lunes. Sale en un diario nacional el titular…

“ENCUENTRAN MUERTA A LA CANIBAL DE LOS VIERNES.

La asesina acababa de matar a su última víctima cuando la Policía irrumpió en su casa, al lograr abrir la puerta la encontraron recién degollada en un charco de sangre. La heladera de su casa estaba repleta de carne, y sus perros jugaban con huesos que resultaron ser humanos”