Y…, ¿qué tal la pesca? | Quinta parte

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“Se miraron perplejos, con amor y odio”
WillianGolding| 
El señor de las moscas”

***

La masa de agua ingresaba cada vez a más velocidad y los muchachos no terminaban de comprender que su vida pendía de un hilo. Si bien la criatura de los tentáculos se había sumergido en los más profundo y oscuro del abismo; el agua seguía siendo un peligro inminente y más preocupante que cualquier monstruosa criatura. Julián seguía sin reaccionar, observando estupefacto como sus dos amigos se reincorporaban. Hasta que, de pronto, un escalofrió subió por su pie y le generó la terrible y amarga sensación de estar perdiendo sangre. Tragó saliva y sintió como su cuerpo se debilitaba, a la vez que luces centellante aparecían en torno a sus pupilas. Se quedó sin energía, no podía hablar, sabía que en solo cuestión de segundos se desmayaría.

Mateo terminó de afirmarse en la balsa y de levantar a Juan Carlos cuando notó el estado de su amigo.

―Juan, está mierda se hunde, ¡¿qué hacemos?! ―gritó desesperado el más valiente de los tres.

Juan Carlos estudió durante unos segundos la situación, todo estaba perdido, más si esa cosa decía volver a atacarlos. Elevó su mirada sobre el horizonte, observando el paisaje con desesperanza y aceptando el cruento destino al que iban a sucumbir. Entonces, entre el impecable reflejo del sol destellante sobre el agua, logró vislumbrar lo que parecía ser un pequeño fragmento de tierra. Pensó levemente si se trataría un espejismo o si en realidad se trataba de una isla desierta en el medio de la nada.

―Mateo, ¿lo ves? ―preguntó señalando mientras que agua se acrecentaba cada vez más en el interior de la pequeña barca.

―Sí ―respondió eufórico―; pero,¿no está muy lejos?

―Es eso o ahogarnos acá.

Mateo no necesito más argumentos para entrar en acción. Tomó su cuchillo de caza, lo guardo entre el leve espacio existente entre su cinturón y su pantalón, y salió de la balsa. Al principio no podía creer lo que estaba experimentando. Prácticamente estaba parado sobre el agua, apenas sentía que se estuviese hundiendo, le lanzó una mirada sorprendida a su amigo y este lo acompañó, denotando la misma expresión de incertidumbre. Al ver que Julián no reaccionaba lo tomaron uno de cada brazo y lo bajaron.

A continuación, se vieron envueltos por el mismo mal que aquejaba a su amigo. Tanto Mateo, como Juan Carlos, sentían que sus fuerzas se desvanecían, era como si el agua les robara la vida y la sensación de estarse desangrando los envolviera.

Giraron en torno a la isla y comenzaron a caminar hacia ella lo más rápido posible. Cada paso que daban era peor que el anterior, además de que Julián apenas reaccionaba a lo que estaba sucediendo. Habían avanzado unos quinientos metros y sus fuerzas ya estaban reducidas a casi nada. Sin embargo, no les faltaba mucho, estaban a menos de un tercio de camino.

Avanzaron un poco más sintiendo que el agua, que ya le llegaba hasta el cuello, los oprimía, experimentando una sensación parecida a la de ser aplastado. El ruido se había extinguido completamente y ninguno podía hablar, solo Mateo mantenía un poco de vigor y era el único que aún tenía algo de conciencia en torno a lo que pasaba a su alrededor. Giró para ver el estado de sus amigos y se impactó al ver que Julián tenía la cara llena de vómitoy que sus ojos estaban completamente cerrados. La barbilla se arrastraba sobre la espesa agua y era evidente que en muy poco tiempo la cabeza del muchacho sucumbiría por completodebajo del agua. Juan Carlos se veía solo un poco mejor: si bien no había vomitado y elevaba su cabeza lo más que podía, el color de su piel era extremadamente blanco. Era como si una sanguijuela gigante le hubiese absorbido toda la sangre.

Mateo sabía muy bien que su estado también debía ser deplorable, pero no podía rendirse, faltaba muy poco y aún tenía esperanzas. Sin embargo, estas se redujeron rápidamente cuando vio que, detrás de sus amigos, miles de tentáculos emergieron furiosos del agua y se hicieron con la balsa que los mantuvo a flote durante toda la noche y el posterior día.

La criatura los estaba buscando, aparentemente, todavía tenía hambre o simplemente quería vengarse. Avanzaron un poco más y la isla ya estaba muy cerca. El corazón de Mateo se regocijó cuando sintió tierra firma debajo de su pie. Entonces, en ese momento, volvió a voltear y se llenó de miedo cuando se percató de que a criatura venia nadando a toda velocidad.

Llevaba a cada amigo de una mano haciendo su máximo esfuerzo. Cerró los ojos y le suplicó a Dios que le ayudara por última vez para poder salvar a sus compañeros, ya que se sentía en parte culpable por haberlosmetidoen esa situación. El agua entorno a su cuerpo comenzó a vibrar y pequeñas olas comenzaron atropellarlos; la bestia estaba cerca. Mateo hizo acopio de la poca fuerza que le quedaba y soltando un grito de guerra colocó a sus amigos delante de él y comenzó a empujarlos. Las olas se acrecentaban y la vibración era cada vez mayor. Sin embargo, y aunque Mateo no lo sabía, este movimiento alivianó el agua y le permitió llegar a tierra firme, aunque la criatura lo había alcanzado y uno de los tentáculos se había cerrado en torno a su pierna.

Continuará…

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