The -big black dick- mendocinos

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NDA: El presente relato nace de una nota del Diario Los Andes de hace algunas semanas que se intitula: “Más de 250 interesados en un casting para cine porno en Mendoza”  (https://www.losandes.com.ar/article/view?slug=mas-de-250-interesados-en-un-casting-para-cine-porno) y de la que varios medios provinciales se hicieron eco; sumando al mismo, dos documentos que encontré en el Archivo sobre nacimiento múltiples en Mendoza.

Para aquelles que nunca vieron una película condicionada o no recibieron en su smartphone la foto del “negro de whatsapp”, corresponde decir y es dable aclarar, que la traducción más cercana del título al español sería: “Los -gran poronga negra- mendocinos”.

Es una expresión muy utilizada en films pornos, y hace alusión a hombres de color con miembros prominentes, en promedio: treinta centímetros. Pero ésta, no es una medida al azar; descubrimos que está relacionada a una forma de medición muy antigua que utilizaba al “codo”, la que tomaba la extensión del antebrazo de un hombre de la Edad Media (45 cm), para medir diferentes bienes materiales.

A partir de la irrupción de la industria pornográfica como entretenimiento en los años 80 y por la masiva apertura de Videoclub, los popes de las empresas y sus ceos, se verían obligados a adaptar el contenido de sus guiones cinematográficos al tamaño de los “chongos” de los actores. Fue así que tomaron la medida del “codo” por referencia, para evitarle a la actriz la incomodidad de portar una cinta métrica para medir estancias o un transportador de los que se usaban en quinto grado para calcular cómo agarrarla; para que con un sutil movimiento de su antebrazo, sumado a un afortunado “oh my Goood” o con un lapidario “Ohhh SHIIIT”, dar por entendido el sentimiento generado por ese “muñeco” y trasladarlo al lente de la cámara.

Debido a que el antebrazo del varón era demasiado largo respecto de aquella medida de antaño, tornando difícil encontrar hombres con “matracas” tan longilíneas, decidieron crear una nueva forma de medición, naciendo así el “codo femenino”. Y fue la Baseline School (Oregon, USA) la encargada de llevar a cabo los estudios correspondientes, a fin de definir los estándares para la industria de las XXX.

Primeramente, fueron entrevistadas mujeres de diferentes etnias y de lejanas latitudes, a las que se les midió la distancia entre el codo y la muñeca; dando como resultado promedio de sus antebrazos, treinta centímetros. Sabiendo ésto y teniendo la mayor longitud, fueron convocados varios cientos de miles de varones de todo el mundo, a fin de determinar la “media y mínima” extensión. Debido a que los tamaños eran coincidentes entre las razas participantes, quedó uno por continente y, como representante americano, un mendocino.

Acto seguido, se les indicó a las chicas que debían posar con cada uno de estos muchachos, los que estarían desprovistos de ropas y con sus “flautas” erectas; por lo que cada dama debía apoyar su “codo” en la base del “miembro”, con su antebrazo extendido en paralelo al tronco y la corona, hasta tomar el glande con su mano e intentar cerrarla. El estudio fue contundente y no dejó espacio a dudas ni lugar a suspicacias; la longitud de los “charangos” pasó a segundo plano, y sólo se tuvo en cuenta la gesticulación facial de las féminas.

Fue así que: con el asiático surgieron algunas sonrisas, con el europeo varios interrogantes y desmayos masivos con el africano, suspendiendo las pruebas por cuestiones de seguridad; dejando relegado al pibe mendocino y al continente americano, sumando al combo el mote de “pito chico”, como legado para las generaciones futuras.

A partir de los 5 centímetros del asiático, los 10 del europeo y los 30 del africano, quedarían definidas las medidas estándar de los “penes” para la industria porno; facilitando así, el casting de los actores y las nuevas categorías fílmicas de cara al futuro en: cómics, drama y ciencia ficción.

Sabiendo lo que tenían que buscar y tomando la población mundial y las pruebas efectuadas, era de cajón, que la selección de aspirantes se haría en los tres continentes con mayor densidad poblacional por kilómetro cuadrado del planeta: Asia, Europa y África; por considerarlos a estos tipos unos copuladores seriales.

Ante esta difícil situación; y considerando que el mendocino no había tenido ninguna posibilidad y los americanos no serían tenidos en cuenta para las películas, la más brutal maquinaria judicial se puso en marcha y se inició una búsqueda masiva de una “prueba documental” que demostrara que los “american boys” no son unos “pito chico”.

Fue tal la desesperación por la pérdida de fuentes de trabajo y el incremento de mano de obra desocupada a nivel continental, que se contrataron los servicios del afamado estudio jurídico de la doctora Cristina Castro Chaves, cuyo bufete se encuentra ubicado frente a la base militar yanqui de Guantánamo en la marxista isla de Cuba.

La letrada se hizo cargo del caso, viajando a Arlington (Virginia, USA) y como destino final el Pentágono. A su llegada al mítico edificio, ingresó al hall y se dirigió a las oficinas de la American Association Porn Actors Judicial Archive, más conocida por su sigla en inglés… “AA.PA.JA” (Archivos Judiciales de la Asociación Americana de Actores Porno), en busca de antecedentes que demostraran la capacidad sexual de los muchachos de esta otra parte del globo terráqueo.

Al hacer referencia al caso y con autorización judicial en mano, las empleadas del lugar entraron en pánico y se auto evacuaron, colapsando los turnos con ginecólogos en los hospitales y desabasteciendo de anticonceptivos a las farmacias de turno de la zona; en clara evidencia que había un secreto guardado a siete llaves o, peor aún, siete secretos que a vuelta de una llave serían develados:

La existencia de vida en el planeta Marte se confirmaba, pero no eran marcianos sino mendocinos, según dejaba entrever el primer expediente. Luego, el astronauta Neil Armstrong no dijo lo que dijo, sino que dijo: “un pequeño paso para el hombre, un gran salto para los mendocinos”… después de ganar la promo “Apolvo 11” en el Telo La Luna y al arrojarse desde el chifonier ubicado al pie de la cama y embocar su “cohete” de una.

En el próximo expediente, quedaba confirmado que el Área 51 no estaba en Roswell (Nuevo México, USA) sino en la pintoresca localidad maipucina de Russell, y que en sus plantíos de olivares las aceitunas no tienen carozo, sino microcápsulas, y que en su interior se están engendrando veganos mendocinos; los que planean una invasión masiva para mediados del Siglo 21.

A posteriori, con el hallazgo de la técnica conocida como ADN, quedaba confirmado que el ochenta por ciento de la población mundial tiene genes mendocinos, por lo que el planeta Tierra y por el peso ejercido por ellos, pasó de ser redondo a tener forma plana; dando origen así a los terraplanistas mendocinos. Sumando al staff de intelectuales al “Tortugo Jorge” como sostén del mundo, por lo que dejó de rascarse el higo en el Acuario Municipal en la calle Ituzaingó.

Con estos cinco documentos, la jurisconsulta derribaba una serie de mitos generados por la prensa internacional en complicidad con los gobiernos extranjeros, temiendo un atentado contra su vida. Pero su compromiso con la Ley y el cobro de sus honorarios profesionales en dólares americanos en billetes de cien, que ya había depositado en la sucursal argentina del Banco Central en las Islas Caimán, la hicieron proseguir con su noble cometido.

El sexto documento revelaría el gran misterio y despejaría de dudas a la mancomunidad internacional de sexolotudos. En el que, el gobernador Juan Gutiérrez de la Concha, que administraba Cuyo desde la ciudad de Córdoba, se comunicaría con el Subdelegado de Real Hacienda de Mendoza el 16 de abril de 1808, y preguntaría:

 “Este Gobierno tiene noticia que el próximo pasado mes, han nacido en esa ciudad (Mendoza), treinta y ocho niños de solo quince mugeres; y siendo esto cierto, como se asegura, me informará Usted, con documento que acredite suficientemente este suceso, y con expresión de igual particularidad se ha notado en otras ocaciones o si son frecuentes en esa población los partos de uno o más mellisos”. (Fuente “real” y textual: Archivo General de la Provincia de Mendoza, Carpeta Colonial 92, Documento 96, Foja 10).

La doctora entendía el porqué de la huida de las empleadas; y en la soledad de esa tenebrosa oficina, temía por su integridad sexual, al observar que el último documento había sido etiquetado como “TOP SECRET, dale Like y Compartir…”. Y sería un borrador del Libro de la Real Hacienda de Mendoza del 26 de abril, el que aclararía el panorama de los hechos acontecidos en aquel primer semestre del año 1808:

 “Cumpliendo con el encargo que Vuestra Señoría se sirve hacerme en oficio de 16 de Abril último, procedí a averiguar si era cierta la noticia que se había dado a ese Gobierno Intendencia de haber nacido en esta ciudad, en el mes de marzo último, 38 niños de solo 15 mugeres. El resultado de mis indagaciones en el particular ha sido el siguiente. En el mes de marzo a que se trae la noticia, han habido tres partos de mellizos, en el presente dos y en todo el año tres”…

El Subdelegado de Real Hacienda de Mendoza y por falta de información censal desde el año 1802, agregaría a lo antes dicho:

 “De todos los matrimonios, solo 4 no tienen hijos y son innumerables los que tienen 6, 8 y hasta 12 hijos. Esta rara triplicación, que no se ha visto en otro Pays, me ha parecido digna de un particular examen”. (Fuente idem: Carpeta Colonial 88, Documento 108; Fojas 8, 8 Vuelta y 9)

Ante la contundencia del séptimo documento y por los múltiples nacimientos acaecidos en aquellos primeros meses del año 1808, y de aquella tan rara triplicación ocurrida a partir del año 1802; los varones mendocinos se transformarán en todo un récord y, como consecuencia de ello, en sementales a nivel: provincial, nacional, continental y galáctico. Confirmando así, que cuando pisan una bombacha… a los nueve meses llega la cigüeña y a principio de enero a juntar pastito porque se vienen los Reyes Magos.

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