No se asuste: Nazis en Mendoza

  •  
  •  
  •  
  • 52
  •  
  •  
    52
    Shares

“You need good beef…Argentina has great beef: beef, and Nazis”. (trad. Necesitas buena carne…Argentina tiene muy buena carne; carne y nazis.”
While You Were Sleepin (1995), dirigida por Jon Turteltaub

En 1990, el abogado Mike Godwin propuso que a medida que una discusión en internet se alarga, la probabilidad de que aparezca una comparación en la que se mencione a Hitler o a los nazis aumenta considerablemente. Su idea, ahora llamada “Ley de Godwin”, se considera en internet  un límite para cualquier discusión. Un llamado a abandonar la conversación ante la decisión de la otra parte de recurrir a falacias y reducciones.

A nadie le gustan los tramposos, pero a más de uno le fascinan los nazis; a algunos más, y a otros (por desgracia) demasiado. Nadie puede negar su influencia histórica, menos aún su impacto cultural. Adolfito y su banda son la síntesis perfecta de nacionalismo desmedido; de revanchismo histórico; de xenofobia, homofobia y cuanto odio se nos ocurra escribir; de intervencionismo estatal, o amiguismo estatal, o capitalismo corporativo; de estado fallido, o desmedido; de milagros económicos y pesadillas interminables llenas de fábricas, ejércitos valientes, automóviles baratos y genocidios eficientes.  Pero por encima de todo, ellos son una cosa: son los malos. Un uniforme de Hugo Boss y unas estrofas de Wagner hacen todo el trabajo. Hollywood lo sabe, y son su bolsa de golpes predilecta. Reconozco que en la guerra el barro salpica para todos lados, pero tampoco pondré mucho esfuerzo en contextualizarlos. No voy a complicarla mucho:

Los nazis fueron, son y serán malos, malísimos. Punto.

El problema es que no existe la mala publicidad. En un mundo acostumbrado a los cementerios, un régimen de apenas diez años es la protagonista de un sinfín de libros, series, películas y videojuegos. Los villanos seducen, tienen encanto, y según quien lo busque, la verdad del mundo o la bilis de un loco. Enormes sombras con las que jugar un rato. Muchos en su adolescencia aprendieron un chiste facho con Hitler como protagonista; llenó de esvásticas los cuadernos o levanto el brazo sin la intención de parar un taxi. En las ciencias sociales existe una palabra para todo, y también hay una para este tipo de cosas: lo llaman nazi chic, el usar el estilo, las imágenes y la parafernalia nazi para romper el tabú, hacerse el atrevido y adulto. Tarde o temprano uno crece, consigue un trabajo, contrata un buen servicio de Tv paga y entretiene sus sábados con los documentales History Channel.

No niego su encanto y razones, pero lo atribuyo más a la mejor campaña de imagen pública de la historia. Sino miren a sus equivalentes: no hay nada más pacato y desabrido que la estética de la España franquista. Prefiero pensar en otros motivos. Primero, en la seguridad que nos brinda la distancia, y a su vez, conjugada con una incómoda cercanía.

Mejor que sean dos: la primera de estas cercanías es la más obvia. Hitler habrá muerto antes de Internet pero llegó con lo justo para que lo grabáramos desde todos los ángulos. Aún hoy hay cientos de sobrevivientes y protagonistas con vida. La otra, la que nos atañe a todos de alguna manera, es la geográfica o espacial.Digamos que la inmigración no trajo solo a tus abuelos.Junto con varios orgullosos xenófobos de corte local, se realizó en nuestro país el mayor acto Nazi fuera de territorio alemán. Fue en el mismísimo Luna Park, con motivo de celebrar la anexión de Checoslovaquia.

A esta simpatía popular hay que sumarle las aspiraciones europeas de la cúpula de gobierno. La fórmula conocida: sangre española, cultura francesa y fuerzas de seguridad al mejor estilo prusiano. Spoiler, Prusia se muere y de ella nace Alemania. Un detalle no menor en un país donde los militares se la pasaron derribando gobiernos democráticos.

Y la cercanía no se agota en la simpatía. Todos saben que cuando una guerra se detiene son sus culpables los que continúan corriendo. Muchos escaparon a la Argentina, la única con suficiente espacio y progreso para emprender un cómodo anonimato. Como mínimo, entraron cien criminales de guerra: Priebke, Mengele, Eichmann, Pavelić, Skorzeny, Bormann.

Mendoza no fue ajena a este aluvión: tierra del sol, del vino y criminales de guerra, una tradición que continuamos con los casos de Monzer Al Kassar y Nebojsa Minic en los noventa. Y es que si Argentina es la periferia del mundo,  nuestra provincia es el jardín trasero de la periferia.

Los primeros en llegar fueron los sobrevivientes del acorazado alemán Graf Spee, producto de la única batalla de la Segunda Guerra Mundial en territorio americano, más precisamente en las costas del Rio de la Plata.  Tras la escaramuza con un buque inglés, las autoridades decidieron enviar a los marineros a distintas partes del país. Todos en calidad de “prisioneros”, aunque el régimen resultó bastante liviano. Mendoza recibió a casi cien. Muchos se quedaron tras la guerra, lo que dio lugar a leyendas urbanas sobre embajadores secretos y hoteles sin nombre, formando un ramal de ODESSA, la famosa organización encargada del escape de miembros de la SS. Dudo que esto sea cierto, pero no deja de ser una buena anécdota.

El siguiente fue Jan Olij, un boxeador holandés que durante la ocupación tuvo la idea de alistarse con las tropas enemigas. Sus técnicas de interrogación le valieron cierta fama, llegando a formar parte de las Waffen-SS. Si bien cuando escapó fue a parar a San Juan como asesor de la policía, mantuvo su pasión por el boxeo viva visitando Mendoza para pelear.Su nombre no figurará entre los más famosos, pero en Holanda el querido Jan es una celebridad: su padre y hermano fueron boxeadores y colaboracionistas por igual, llegando el primero a representar a Holanda en las primeras Olimpiadas. Otro dato de color es que al padre de Jan lo eliminó el argentino Arturo Rodríguez Jurad, que ganó la medalla de oro.

Luego tenemos a Heinz Brücher, el más famoso botánico y genetista del régimen. Podrá parecer aún menos importante que un boxeador, pero una “raza superior” también necesita de una buena alimentación. Después de robar semillas de los soviéticos en el frente oriental, Heinz aseguró estar a dos primaveras de obtener semillas genéticamente mejoradas. Toda una proeza que se vio truncada con tres millones de rusos marchando sobre Berlín. Luego de un tiempo en Tucumán, terminó en Mendoza, donde muchos dicen que continuó con sus investigaciones. Pero nunca lo sabremos, ya que apareció muerto en su finca de Ugarteche.¿Fue la Mossad? ¿O Cazadores de nazis?Algunos vecinos sugirieron que Brücher trabajaba en un virus contra las plantas de coca, y los del cartel lo mandaron a dormir. De todo menos un sencillo ladrón…

Mendocinos como la siesta: a la izquierda, Jan Olij; en el medio, al buque Admiral Graf Spee; y a la derecha, al bueno de Heinz Brücher

Para terminar, uno grande: el mismísimo jefe en persona. Y es que Hitler podría jactarse de ser la persona que ha vivido en más lugares y cementerios del mundo. De la Luna a la Antártida, de Sumatra a Chile, sin olvidarse de España, Colombia, Paraguay, Brasil, Uruguay. Nuestro país no se queda corto: Córdoba, Misiones, Bariloche, San Antonio del Oeste, o hasta la infame Villa Gesell que visitó Magneto en X-Men. Ninguno de los anteriores; Hitler vivió murió en nuestro suelo, y su tumba está en el cementerio de Palmira. Todo sucedió en 1987, cuando el mediático financista Max Gregorcic dijo buscar inversionistas para llevar a Europa y verificar unos cuadros que tenía en su poder. Todos pintados por Hitler después de 1945. Llegó a afirmar que se cortó el bigote y cambio su nombre por el de Martin Karl Hunger. Entre ambos había algunas coincidencias: eran alemanes, pintores, aficionados al violín y por sobre todo, vegetarianos. Demasiadas coincidencias, y hasta leí por ahí que un equipo de forenses de la ONU estaba por arribar a Mendoza; pero para sorpresa de nadie, todo resultó ser falso. En todo caso, la historia sirvió para darle tiempo a Max y escapar de sus acreedores a Chile. Hasta el día de hoy hay teóricos de la supervivencia de Adolfito que defienden esta teoría. Todo un estafador y adelantado a su tiempo.

¿Aún habrá nazis en Mendoza? Posiblemente; la mayoría ya están muertos y los que quedan son pocos, se visten mal y votan por Biondini. Mientras uno no pertenezca a una minoría lo dejan tranquilo y hasta intentan a invitar a un mitin. Pero las modas y los malos hábitos no mueren, y más allá del dato de color y el dramático título, creo que la lección más importante sobre la Ley de Godwin es a no descontextualizar sus crímenes. En la India hay varias películas románticas donde el protagonista se llama Hitler( y es hasta un nombre bastante común entre la gente); cafés en Tailandia adornados con esvásticas y cruces de hierro; en Alemania salen cada tanto unas remeras paródicas anunciando la gira europea de Adolfo y su banda (con todas las fechas de Rusia canceladas), y varios adolescentes ya se aburrieron de llenarlos de agujeros en los videojuegos.  No debemos reducirlos a una falacia o un chiste que tarde o temprano, nadie se toma en serio, lo que es la estrategia número uno del manual de los extremistas; sino miren a Europa y a los Estados Unidos. La historia nos ocupa a todos pero preocupa a muy pocos.