El día que me agarré a piñas con un Minion

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Treinta y uno de octubre, Halloween, no tengo la más pálida idea de donde viene esa fiesta pagana. Es divertido caer a un lugar disfrazado y pasar un buen rato, aunque, aclaro, no todo es lo que parece, y esto puede derivar en una desgracia, catástrofe o en algo un poco extraño. Más de una vez hemos observado en las redes sociales peleas virales que ocurren entre el conejo de pascuas y Superman, o una donde aparece Papa Noel a defender a un amigo; peleas que uno solo imagina cuando el ácido pego fuerte o cuando estas internado en el Sauce sin más remedio. Bueno, esto me paso a mi y voy a contarles como fue.

Resulta que en mi trabajo se les ocurrió la idea de que fuésemos disfrazados a trabajar, resulta muy estresante ser bartender como se imaginan. Ese día cada uno fue disfrazado como quiso, una compañera fue disfrazada como un personaje de una serie, el otro bartender se pinto como el Guasón y yo me vestí de irlandés, sí, me clavé unos chupines verdes, zapatos de cuero marrones, tirantes y así caí al trabajo.

El bar es un lugar muy especial, mezcla un estudio de tatuajes con un bar. He visto absolutamente de todo, pero este día seria especial y lo sabíamos. Habían decorado el bar con telarañas y la noche anterior había sido un absoluto descontrol, motos que chocan, niños que vuelan. En fin, sabíamos que esa noche la íbamos a pasar muy bien.

Tipo siete de la tarde mi jefe se va, algo habitual ya que va a buscar bebidas o algo que haga falta. El bar estaba lleno, me estaban dando de lo lindo. De repente observo algo extraño, pero normal en la Arístides, ya nada me extraña. Frente mío había un Minion gigante de un solo ojo que me observaba fijamente, mezcla de incomodidad y risa seguí trabajando. En una de esas el compadre entra al bar y se pone a bailar electrónica en el medio de la pista, aparentemente el Minion se había tomado un par de cervezas porque daba tumbos y se golpeaba contra las paredes, yo estaba meado de la risa ante semejante situación.

Todo iba bien hasta que veo al otro bartender corriendo al Minion por el pasillo, había estado molestando en su barra y lo había sacado de vuelo, no contento con esto, le pegó una trompada de aquellas a la pesadilla amarilla esa. Cuando observé la situación decido actuar, reduzco al bicho trabándole una mano por la espalda y lo saco, pero estaba tan tentado por la situación que no fue nada serio el asunto.

El Minion, en vez de irse, después de todo volvió a entrar, yo iba y le pedía muy amablemente que se fuera, pero la encargada me dijo que lo dejara, al cabo que estábamos tentados. El loco se empezó a portar mal, sacaba cosas de la mesada y se les tiraba arriba a mis compañeros de trabajo, ya no me estaba dando risa la situación así que le pedí que se vaya, su respuesta fueron silbidos medios raros. Por dentro me reía, pero no sabía cómo actuar, entonces no le di más bola.

Al rato cae otra vez el bicho amarillo a la barra y saca una botella de Sprite, le pido que la deje, en vez de eso atina a que la va a tomar y se la saco de las manos. Mi poca paciencia ya comenzaba a agotarse y ya estaba advirtiendo al Minion pesado ese que iba a cobrar, su respuesta fueron más silbiditos y se fue afuera.

No pasaron cinco minutos que cayó otra vez y me sacó una pinta de cerveza, esta vez ya más enojado salí de la barra en busca del endemoniado muñeco, el cual empezó a correr por todo el bar. Cuando lo alcanzo le saco la pinta y le digo muy textualmente “¡Minion culiado volves a sacarme algo y te voy a cagar a trompadas! ¡Tomatelá que te voy a hacer cagar!”, ¿Adivinen su respuesta? Estaba envenenado con el bicho de mierda ese.

La gota que rebalsó el vaso fue cuando se le ocurrió tocarme la propina, tocame lo que quieras, pero no la guita. Salí de la barra como un toro embravecido y me resbalé con un hielo, casi me hago pija y me hizo enojar más, me puse entre ceja y ceja al Minion y le pegué un topetazo que voló cual pluma. Inmediatamente le entré a dar cabezazos y a amenazarlo con toda la clientela disfrutando el espectáculo, dentro de estos un grupo de compañeros de la facultad, que hasta el día de hoy se tientan con la anécdota: Un Minion vs un irlandés enojado que lo quería matar, si lo hubieran grabado seria viral en estos momentos.

Luego de sacudirle un poco las ideas y al observar a mis compañeros, que ya conocen mi temperamento y me pedían que lo dejara, me metí para adentro y seguí trabajando con la vena hinchada. Minion de mierda, me había pelado los cables el muy hijo del mismísimo Belcebú.

Entré y la encargada estaba tentada, no le dije nada, entendía la situación. El Minion desapareció. Al rato se me acerca y empezamos a charlar:

— ¿Cómo le vas a pegar al Minion? ¡Sos un culiado Pericles!

— ¿Y cómo no? Si estaba pesada la mierda amarilla esa.

— ¿Sabés quién era el Minion?

— Era un tonto culiado, no me respondía ¡Me chiflaba! Lo iba a matar.

— Boludo, era el Chizo.

Cuando dijo eso me entré a cagar de risa, rebobinemos un poco la historia ¿Se acuerdan de que dije al principio de la nota que mi jefe se había ido? Bueno, mi jefe no se había ido, se había disfrazado de Minion y nos estaba rompiendo las pelotas. Ante la duda me reí, era eso o perder el trabajo. Mas risa me dio cuando apareció y tenía la marca de la piña que le había dado mi compañero, afirmaba la historia y había recibido su merecido por pesadilla…

¿Se preguntan qué pasó con mi trabajo? La respuesta es nada, seguí trabajando hasta mediados de este mes y todavía me llaman para cubrir algunos días, es el mejor laburo que he tenido en la vida.

Para finalizar quiero pedirle perdón al jefe: Chizo sabes que no era mi intención pelearme con vos, pero vos no le dijiste a nadie que te habías disfrazado. En fin, gracias por no despedirme después de eso.