Pequeño manifiesto sobre el amor

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El verdadero amor sólo se presenta una vez en la vida…
y luego ya no hay quien se lo quite de encima.
Groucho Marx

El amor tiene las patas frías, las manos sudadas y el corazón ciego.

Tiene los síntomas del cólera, dijo el Maestro García Márquez.

Es el Kamasutra explicado en lenguajes de señas y traducido al Braile.

No son mariposas en el estómago, es una llamarada solar en la panza.

Es cuando dos seres se reconocen en la penumbra de la realidad.

Es una esquina de Quito, dos calles anónimas que se cruzan en el cielo, bajo la Luna que no para de gritar que le duele la espalda.

El amor es una perla en el océano de la mirada  de otra persona.

Es respirar debajo del agua y de pronto no poder hacerlo más estando a cien metros de profundidad y patalear en forma desesperada para arriba y no llegar a la superficie.

Son dos moléculas de pura nada que cuando coinciden se convierten en un todo.

Es ese punto ciego en la calle Catamarca en donde confluyen todos lo caminos del mundo, un sendero secreto, aun para nosotros.

Es un cuerpo de mujer, roncando suavemente bajo las sábanas de mi cama mientras preparo el primer mate el día.

Es la noche llena de la tempestad de tus palabras.

El amor zumba, gruñe, gime, insulta, farfulla y escupe a mansalva; el amor grita, se ríe, escucha, se hace el ciego y pide limosnas; el amor repta por las paredes,  bosteza, levita, reencarna en un pulpo que late en las profundidades; es un segundo azul, tiene sabor a chocolate y huele a jazmines.

El amor se da terrible golpazo, se levanta, se sacude el polvo y sigue como si nada.

Es un acto de magia, en cual consiste en hacer desaparecer al mundo para luego hacerlo reaparecer, convertido en un millón de pañuelos de colores.

El amor es un astronauta perdido en el espacio carnívoro, con solamente cinco minutos de oxígeno y dos galletitas sin sal.

Es como querer cruzar el mismo río dos veces, es imposible, nunca es el mismo río y nunca es el mismo amor.

Esta habitación es irreal; ella no la ha visto, dijo otro Maestro, Jorge Luis Borges.

Es el alivio de verla acercarse en la distancia, de sentir su voz invisible entre la espesura de la oscuridad, es el preludio de un beso con alambre de púas.

Cuando el amor llega hay que esconderse; hay que refugiarse en el bunker de nuestra propia piel; exiliarse en los recuerdos; hay que navegar en un vaso con agua, con todas las velas desplegadas, con la mar gruesa y el Fuego de San Telmo haciendo arder los mástiles y al mundo.

El amor es insensible, es líquido, es una amenaza, es un parpadeo, es el sol entero entrando por la ventana, es calculador, es manipulador, es doloroso, es un cosquilla, es una enfermedad provocada por un virus del espacio exterior y es una flor amarilla ondulando con el viento.

El amor es subversivo.

Es un ser alado con alas de plumas blancas de ángel dormido

Existe en nosotros y creemos que no tiene nombre, en realidad es lo que realmente somos, lo que seremos, lo que nos permiten ser.

Es una patraña y es tan cierto como que la Luna es hueca.

Es un ataque de pánico explotando desde adentro.

Y finalmente es un yo te amo… Yo también te odio.