La búsqueda | Parte 2

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En estos últimos días me he preguntado si la verdad es que Ramiro no quiere ser encontrado. La última vez que vi nuestra conversación de WhatsApp, vi que había leído los mensajes, pero no los había contestado. A veces quisiera no haberme involucrado tanto con alguien que, yo sabía, era imposible. Pero más imposible era no hacerlo. Lo amaba. Sé que está en algún lado de las sierras de Córdoba, haciendo vaya uno a saber qué cosa, con qué gente, y en qué ambiente. En esta búsqueda que no me ha dado tregua he pensado. ¿Y si la verdadera razón de su partida ha sido el alejarse de mi? Pero si su amigo me dijo que antes ya había hecho algo similar.

¡Me encontraba en una situación tan desesperante! Y agotadora. Necesitaba encontrarlo, necesitaba saber que estaba bien. Y ahora ni siquiera me importaba que ya no quisiera estar conmigo. Porque cuando uno ama, es feliz con la felicidad del otro. Aunque el vínculo se haya roto.

Antes de partir para las sierras, Verónica fue a una cerrajería cercana e hizo una copia de las llaves del departamento de Ramiro. Ahora ya tenía todo listo para partir.  Trato de pensar en qué lugar de las sierras se encontraría, ya que si bien era una zona muy acotada de Córdoba, la región era bastante grande. Y empezó a recordar todas las charlas que habían tenido sobre las vacaciones, en donde Ramiro le había contado de su amor por las montañas, por eso es que había disfrutado tanto de sus vacaciones por Mendoza, cuando la había ido a conocer.

Cuando llegó a la boletería en la terminal de Córdoba, el nombre de un lugar se le vino a la mente, y sacó el pasaje para Alta Gracia. “¿Sabías que el Che vivió ahí en su juventud?” Le había contado. Ramiro admiraba mucho al Che Guevara, y hasta le había contado como era por dentro su casa, que ahora era un museo.

Cuando se bajó en la estación de colectivos, se tomó un taxi hasta la casa del Che, quizá un poco para actuar como turista, y quizá un poco para descubrir más del entramado de misterio que rodeaba la desaparición de Ramiro, como para tener un poco más de idea. Ese día en Alta Gracia estaba soleado, y la humedad ambiental característica de Córdoba ya no se notaba demasiado, Estaba ideal para caminar.

La casa del Che era una casa sencilla, de frente blanco con un cartel que indicaba que allí era un museo, y cuando entró se interiorizó un poco en la vida del revolucionario. Ese día no había demasiada gente y el ambiente era propicio para reflexionar, le cayeron una o dos lágrimas pensando en Ramiro, pero no logró encontrar ninguna pista que le dijera su paradero.

Después de pasar una hora en el lugar, salió y, en la puerta se encontró con un muchacho que estaba repartiendo folletos sobre una obra artística contemporánea que habría en un teatro local esa misma noche, la entrada era gratuita. Primero Verónica pensó en tirar el folleto, pero cuando lo leyó algo le impactó en el nombre de aquella performance escénica. “Misterios en el Uritorco” se titulaba aquella obra, y sin pensarlo demasiado, se animó a ir.

Antes de seguir camino Verónica decidió buscar algún hostel para quedarse, y encontró uno muy cercano a la plaza principal del pueblo, que estaba a unas pocas cuadras del convento jesuita. Después de dejar sus cosas, se tiró en la cama, accedió a la red wifi del hostel, y descubrió un mensaje que le habían mandado unas pocas horas antes, de un remitente desconocido para ella que decía solo una frase:

“Dejá de buscar”

Cuando intentó responderlo, se dio cuenta de que el remitente la había bloqueado, pero en su mente quedó revoloteando aquella frase “dejá de buscar”, con la única acotación de que no quería dejar de hacerlo. Se quedó dormida sobre la cama, y cuando se despertó ya estaba de noche, Y faltaba una hora para que empezase aquella obra misteriosa.

Verónica llegó a la puerta de aquel teatro improvisado, que tenía colgadas telas negras en la puerta. Pagó la entrada en la boletería y entró, las luces estaban bajas y había una música tenue de fondo, pero sombría. Estaba casi lleno el lugar, y encontró un lugar bien al medio de las butacas. Miró su celular, volvió a leer aquel mensaje misterioso que alguien le mandó, volvió a ver que Ramiro no le había contestado los mensajes, y de pronto una gran angustia le invadió el alma.

¿Acaso no era mejor dejar aquella absurda búsqueda, y volver a su ciudad?  Porque todo era cada vez más confuso, y ahora tenía miedo de aquella persona que le mandó el mensaje “dejá de buscar”. Se preguntó a si misma que quizá lo mejor era dejar que Ramiro hiciese su vida, y entre tanto reflexionar se apagaron de golpe las luces de aquel teatro, y unas luces brillantes iluminaron el escenario, por el cual varios actores empezaron a salir bailando una especie de vals sombrío, que, de pronto, la llenó de pena. Aquella era una representación extraña, una mezcla entre ballet y teatro, y de fondo había una imagen pintada a mano del cerro Uritorco. De pronto, cuando la representación ya llevaba una hora, Verónica vio en el brazo derecho de uno de los bailarines/actores un tatuaje muy particular que sólo lo había visto en una sola otra persona antes, Ramiro. Lo tenía en el mismo lugar, era la silueta de una montaña con una luna llena encima y un cometa pasando por arriba.

El tatuaje era muy raro como para ser casualidad, entonces cuando la obra terminó ella se quedó en la puerta del teatro esperando a que, eventualmente, los actores salieran. Cuándo finalmente lo hicieron, encontró el muchacho del tatuaje y le dijo que conocía una sola persona con el mismo tatuaje. El muchacho la miró y sólo le dijo una cosa — la persona que estás buscando va a estar al final de la lluvia de estrellas.

Sin tener la menor idea de lo que aquel muchacho le intentó decir, cuando llegó al hostel Verónica buscó algún indicio en las redes sociales, empezando por buscar eventos programados en el cerro Uritorco, y lo único que encontró fue un evento sobre avistamiento de una lluvia de estrellas fugaces, a ocurrir ese fin de semana. Cuando vio los asistentes al evento, encontró unas tres personas, que tenían como amigo a Ramiro. Nada más. Faltaban dos días para que el evento, entonces en su mente las cosas quedaron muy claras, allí encontraría a Ramiro.

Desde Alta Gracia hasta el cerro Uritorco habían 102 km, y, por suerte, una empresa de buses de corta y media distancia ese fin de semana por la lluvia de estrellas hacía recorridos desde la terminal de Córdoba capital hacia el cerro, y desde las ciudades más grandes de la sierras hacia el lugar, entonces Verónica no lo dudo, y sacó pasaje.

Los paisajes de Córdoba siempre le habían gustado, ya que de pequeña con sus padres solía pasar Semana Santa en El Nono, y aquellos viajes siempre los hacían en auto.

Dos días después, Verónica se subió a aquel bus sin saber bien que iba a encontrar cuando aquella lluvia de estrellas terminase. A esta altura de la búsqueda ya no sabía si realmente quería encontrar a Ramiro, ya que la soledad le había servido para pensar sobre su vida, y sobre su futuro. No se merecía estar con alguien que desapareciese sin dar más detalles, pero aún así el amor que sentía por él le justificaba hacer todo el esfuerzo por encontrarlo.

Cuando Verónica llegó al cerro Uritorco, se dio cuenta de toda la gente que había allí. El cerro es conocido por ser un lugar de avistamiento de ovnis y extraterrestres, sumado a que esa noche, también había una lluvia de estrellas fugaces. Un grupo local de aficionados a la astronomía, había colocado varios telescopios, para que quienes quisiesen observar más de cerca la lluvia de estrellas fugaces, pudiesen hacerlo.

Observando a simple vista el cielo nocturno estrellado, Verónica sintió nostalgia por los momentos que había pasado junto a Ramiro, y ahora, después de tanta búsqueda, quizá podría volver a abrazarlo.

La noche, de pronto, se iluminó con una luna llena plena, y las estrellas fugaces que danzaban a su alrededor, junto con el cerro, le daban al ambiente, una sensación de estar más allá de todo, que el resto del mundo no importaba.

Verónica empezó a buscar entre los asistentes al evento, a Ramiro. Encontró al muchacho de la obra de teatro, pero a nadie más que conociese, de todos modos la noche estaba solo iluminada por la luna, y la visión a simple vista, y sin otro tipo de iluminación se complicaba bastante.

A las horas la gente se empezó a retirar lentamente e irse del lugar, cuando se fueron las personas del grupo de astronomía, el evento de las estrellas fugaces se dio por terminado. Solo quedaron unas seis personas (y Verónica que se escondió detrás de unos arbustos), y de pronto estas hicieron una fogata, y se agarraron las manos en forma de ronda. El que hizo la fogata, se sacó una capucha que llevaba puesta, miró hacia el cielo y empezó a susurrar cosas extrañas, y cuando Verónica lo observó bien, se dio cuenta de que era Ramiro.

El ritual siguió por un tiempo más, y, finalizó con todo el grupo mirando hacia el cielo. Cuando apagaron la fogata, Verónica salió de la oscuridad, y se acercó a Ramiro que, en un primer momento no se dio cuenta de que era ella quien lo venía a ver.

—¡Te encontré finalmente! — Le dijo ella emocionada.

—Sos la última persona que esperé encontrarme acá —le contestó Ramiro que la abrazó profundamente, como nunca la había abrazado antes. —Esta es una parte de mi vida que vivo cada cierto tiempo y no la puedo compartir con nadie del exterior.

— ¿Pero qué hacés acá? ¿Por qué te desaparecés así? — Le dijo Verónica extrañada.

— Cada cierto tiempo un cometa hace su recorrido por el sistema solar, y pasa cerca a nuestra atmósfera. Ese cometa, tiene, para un grupo de gente alrededor del mundo (yo incluido) un significado especial, cuando pasa siempre es luna llena, y, según nuestras creencias, es como una renovación del ser humano, que empieza unos entre seis y tres meses antes, ya que hacemos una preparación a base de meditación, terapias con hierbas naturales como la ayahuasca, y culmina el día del cometa. Cuando volvemos a nuestras vidas normales, nos sentimos en paz con nosotros mismos, y empezamos un nuevo ciclo. Ese día es mañana. Sé que te he dicho que soy ateo, y me refiero a todas las religiones basadas en dioses, pero mis creencias están basadas en la observación de la naturaleza y la astronomía, y no te pido que me entiendas, sino que me respetes. La fecha del próximo cometa será dentro de tres años, no sé si para entonces estemos juntos (yo espero que sí), pero te invito a que vengas mañana a ver el cometa conmigo. Para que entiendas un poco mejor todo. Por favor, no te asustes, pero no se lo podía decir a nadie.

En un primer momento Verónica pensó en huir de aquel lugar. Pero, por la forma de que Ramiro le contó, se sintió tranquila. Supo que aquella ocasión los iba a unir más. Y decidió dar el paso de acompañarlo al otro día.

Esa noche él se fue con ella al hostel en Alta Gracia, pasaron la noche juntos e hicieron el amor.

Verónica se despertó. Había pasado un año, miró a su costado en la cama y vio a Ramiro durmiendo. Se miró el brazo y vio el tatuaje que ya había cicatrizado hacía un tiempo. Lo abrazó, él dormía profundamente, y le dio un beso en la boca. Todo estaría bien.

FIN.