Vacaciones en Chetoslovaquia (no se aceptan reembolsos)

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Las últimas elecciones despertaron toda una marea de opiniones, que con el pasar de las horas se sedimentaron en las clásicas chicanas políticas, los cánticos en las tribunas, en los memes de las redes o hasta en los codiciados hashtags. Esta fiebre no conoce de colores, y en ese clima es cuando los desclasados como yo, y que los consultores insisten en llamarnos “indecisos”, perdemos miedo a la polarización y nos acercamos a disfrutar del folklore que es nuestra fiesta cívica.

De entre toda la parafernalia, una idea sobresale por sobre las demás, al ser capaz de resumir con precisión las pasiones más bajas de nuestro electorado. Al principio ignoraba por completo el desarrollo de esa novela, hasta que un amigo, que no vive en Neuquén pero sí en Bariloche, me introdujo al tema cuando al saludarme, me preguntó cómo andaba todo por “Chetoslovaquia”.

Lo que sigue es el fruto de algunas horas libres y de una sana especulación. Todos son datos reales y pueden encontrarse con suficiente investigación por la red; su gran mayoría, de Wikipedia y sitios oficiales. Me gustaría haberlo disfrutado más, haberme comprometido un poco con su estructura y su humor, dignarme de dibujarle una bandera o señalarle una capital; pero el sueño de los locos es triste y fugaz. Hay que tener mucho cuidado cuando la gente deja de reírse, porque si el  chiste se prolongalo suficiente, termina convertido en una plataforma política. Con esa sana convicción es que pregunto…

¿Qué es esto de Chetoslovaquia…?

Es una propuesta que se viene gestando desde las paso de Agosto, y que propone la cordial disolución de nuestro Estado, la liquidación de su territorio y la creación de tres nuevas sucursales: una Argentina del Norte, otra en el Sur, y la más bonita, la del centro, bien Argentina; la Argentina del Centro, o Chetoslovaquia para los detractores.

Tal cirugía sería guiada por el último mapa electoral, donde la región del centro es convertida en el emblema de la nueva y vieja conocida oposición al kirchnerismo: Córdoba, Entre Ríos, Mendoza, Santa Fe y San Luis, incluyéndose en el botín a la joya que es CABA, o Ciudad Autónoma de Buenos Aires (no confundir con París). La nueva geografía uniría en un solo cinturón a las provincias del cordón productivo, agroexportadoras, de clima templado, antiperonista y del sector privado (en su mayoría). Sus defensores proclaman que ha llegado el momento de unir fuerzas frente a un enemigo común, estatal e ineficiente, que habita en el conurbano bonaerense, y que por sobre todo, es peronista,lo que para ellos significa más o menos lo mismo.

¿Y quiénes son estos defensores? En su mayoría jóvenes, y en su totalidad, liberales, de la escuelita de Alsogaray o Grondona. Los mismos que antaño proponían que la solución a todos los problemas de la democracia era una buena dosis de dictadura; ahora proponen, como salidos de una pesadilla de Milei, que para terminar con los problemas de  este gobierno,necesitamos crear tres gobiernos más.

El nuevo país del medio tendría sus ventajas: seríamos una franja similar a la sureña de los Estados Unidos, esa que despliega esteros al este hasta secarse en por completo al oeste, en interminables desiertos y montañas. Habría vino y cítricos, fiambres, queso y pescado, soja transgénica, y hasta tendríamos la réplica de la Casa de Tucumán en San Luis para declarar la segunda independencia. Soñar es gratis hasta que deja de serlo, porque la gran tentación de este modelo es la idea de recuperar toda esa platita que “malgastamos” en Buenos Aires, esa provincia que podría albergar cuatro países en su interior, y que se alimenta como tal.

Esta fantasía geopolítica, por momentos financiera y en otros hasta erótica, concluye en una utopía comercial y de bajos impuestos, el equivalente de una orgía perpetua para la clase media. Tenemos de ejemplo lo sucedido en Checoslovaquia, y si ganamos un mundial nos volveríamos el perfecto reverso de la unificación alemana.

Pero más que convertirnos en Eslovaquia o República Checa, lo planteado por nuestros hipotéticos estadistas nos llevaría a ser como esos flamantes países de África, o en su mejor versión, un monoblock soviético.

Si nos guiamos por PBI, las mejores provincias para vivir son Santa Cruz y Tierra del fuego, que en promedio tienen un PBI local a la altura de países “serios” como Nueva Zelanda o Portugal. En la nueva liga, CABA y San Luis estarían por arriba del promedio del viejo país, compartiendo podio con Hungría o Gabón, mientras que bien por debajo la acompañan Mendoza, Santa Fe y Córdoba, a la altura de Malasia o Turquía. A Entre Ríos la podríamos comparar con una Bulgaria o Bielorrusia, siempre hablando en términos de PBI. Después está el tema de las finanzas locales,  donde Córdoba y CABA son las provincias con las deudas provinciales más grandes en términos nominales, y con ambas en el top 10 de presión tributaria. Mendoza y Entre Ríos son una maquina constante de endeudamiento, ya que sus presupuestos no pueden sobrevivir sin subir los impuestos o reducir de forma significativa sus gastos. Y gran parte de esa deuda, está en dólares, por lo que mucha suerte con la transición de monedas. Sorpresivamente, de todo este clima burocrático San Luis es la excepción, figurando (en comparación) como una de esas islas del Caribe donde la deuda es baja y los impuestos, bajísimos.

Y responderán, que sin esa piedra del conurbano no tardaríamos en crecer y proyectarnos hacia al mundo. Todo muy bonito, hasta que consideramos que no tenemos una salida directa al mar, y que dejamos de poseer a los cómodos puertos de Zárate, Campana, Comodoro Rivadavia, o hasta Mar del Plata. Quedarían solo los del up-river  que pertenezcan a Santa Fe, lo que es como festejar el descuento en medio de una goleada cuando recordamos que, bajo la nueva administración, nos quedaríamos sin conexión directa con Brasil. Sí, con ese Brasil, el que es nuestro principal proveedor y comprador. Y la tormenta no termina: chau Vaca Muerta, chau Triángulo del Litio, chau Balseiro, y chau a toda esa energía renovable que a Macri se le ocurrió desparramar por todo el norte y el sur.

Hablando de fútbol, hago un paréntesis para nombrar a los clubes que serían excluidos de la liga: Aldosivi, Arsenal, Atlético Tucumán (gracias a Dios lo repatriamos al pulga jugando en Colón), Banfield, Central Córdoba, Defensa y Justicia, Gimnasia, Olimpo, Tigre, Chacarita, Quilmes, Estudiantes y Lanús.

Los conversos insistirán con su verdad, y en una última revelación acudirán a que, bajo la nueva administración, todo pecado no tardaría en ser purgado (o lo que es lo mismo, perseguido y ejecutado). A lo que respondo que el nuevo gobierno heredaría 86 diputados de la anterior gestión, que volverían a casa acostumbrados a los mimos que la banca conlleva. Si con ese tercio no basta, todavía hay más contexto por agregar: de cuarenta y nueve personas que ejercieron el ejecutivo nacional, diecinueve presidentes democráticos nacieron en las provincias del centro, y otros seis lo ejercieron de facto. Y dejan de ser tan bonitos cuando recordamos algunos de los inventos que nos trajeron las elites locales del interior, como los Rodríguez-Saá en San Luis, o los Vila-Manzano en Mendoza.

¿Qué faltaría agregar…? ¿Qué Santa Fe tiene la tasa de homicidio doloso más alta del país, y Mendoza en homicidios culposos? ¿O que CABA es la ciudad con mayor cantidad de robos y hurtos de todo el país, acompañado de nuevo por Mendoza, a la que se le suma una de las tasas de violaciones y delitos sexuales más altas? Y si nos deshacemos del norte en nuestras estadísticas, Córdoba y Santa Fe serían las provincias con más femicidios.

Me preguntó si los descontentos y afligidos habrán considerado todas las consecuencias que su sueño tendría. Es muy fácil culpar al otro,  tomar distancia y twittear (como algunos), que los que los separa de sus compatriotas es un “abismo moral”, y que lo mejor que podríamos hacer es que este se reflejara en nuestro suelo. Hay un viejo mantra en la semántica y el esoterismo que reza que el mapa no es el territorio. Nuestros sueños son solo una excusa para no reconocer la incapacidad de comprender al otro, de manejar un discurso político serio y aséptico, o por lo menos moderno y honesto. Reconozco que existen, y en toda su conjugación verbal, movimientos independentistas legítimos, a los cuales faltamos el respeto con estas estúpidas ideas. Los conflictos independentistas nacen en lugares donde la asimilación o la integración no fueron completas, lo que dio lugar a situaciones de discriminación o de verdadera limpieza étnica o cultural.

Argentina es un país que nació del sincretismo, de la unión forzada o voluntaria de un montón de tipos con gustos e ideas que no tenían nada en común y que, sin embargo, lograron hacer funcionar en algo nuevo y abarcador. Tesis, antítesis y síntesis, hegelianismo básico de primaria.  Somos el país que inventó el fernet con coca y el peronismo liberal; éramos expertos en esta materia. No niego que existan problemas de representatividad o hasta de sustentabilidad de nuestro modelo de Estado, pero ya me cansó que a cada nueva elección alguien traiga de nuevo la idea de dividir a la Argentina a su gusto y capricho; o de expulsar de ella al conurbano, que es lo mismo. Con estos “jueguitos” desmembramos a un país acomplejado con los logros, haciéndolo pasar del octavo lugar en tamaño de superficie hasta el cuarenta y siete, y en población, hasta la dimensión de Zimbabue y Ruanda. Y sin importar el tamaño que tengamos, seguimos sin encontrarle una solución a este baile.