Y…, ¿qué tal la pesca? | Tercera parte

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“Miró por sobre el mar y se dio cuenta cuan solo se encontraba.”
Miller Hemingway

***

Habían transcurrido tres horas desde que había salido el sol y el frio parecía no amainar; por el contrario, aumentaba con el paso de los minutos. Nuestros tres personajes se habían situado en el centro de la balsa buscando un poco de calor corporal.

El silencio, al igual que el frio, reinaban sobre el bote; y, es que, Mateo y Juan Carlos se sentían algo culpables y estaban llenos de miedo. Por otro lado, Julián había enlazado sus brazos sobre sus rodillas y había colocado el mentón sobre ellos. Una expresión nostalgia lo envolvía en una extrema depresión. No podía dejar de pensar en sus padres. Aún no los estaban buscando; pero, ¿qué pasaría cuando llegaran a la laguna y no los encontraran?, decidieran buscarlos en el fondo; y, qué pensarían cuando noencontraban ni siquiera un rastro de balsa. ¿Formarían parte de un a estadística más? O solo pasarían a ser parte de una leyenda local. Ya podíaimaginar la historia: Los chicos que nunca volvieron dela laguna prohibida, se dice que nunca aparecieron los cadáveres y que aún rondan por ahí.

“Cadáveres”, resaltó luego de concluir ese pensamiento, se dio cuenta de lo cerca que estaba de morir y del terrible miedo que le causaba la inconciencia de la muerte. Un leve ataque de pánico comenzó a gestarse en él, sin embargo, logró contenerlo, al menos de momento.

Después el único canino de la sonrisa del viejo vino a su mente. Pensó en diente y en la sonrisa del viejo. Sentía que el viejo se burlaba de ellos, que disfrutaba tener razón. Sin embargo, luego de recapacitar un poco se dio cuenta de que el viejo nunca tuvo malas intenciones, es más, les advirtió de corazón lo que podía pasar; pero, qué estaba pasando. Entraron en una laguna por la tarde y luego de del anochecer vino la luz, en ese instante se quedó dormido y cuando recobró la conciencia se dispuso a pescar, para luego darse cuenta, cuando amaneció, que estaban estáticos en lo que parecía ser un océano gigante y gélido, similar a una tundra.

Tenía muchísimo miedo, pero a la vez estaba enojado. Se preguntaba, además, cuántotiempo más estarían sus amigos sin hablar. Como si hubiese adivinado lo que iba a pasar Juan Carlos rompió el silencio y murmuró:

―¿Qué hacemos ahora?

―Lo mejor, para mí, es que comamos. Podemos limpiar unos tres pescados e intentar cocinarlos al sol. ―Julián observó su botín de la noche y un cierto rechazó se generó en torno a su estómago, no sabía por qué, pero la idea le pareció muy mala―. Después de todo ―continuó Mateo―, los pongas comen sushi, que es pescado crudo, si no queda bien cocido no pasa nada.

―Yo paso ―dijo Julián con un tono monótono y sin esforzarse por ser escuchado―. Sé que me va a caer mal.

―Juli, no ganas nada con no comer.

―Y, ¿qué tiene? ―respondió obviamente enojado.

―Necesitamos pensar en cómo salir de acá y si no comes no vas a ser muy útil que digamos.

Julián solo sonrió de costado, no podía creer el cinismo que Juan Carlos estaba demostrando.

―Si le hubiéramos hecho caso al viejo no estaríamos acá ―refutó mal humorado.

―Ya sabía que ibas a salir con eso, y tenés toda la razón del mundo; pero ahora estamos en un lugar que no conocemos y que no sabemos llegamos. Lo único que podemos deducir es que en la noche algo nos trajo desde la laguna hasta acá. Quizás si esperamos toda la noche volvamos a la laguna ―concluyó Juan Carlos.

―¿Ese es tu plan? ―preguntó irónicamente Julián.

―Es mejor que nada. ―Mateo salió en defensa de su amigo―. Voy a preparar tres pescados, si querés come, sino tíralos al agua, me da lo mismo.

Los tres guardaron silencio. Juan Carlos se dispuso a ayudar a Mateo mientras que Julián los observaba. La actividad duró aproximadamente tres horas y esto les ayudó a pasar el tiempo. Una vez terminada la labor, el sol se instaló justo sobre ellos yJuan Carlos le extendió la porción que le tocaba a Julián, este la tomó sin muchos ánimos, pero en realidad tenía mucha hambre. Hacia más o menos doce horas que no probaba bocado.

Cuando empezaron a comer, el sabor no le pareció particularmente extraño, sin embargo, unos cuantos segundosdespués el sabor a podredumbre inundó sus gargantas e intentar engullir ese alimento se les hizo imposible.

CuandoMateo inspeccionó con detenimiento las piezas de pescado se percató d que estas estaban podridas.

―¿Cómo es posible que se hayan podrido tan rápido? ―preguntó Juan Carlosconfundido.

―Tirémoslos ahora, lo que los moví empezó a salir mal olor. ―Efectivamente, lo que dijo Mateo era verdad, el hedor desprendido por los pescados era insoportable e igual al del anciano que le advirtió que no entraran en la laguna: una mezcolanza de sangre coagulada y transpiración.

Los tres muchachos trabajaron arduamente haciendo uso de sus reservas energéticas. Para cuando terminaron, se encontraban exhaustos y no se podían mover, pero el esfuerzo había valido la pena. La fragancia persistía, sin embargo, no era tan notoria como cuando empezaron.

Una vez que se recostaron, percibieron que una ola azotó el costado de la balsa, no le dieron mucha importancia; pero luego llegó otra, otra y otra. Los muchachos se levantaron con la esperanza de encontrar tierra u otro barco que los auxiliara, sin embargo, sus esperanzas fallecieron rápidamente al percatarse de que lo que creaba las olas eran unos peces enormes y deforme que se alimentaban con los que ellos habían tirado por la borda.

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