El maltrato a Inchuaxe y el estigma de Estepe

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Lo bello de una mujer y de una flor bella… queda plasmado en tus ojos; si están abiertos… no dejas de observar; si están cerrados… no puedes olvidar.
Quien escribe.

Miles de historias verídicas no han sido contadas y una gran cantidad de hechos reales permanecen ocultos a los ojos del lector. Algunas de ellas, narran el sufrimiento de las mujeres a lo largo del tiempo y en cualquier época que se escudriñe o investigue, sin distinción de culturas o religión. La región de Cuyo no fue la excepción y, la ciudad de Mendoza, fue cómplice de ambas situaciones en el mismo momento de su concepción.

Los archivos judiciales de mediados del Siglo 16 nos revelan las historias de dos damas cuyanas, huarpes ellas, que convivieron en el mismo tiempo y residieron en el mismo lugar; la una maltratada y la otra estigmatizada, la una Inchuaxe y la otra Estepe.

Entre los años 1535 a 1547 en el valle de Huantata, Estepe formaliza una relación sentimental con el cacique Pilectay y, como fruto de esa unión, nace un niño al que llaman Goaymaye. En una transacción comercial y a cambio de un guanaco, Pilectay le compra las tierras de Anancat al cacique Goazap (1), las que estaban comprendidas en el polígono conformado por las calles: Pedro Molina, Allayme, Capilla de Nieve y Avellaneda, al norte del distrito Belgrano y al sur de El Bermejo en Guaymallén.

Con la muerte de Pilectay, Goaymaye hereda las tierras y el cacicazgo de su padre, pero al ser tan numerosa su tribu y las tierras de Anancat no serles suficientes para albergarlos, comienzan a habitar en la zona contigua llamada Peypolota (1), al sur de calle Pedro Molina; extendiéndose a los distritos de: Belgrano Sur, Nueva Ciudad y Las Cañas en Guaymallén.

En el mismo período, en la zona de Loclatuyta en las lagunas de Huanacache (Lavalle), Peltagay era cacique del lugar y a raíz de su muerte, lo sucede en el cacicazgo Tonuta. Uchuquimi pertenecía a su tribu, y un buen día decide viajar al valle de Huantata para desposarse con Inchuaxe (2), la que residía en la zona de Taitanguen, ubicada al nordeste de calle Capilla de Nieve, en lo que hoy son los distritos de: El Bermejo y El Sauce en Guaymallén.

Conformada la nueva pareja, se quedan a vivir en la tribu del cacique Gues y engendran un hijo al que llaman Ayguil; el que nacería bajo el cacicazgo de Tintila, antecesor del cacique Yacanin.

Pasado un tiempo, Francisco de Villagra y su expedición, entre los que se encontraba Elena Gómez (3), primera mujer blanca en pisar suelo cuyano, y luego de una travesía que arrancó en Perú y a lo largo de su trayecto recorrieron: Jujuy, Salta, Tucumán, Santiago del Estero, Córdoba, La Rioja y San Juan (valle de Caria), arribaron al valle de Ayo (Cuyo) a principios del año 1551.

Una vez aquí y para hacerse del control de la región, se enfrentaron a un grupo de aborígenes liderados por Uchuquimi (2), el que fue abatido en combate y los huarpes sometidos a discreción. Luego de la contienda, los colonizadores emprenderían el regreso a Chile para dar aviso de los descubrimientos realizados en la zona al gobernador Pedro de Valdivia, llegando a destino en setiembre de ese mismo año.

Ayguil de cuatro años y su madre Inchuaxe (2), partieron al valle de Huanacache para cumplir con una antigua tradición huarpe, por la que la dama debía desposarse con Achagua, hermano del fallecido Uchuquimi. A raíz del maltrato del nuevo esposo, Inchuaxe decide escapar y volver junto a su hermano Yumututum. No contento con ello y ejerciendo su derecho, Achagua va en su búsqueda y la lleva de regreso a Loclatuyta. Ante esta situación y en defensa de su hermana y su sobrino, Yumututum y un grupo de aborígenes, van al rescate de ambos y los traen de regreso a Taitanguen.

A fines del año 1552 el gobernador Valdivia se hace del control de la región de Cuyo y, a partir de una merced real, distribuye las encomiendas de aborígenes de los valles de: Mahuelturata (Uspallata), Huantata y Huanacache, entre los vecinos: Juan de Cuevas, Rodrigo de Araya y otros importantes funcionarios del cabildo de Santiago de Chile; los que hacían cruzar a los huarpes a través de la Gran Cordillera Nevada (hoy Los Andes) y hacerlos trabajar en sus viñedos en el valle de Aconcagua, según declararía Juan de Carmona tiempo después.

A mediados del año1560 un grupo de aborígenes cuyanos llegan a Santiago de Chile y solicitan una entrevista con el gobernador García Hurtado de Mendoza, siendo testigos: Esteban Rojas y García de León. En ella, le aseguran que en la zona hay una gran cantidad de metales preciosos; a su vez y, pensando que es un buen gobernante, le piden que envíe españoles a poblar sus tierras, ya que estaban cansados de servir a Cuevas y Araya, y de ver diezmada su población al cruzar la cordillera.

Suponiendo que hay oro y plata en la región, y confirmando que sus habitantes son dóciles y una fuente inagotable de mano de obra renovable y gratuita, García Hurtado se decide y organiza una expedición al mando de Pedro de Meza, pero éste se rehúsa aduciendo problemas de salud; por lo que nombra al capitán Pedro del Castillo en su lugar.

En diciembre y certificada por el escribano Pedro de Salcedo, Francisco Figueroa pregona la provisión real de poblamiento de la región cuyana en la Plaza Mayor de Santiago de Chile, a pesar de los requerimientos e intimaciones hechas por Diego García de Cáceres en connivencia con las autoridades del cabildo de la ciudad, en defensa de Cuevas y Araya.

En febrero del año 1561, Castillo y su contingente, entre los que se encontraba Marina Gallego (4), primera mujer blanca en residir en estas tierras, llegaron a Cuyo y tomaron posesión de ella el día 22.

A pedido del cacique Goaymaye se instalaron en Peypolota (1), que incluía también a la zona de Anancat; pero se encontraron con el inconveniente que las tierras no les eran suficientes para las sembraderas que había proyectado el alcalde Juan de Villegas, por lo que optaron por extenderse hasta Taitanguen, que pertenecía a los caciques Esteme y Coyo.

Castillo se pone de acuerdo con el primer cacique y consigue una parte de las tierras, y por intermedio de Estepe y a cambio de una oveja, le compra a Coyo la otra parte de Taitanguen (1), las que serían distribuidas entre los integrantes de la expedición para huerta y viña; quedando signada la dama como una de las culpables de ese primer asentamiento español.

En los días posteriores, Castillo y sus hombres, cursan “cordiales” invitaciones para la ceremonia de fundación a los caciques cuyanos -con la biblia en la diestra (5) y el látigo en la siniestra (6)- en un radio cercano a

los 200 km en torno al casco urbano; el que ya existía en los papeles y con algunas estacas delimitando las cuadras y los solares en las tierras del cacique Tabalque, más un pucará (fuerte o fortaleza cercano a la hoy Plazoleta del Avión, 7) en donde pernoctarían los recién llegados.

Y sería en ese lugar, con Bartolomé Flores haciendo las veces de traductor y teniendo a San Pedro por su santa advocación, en donde se fundaría la ciudad de Mendoza el 2 de marzo de 1561; cambiando para siempre el nombre del valle de Huantata por el de “nuevo valle de Rioja”, y siendo testigos de aquel acto: la maltratada Inchuaxe y la estigmatizada Estepe.

Bibliografía

1) Archivo Nacional de Chile. Fondo Real Audiencia: Volumen N° 1892. Pieza N° 7. Folios 16 al 22.
2) Canals Frau, Salvador. Un interesante pleito entre encomenderos mendocinos del siglo XVI. Anales del Instituto de Etnología Americana (1945). Tomo VI. Página 1-167.
3) Medina, José Toribio. Colección de documentos inéditos para la historia de Chile. Tomo 29. Página 251.
4) Plano fundacional de Pedro del Castillo del año 1561.
5) Archivo General de la Provincia de Mendoza: Carpeta Colonial 13, Documento 12, Foja 29: “Francisco Correa de Saa, Vicario de Cuyo, presenta una petición el 28 de junio de 1738 y dice: conociendo la grave obligación que tengo por mi oficio de enseñar a la plebe y gente ordinaria, la doctrina cristiana… digo: que para poder cumplir con esta obligación… necesito del alivio de Vuestra Señoría, que con su autoridad y celo, mande a sus Alcaldes de la Santa Hermandad, que a todos los indios e indias que no están actualmente sirviendo a las Señoras (blancas, generalmente españolas), y asimismo a mestizos y mestizas, mulatos y mulatas, libres; los junten amenazandolos con el temor a las Justicias de Su Majestad (Jueces y Juzgados), para que comparezcan… en la Iglesia de San Agustín a oír mi misa… para que así juntos pueda yo darles algún gasto espiritual, y señalarles fiscales que en lo de adelante cuiden de que se junten a tan santa obra”.
6) Archivo General de la Provincia de Mendoza: Carpeta Colonial 16, Documento 4, Foja 5: “En la sesión del Cabildo de Mendoza del 17 de enero de 1778, se ordena que ninguna persona de cualquier estado que sea entre con cuchillo a la ciudad ni otra arma prohibida, bajo pena de cien azotes a los indios, mulatos, negros, mestizos o de inferior calidad; y a los españoles diez pesos de multa”.
7) Palacios, Ernesto (2018). Mendoza, La ciudad perdida. Capítulo 15. Páginas 329-342.

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