El Humanero | Tercera parte

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Nada es más útil en la guerra que saber ver la ocasión y aprovecharla.
Maquiavelo

I

Ganímides, una de las lunas de Júpiter, es un lugar hermoso. Lleno de vida que soporta las condiciones del entorno. También posee el mar más grande de agua salada del sistema solar y eso era algo que sabían los Grises.

En ese satélite la Federación de los Mundos tenía uno de los Espacio-Puerto más importantes de esta zona del Universo Conocido. Siempre estaba funcionando plenamente para viajes cortos y para saltos espacios temporales para poder acceder a lugares a años luz de distancia. Era un sitio estratégico que podía decidir el futuro de la contienda.

La Federación de los Mundos, como primera medida, había desplegado un cinturón defensivo alrededor de la órbita de Júpiter; no sabían en dónde iban a atacar los Grises.

Los Grises todavía no se hacían ver, no habían indicios de su presencia; todo eran meras especulaciones, pero había que tomar los recaudos necesarios. Todos los sistemas estaban dedicados a intentar detectar cualquier clase de nave de los Grises, pero no tuvieron en cuenta al cometa  Hale-Bopp, que estaba ingresando al Sistema Solar.

II

Jeremías Aleo tuvo un ataque de pánico que le duró casi un día entero, no dejaba de llorar, de sentir cómo colapsaba. Por su parte, Carolina supo que de alguna manera estaban conectados. Ella dejó de ver como su amo a Hoper, que yacía muerto, y se puso a disposición del recién llegado.

Luego de unas horas Jeremías volvió en sí. El sentido de supervivencia lo obligó a intentar buscar alguna solución al problema en que se hallaba.

Comprobó que Hoper estaba muerto, tocándolo con la punta de su zapatilla un par de veces, temió  alguna clase de represalia de algún congénere.

Estaba en una nave espacial orbitando a la Tierra.

Jeremías Aleo escudriñó al ser que estaba un poco más allá, como esperando algo. Entonces, para su sorpresa y estupor, descubrió que era un ser humano, una mujer. Conjeturó que era una prisionera, como él. Intentó comunicarse, pero ella sólo pudo dar unos gruñidos entrecortados, tantos años de incomunicación le habían atrofiado el habla. Jeremías buscó en su mochila y sacó de ella un chocolate y se lo ofreció.

Carolina dejó escapar un grito de placer. El sabor le llenó las papilas gustativas; una especie de paroxismo la invadió y se largó a reír. Reía de felicidad. El gusto del chocolate le trajo recuerdos, sensaciones ya vividas. Carolina recordó una ocasión en que una mujer le dio algo parecido, en el costado de una calle muy transitada. Evocó las estampitas, las mañanas frías, las hormigas que eran sus súbditas… Una palabra que lo definía todo comenzó a gestarse en su interior. Carolina balbuceó algo ininteligible, con esfuerzo trató de modular. Como si fuese una revelación suprema, articuló el concepto: Mamá, dijo y lo repitió varias veces, cada vez que lo hacía se afirmaban más y más las imágenes de su niñez.

Entonces, a modo de revancha, pateó al cuerpo inerte de Hoper, de alguna manera supo que él era el hacedor de la separación.

III

El cinturón de defensa de Ganímides estaba conformado por varias estaciones de combate que ls orbitaban. Los integrantes de este módulo de defensa estaban alertas a cualquier anomalía que pudiera surgir, sabedores de que los Grises podían usar cualquier estratagema. No habían dejado nada al azar, pero no tuvieron en cuenta el poder tecnológico de su enemigo.

El cometa Hale-Bopp cambió su órbita intempestivamente, gracias a la intervención de los Grises. Tomó rumbo hacía Ganímides.

Por más que las defensas intentaron repelerlo no hubo caso. El cometa cayó como un bólido en el mar de Ganímedes. Formó un megatsunami que arrasó todo a su paso. Una ola, de más de cinco kilómetros de altura avanzó a una velocidad de dos mil  kilómetros por hora e hizo añicos la base principal de la Federación de los Mundos.

El último bastión de la Federación de los Mundos en el Sistema Solar había caído, el ataque de los Grises había comenzado con una contundente victoria

IV

El conflicto alcanzaba a todo el Universo Conocido, el avance de los Grises era arrollador. No tenían quién les hiciera frente. La Federación de los Mundos impuso una serie de normas, en vistas de la peligrosidad de la situación, entre ellas la de levantar  la veda del consumo de humanos para generar combustible para su uso bélico.

Un grupo de naves espaciales iban rumbo a la Tierra. Pertenecían a cazadores que pretendían hacer una diferencia económica con el levantamiento de la prohibición. Disimulados entre ellos iban Los Salvadores, un grupo interracial que se dedicaba al cuidado de los seres involucionados del Universo Conocido, combatiendo el maltrato y la caza de éstos.

Kandinki era el líder de los Salvadores, provenía de los confines del Universo Conocido. Kandinki vio de chico el abuso hacia los seres menos pensantes. Entonces decidió dedicarse con todas sus fuerzas al rescate de los débiles.

Los Salvadores tenían claro de que no tenían posibilidades de salvar a toda la población de la Tierra, pero si a los suficientes y llevarlos a algún lugar idóneo, para que pudiesen comenzar de nuevo y lograr ser una civilización más avanzada.

Algo llamó la atención de Kandinki, era una nave que iba al garete por la órbita de la Tierra; tuvo una sensación, un llamado a acercarse.

V

Jeremías Aleo no sabía qué hacer, no tenía la más mínima idea de cómo usar los controles de la nave para volver a la Tierra, no podía comunicarse con la mujer, que sólo repetía sin cesar la palabra mamá una y otra vez.

Un fuerte golpe en la estructura de la nave la hizo temblar. Una compuerta se abrió y entró un ser enorme, de facciones humanas pero con los rasgos alargados.

Jeremías Aleo se sintió tranquilo al ver como el recién llegado le sonreía.

Kandinki se preguntó cómo habían llegado a esa nave los dos humanos, luego vio el cadáver de Hoper y conjeturó una respuesta.

Jeremías Aleo y Carolina fueron llevados a la nave de los Salvadores.

VI

En los cielos de todas las ciudades de la Tierra comenzaron a verse naves espaciales. La humanidad en su totalidad estaba atónita.

Todo era un caos. Se iniciaron batallas entre humanos y extraterrestres, en las cuales los segundos salían vencedores.

La gente era abducida por millares, para ser usados como combustible. Los países perdieron gobernabilidad, algunos lanzaron misiles nucleares a tontas y locas, otros respondieron de la misma manera. Fue infructuoso, la radioactividad sólo afectaba a los humanos.

La matanza en el Humanero había comenzado.

Continuará…