El fastidioso record de Eliud Kipchoge

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En mis redes sociales relacionadas con el running desde hace un par de semanas se han puesto densos con el tema de Eliud Kipchoge. Es la historia de un hombre negro, genéticamente adaptado, chiquito y liviano, muy bien entrenado que logra hacer historia. Y la cosa es que el tipo, en la punta de la evolución de un pueblo dedicado a correr, como los latinos al futbol, como los yanquis al beisbol, como los neozelandeses al rugby, rompió un record que parecía imposible: correr la distancia de un maratón, 42km 195 metros en menos de dos horas. Hasta aquí el hecho meritorio.

Pero el gran problema de todo esto es cuando alguien se pone fundamentalista de la nada. Es cierto que todos tenemos algo que consideramos intocable. Pero en las redes sociales la cosa se exacerba muchísimo. No se puede opinar en contra de Eliud, al punto que en nuestros comentarios no puede haber sombra de duda al respecto, porque si no te saltan a la yugular.

La noticia, según mi parecer, hubiese sido que no lo lograra. Ahí si cabría un análisis. Pero el tipo, luego de batir el record mundial en tal distancia, en el circuito más rápido del planeta, Berlín, dijo que si lo dejaban correr descalzo podía bajar las dos horas. Y desde entonces no ha dejado de opinar al respecto. Reunió personas y recursos, lo intentó una vez y no lo logró. Y preparó el show en Viena.

Messi se cansa de cosechar títulos y records con el Barça. Es fantástico. Pero para eso le pagan. Los negros son un pueblo que viven para correr. Se salvan ellos y a sus familias cuando logran salir de su país con un trabajo y/o beca. Luego mandan dinero para los suyos. Entonces, para mí, insisto, Eliud hizo historia, obvio, pero también hizo negocio.

Me pregunto: ¿por qué no hay keniatas corriendo la Ultra Maratón de Sables, en el Sahara? ¿O la Ultra Mont Blanc?

Las IAAF no oficializa el record del negro, pero lo reconoce como el más rápido. Y por muchas razones. Pero yo te voy a enumerar algunas de las cuales, para mí, no es la gran noticia.

Corrió con unas zapatillas adecuadas. Diseñadas para tal evento. Negocio de la marca. Dinero para el bolsillo de los atletas involucrados.

Lo trajeron chupado las liebres. La liebre, o pacer, es un corredor que ayuda a otros a llevar una velocidad. El protagonista persigue a la liebre para lograr ciertos tiempos. Y cuando digo que lo llevaron chupado, es que el tipo los colocó delante de él, para ejercer de barrera contra el aire. Como cuando vas en bici y te colocas atrás de un camión.

Los empresarios y sus dichos hablan de “hacer que las cosas pasen”: buscaron hasta el lugar adecuado, y escuché una noticia que decía que había consumido una serie de suplementos especiales.

Y una pregunta que me martilla la cabeza: ¿si fue un triunfo de un grupo de personas, por qué no figuran junto a Eliud la lista de corredores que lo ayudaron?  Es muy difícil mantener por mucho tiempo el ritmo del negro. Ya de por sí esos corredores merecen mención.

Un grupo de empresas bancó a un grupo de atletas para que uno de ellos lograra el record. O sea, no sólo fue Eliud el que lo logró, el puso la genética, la predisposición y su entrenamiento. Pero hubo una gran ayuda de su entorno. Y es por eso que digo que la meritocracia es un verso, el entorno con un pequeño o gran aporte te hace llegar.

No es la primera vez que lo intentó. Pero esta vez se aseguraron que lograra. Y lo hizo por… veinte segundos. Un minuto de su propio record en una competencia oficial.

El rendimiento de cualquier corredor depende, además de la preparación y su capacidad física, de condiciones ambientales. Particularmente a mí, me cuesta muchísimo bajar la hora en los diez kilómetros. Y me esfuerzo muchísimo por lograrlo. El año pasado, en menos de un mes corrí dos carreras de 10k, una en condiciones ambientales normales para Mendoza, e hice 1 h 5 min, y otra con muchísimo calor y poca hidratación, en 1 h 15 min. Mi mejor tiempo fue en la MIM (Maratón Internacional de Mendoza) en 57 min. Circuito que se caracteriza por ser en bajada casi en su totalidad.

Desde el año pasado, el recorrido de los 42,195 metros de la MIM está oficializado por la IAAF. ¿Entonces, por qué no viene Eliud a correr esa distancia aquí?

Voy a clasificar un poco a los locos que corren.

Están los que les gusta. No se esfuerzan mucho, lo hacen para mantenerse y por lo social. Fundamentalmente. A esta gente el record del Negro les es útil porque sirve para charlar. Saben que está muy lejos. Inclusive en este grupo tenés personas a las que no les cuesta tanto corriendo Maratones (42km) en buenos tiempos, pero saben que es para darse un gusto.

Están los que les apasiona. O lo hacen porque sobrellevan problemas anímicos graves. Lo cierto es que como toda adicción modifican su vida en función de los entrenamientos, dietas y carreras. Una parte importante de sus ingresos va a la indumentaria y el equipamiento. Estos ven cosas como las de Eliu como algo lejísimo, inalcanzable, porque en realidad luchan por lograr sus propios logros. Es uno más aunque sea el mejor. En este grupo está nuestro ultramaratonista Ramón Abdala. De su propio bolsillo recorre el mundo corriendo en sitios como el desierto de Gobi, Australia o el Everest.

Y están los atletas que viven total o en parte de eso. Entran a este deporte porque logran financiación de alguna entidad o alguna marca. En esta categoría, allá a lo lejos, en la punta de la lanza, está don Kipchoge. Se dio el lujo que un grupo de empresas financiara una idea. Pero también en este grupo está Elisa Corti, la abuelita que corre, que recorre el país invitada con todos los gastos pagos, corriendo en lugares y haciendo reseñas en las redes sociales. Pero la mayoría de los atletas se retiran, cuando el financiamiento se agota.

¿Pero para que puede servirte ver hazañas así?

Saber que se puede. El mismo dijo que dentro de unos años vamos a ver en las maratones más rápidas alguien bajando ese tiempo. Dijo que con ese gesto logró destrabar la mente diciendo que algo imposible, se pudo lograr. Se gestó hasta un slogan “no humans limits”, como el de las campañas de marketing. Y de paso se llevó una buena torta de plata.

Ver a los atletas africanos correr es ilustrativo. La zancada perfecta. La cámara lenta es una obra de arte pedagógica para los que nos movemos como hipopótamos cansados. Pero hasta ahí nomás.

No pienso discutir ni negar que Eliu Kipchoge es el hombre más rápido del planeta. Igual que Messi es el mejor jugador de futbol del mundo. Pero viven de eso. Al negro extraterrestre ese le voy a levantar el pulgar en face, cuando lo haga en alguna Maratón homologada por la IAAF, así como a Messi lo voy a reconsiderar cuando traiga una copa con la Selección. Y después voy a seguir apoyando a la gente apasionada con sus cosas, que son las que realmente me despiertan admiración.