Y…, ¿qué tal la pesca? | Sexta parte

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“Los hombres de ciencia sospechan algo sobre ese mundo, pero lo ignoran casi todo. Los sabios interpretan los sueños, y los dioses ríen”
H.P.Lovecraft.

***

Las olas golpeaban la orilla de playa con una brutalidad abrumadora, era como si las placas tectónicas del pequeño archipiélago estuviesen constantemente interactuando entre sí. Mateo, que era el único que entendía lo que pesaba, resistía ser engullido por el mar enterrando su cuchillo y sus piernas en las duras arenas de la playa. Sin embargo, sus esfuerzos cada vez menguaban más. La bestia lo tenía atrapado y el vigor de los tentáculos era increíblemente enorme.

Los dientes de las fauces se clavaron en torno al musculo y se habían aferrado al mismo debido a su filo intrínseco. La carne en la pierna de Mateo comenzaba a desgarrarse, el dolor era insoportable y su muerte era inminente.

Juan Carlos fue el primero en reincorporarse y ver qué es lo que pasaba. Elevó su mirada unos centímetros y, antes de que se diera cuenta, ya estaba corriendo para ayudar a su amigo.

Corrió trastabillándose, mareado, como si hubiese sufrido una gran pérdida de sangre. Tomó a su amigo del brazo derecho y tiró con todas sus fuerzas hacia atrás, gritando una y otra vez el nombre de Julián.

En ese momento, una de las fauces mutó y pasó de convertirse de un abismo lleno de dientes filosos a un ojo carmesí que denotaba ira. Esto provocó que cinco tentáculos más se abalanzaran sobre los muchachos. Uno se clavó en el hombro derecho de Mateo y otro en su pierna izquierda, el dolor ya era abominable, era como si los dientes llegasen hasta los nervios y lo obligaran a ceder completamente sus esfuerzos por salvar su vida; mientras que, las dos extremidades restantes tomaron Juan Carlos por los brazos.

Julián se reincorporó a duras penas y vio como sus amigos estaban a escasos metros del agua. Entonces la adrenalina se liberó en torno a sus músculos y vio todo con muchísima más claridad y detenimiento, fue como si su celebro hubiese activado la función de cámara lenta. Tomó el cuchillo que yacía enterrado en la arena y metiéndose en el agua lo enterró en el tentáculo que envolvía el hombro de su amigo. Creyó haber hecho bien las cosas, sin embargo, estaba equivocado, no midió con exactitud la fuerza que uso y terminó metiendo la afilada hoja del cuchillo en el hombro de su amigo. Los tentáculos cedieron inmediatamente y regresaron al agua, para volver con más fuerza.

En ese momento pudieron ver a la criatura en toda su aterradora y bestialidad entereza. Una masa de tentáculos, llenas de ojos carmesí y fauces filosas se aproximaron a la orilla mientras que los chicos corrían para internarse en lo que parecía ser una pequeña selva. Una vez que estuvieron a salvo y vieron que la criatura no podía perseguirles en tierra firme, se tiraron de espaldas al suelo observando al sol, luz era extraordinariamente blanca y fría. Solo a Julián le pareció extraño este hecho, por más frió que hiciera, no sentía que la estrella lo calentase, además, notó que la misma no se había movió ni un centímetro desde que llegaron a ese extraño mundo.

Los minutos pasaron y comenzaron a explorar la selva que tenía en derredor. Ningún ser vivo, a excepción de las plantas, claro está, vivía en el desolador paraje. Las hojas de esas micro selvas eran extrañas, tenían formas peculiares que imitaban pequeñas agujas y los troncos de las plantas tomaban formas humanoides muy poco convexas.

―Qué raro, ¿no les parece?―dijo Mateo sosteniéndose el hombro lastimado―. Si los ves bien parece que tiene forma…

―Humana ―concluyó Juan Carlos. Siguieron caminando,abriéndose paso hasta que llegaron al centro de la selva. En ese lugar, las sospechas que no quisieron reconocer en cuanto vieron la forma humanoide de los troncos se hizo realidad. Encontraron cientos de huesos y restos humanos. Al ver esto,Julián vomito y las raíces que estaban cerca de sus pies comenzaron a moverse.

Una de las raíces envolvió el pie de Julián y Juan Carlos hizo uso de toda la fuerza que le quedaba logró liberarlo. Sintió como esas pequeñas espinas se le clavaron en la mano y de repente su conciencia se perdió. Si bien logró liberar la raíz del pie de su amigo, se desplomó. Entonces, Mateo lo levantó y vio que un líquido marrón se desprendía de pequeñas heridas donde, evidentemente, se clavaron las agujas.

―Son venenosas―gritó Mateo. Entonces con ayuda de Julián sacaron a Juan Carlos, usando el cuchillo y pisando las raíces que querían atacarlos. En uno segundo estuvieron fuera de peligro, pero su esperanza se vio aún más golpeada cuando vieron que la cantidad de huesos y restos humanos aumentaban a medida que se alejaban.

―¿Qué hacemos ahora? ―preguntó Mateo, esperando a que Julián le digiera algo. Pero fue en vano, Julián parecía un cachorro asustado y Juan Carlos estaba sumido en in sueño que parecía nunca acabar.

Mateo elevó a vista y sonrió al ver que una pequeña balsa estaba en la orilla, detrás delo que parecían ser unas rocas. Tomaron a Jun Carlos y caminaron lo más rápido posible hasta que llegaron. Creyeron que en esa pequeña balsa encontrarían algo de paz, pero los dos muchachos se sintieron devastados al ver el cadáver de un hombre adulto que envolvía entre sus brazos al de un pequeño niño.

Continuará…

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