El Doctor Washington Morgan

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Everything is in your mind. A little fantasy here and there. Everything will be fine!
Jimmy Hendrix

No podía dejar de pensar de que era un mitómano. Lo miraba cuando hablaba, y todo en su lenguaje corporal me indicaba que eso era un hecho incierto. El doctor Washington Morgan hablaba sin parar, su discurso, sus gestos al hacerlo, su mirada cuando rememoraba eran hipnóticos.

Me había reunido con él después de buscarlo por largo tiempo. Antes de encontrarlo pensé que era una leyenda, un ser mitológico… Todos los conocían, pero nadie sabía en dónde o cómo hallarlo.

Hasta que en la terminal de ómnibus, de pura casualidad; como si el destino -en el cual no creo- nos hubiese deparado ese encuentro, lo hallé. Lo reconocí por una foto  antigua, el asombro que me causó localizarlo fue tal que estuve tartamudeando los primeros cinco minutos de nuestra charla. Me dio su número de teléfono para un posterior encuentro.

Unos meses después éste al fin se pudo concretar.

Nos juntamos en un café del centro de Mendoza, él con una gran sonrisa de dientes amarillos por el tabaco debajo de su bigote en herradura, con el pelo  canoso que llevaba hasta los hombros. De una edad indefinida, enjuto y de baja estatura. A pesar de que eran las diez de la mañana se pidió una grappa que tomó de un sólo y ferviente trago.

Se secó la comisura de los labios con el dorso de su saco a cuadros.

Por mi parte quería saber si lo que contaban sobre él era cierto, intenté comenzar con mis preguntas para el reportaje que le estaba haciendo, pero me interrumpió y comenzó a hablar. al tiempo que se encendía un cigarrillo (a pesar de los carteles que señalaban la prohibición de fumar).

-Corría el año 1967, para ser más exactos era el 16 de junio de 1967, me encontraba en Monterrey, en California, caminaba por el lugar y me entero de que hay un festival de Rock… Llegué al lugar y como era obvio la gente de seguridad me conocía, así que pasé directamente a los camarines, en dónde se encontraban los músicos… Entré al lugar disfrazado, no quería que me reconocieran y tener que firmar autógrafos… Entonces lo vi a Jimmy, estaba sentado en un amplificador…-

Al ver mi cara de estupefacción el Doctor Washington Morgan asintió y me dijo que sí, que era el mismísimo Jimmy Hendrix. Se encendió otro cigarrillo y continuó con su narración.

-Lo vi preocupado a Hendrix, me dijo que tenía que salir a tocar después de The Who y que tenía miedo de quedar opacado ante semejante banda…Los egos del músico… En fin, comprendí su dilema, me pidió un consejo…¿Qué debería hacer?. Le contesté que lo primero era evitar la angustia, que debía encarar el asunto con valentía  y sacarse todo lo malo al final de su show con algo que nunca nadie hizo… Jimmy me observó sin entender, entonces le pasé un botellita con bencina y unos fósforos… Me miró aun más confundido y le dije mi idea al oído, me miró como si estuviese loco, pero me dijo que por ser yo me iba a hacer caso… Cuando le cobré la consulta me dijo que no tenía plata y me pagó con un ácido, me lo tomé y me fui a ver el recital… Así fue como Jimmy Hendrix tuvo la idea de quemar su Fender… –

Yo no salía de mi asombro, por su parte el Doctor Washington Morgan apagó el cigarrillo y me dijo que tenía una cita con un paciente  –Otro músico famoso- deslizo mientras dejaba plata para pagar su grappa y mi té con tortitas.

Antes de irse se detuvo, como si olvidase algo. Sacó del bolsillo de su saco  una cuerda de guitarra eléctrica chamuscada y la dejó encima de la mesita del bar.

-Tomá, esta cuerda me la regaló Hendrix, dejátela vos…Ya tengo muchos recuerdos…- Dijo con su sonrisa de dientes amarillos.

El Doctor Washington Morgan se fue, no sin antes prometerme que nos volveríamos a ver.

Yo no sé si creerle o no, pero por las dudas conservo la cuerda de guitarra que me regaló.