Años más tarde me pregunto… ¿el rock ha muerto?

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Hace ocho años escribía esto: “Personalmente pienso que el rock mundial ha muerto, no solamente viene en decadencia, esa etapa pasó hace unos cinco o diez años, sino que ha muerto definitivamente; pero el motivo de esta nota no es hablar sobre el Rock en general sino sobre el Rock Nacional, nuestro rock, el cual, según mi humilde opinión, también ha muero y les paso a explicar porque“. Era una nota titulada “El Rock Nacional también ha muerto” (click para leerla). Hoy, algo más maduro, con mucho más bagaje musical encima, algunas canas y kilos de más, vuelvo a replantearme la pregunta… ¿ha muerto el rock?

Lo primero que hago es detenerme en este momento y observar lo que está pasando en la escena musical mundial. Encuentro tres grandes grupos. Por un lado, veo “dinosaurios” del rock que hace años no generan nada nuevo, sino que viven de las glorias pasadas. Por el otro, buenas bandas que siguen la línea “rocker” tradicional pero que no explotan, ni aportan frescura, ni tienen aquella convocatoria de los 80’s y 90’s. Finalmente bandas medio pelo que generan cierto culto, por suerte o buena movida comercial, pero que su vida pende del hilo del hit del momento.

Entonces me detengo en los primeros… si no hay buenas bandas nuevas, ¿qué es lo que pasa con los rockeros de antaño que tampoco proponen algo “descomunal” como antes?, ¿qué está pasando si sólo publican “en vivo’s”, remasterizaciones, relanzamientos o sus discos nuevos son un espanto? He tenido la suerte de ir a ver bandas históricas o íconos de la escena del rock y sólo tocan sus temas noventosos, sus glorias pasadas, sus hits de hace veinte o treinta años; lo nuevo apesta, aburre, carece de sabor. Si lo nuevo del rock es malo o mediocre, ¿porque lo bueno es viejo?… y ahí está mi punto: todo es una cuestión de edad.

“Rock” es como designaron las generaciones de los 60’s y 70’s al género creado por artistas que transmitían transgresión, rebeldía, euforia y revolución. El rock es la irrupción de lo tradicional por algo nuevo, fresco, distinto, algo que mueve fibras desconocidas, que nos altera los sentidos. Para aquellas generaciones y sus respectivas descendencias, de los 80’s y los 90’s ven ese espíritu, esa transmisión sentimental en el rock.

Todos los que nacimos durante alguna de esas cuatro décadas nos vemos culturalmente forjados por el rock, porque era lo que escuchábamos, lo que vivenciábamos, lo que nos acompañaba como baile, poesía, filosofía de vida y expectativa juvenil. Todos queríamos ser como ellos de “grandes”, todos queríamos tener una banda de rock como Los Beatles, Serú Girán, Los Guns, Los Rollings, Los Redondos o The Cure. Y esta sensación no incluía puramente a rockeros, también entraban en la misma bolsa quienes hacían punk, heavy, pop, etc. Porque en el fondo, es el sentimiento juvenil de la rebeldía y la frescura lo que nos llegaba, lo que nos movilizaba.

Dejando de lado el presente y analizando el pasado, llego a la conclusión de que “rock” fue también la música clásica del período barroco de Heinrich Schütz, Arcangelo Corelli, Antonio Vivaldi o Johann Sebastian Bach, que vino a romper los esquemas de la música del renacimiento del período renacentista de Pierre Attaignant, Adrián Willaert o Johann Pachelbel. Rock fue la música del romanticismo de Frédéric Chopin o Franz Liszt. Viniendo más cerca de nuestra época, rock fue el jazz de Nueva Orleans, tocado, cantado y bailado por negros, rock fue el tango y sus bailes infernales, sus letras lastimosas y pícaras, su melodía peligrosa, jugada, moderna. Rock fueron Los Beatles, que más allá de que un clásico de calidad perdura en el tiempo, hoy sus letras de amor, sus acordes y look serían motivo de burla y bullying. Rock fue todo el rock literal de esa época.

Y, aunque no nos guste, los géneros se extinguen, pasan de moda, dejan de gustar o de ser atractivos para las masas y el comercio; pero hay algo que no se pierde, que nos se puede apagar, que nos se puede controlar, ni comprar, ni vender: el sentimiento. El sentimiento de vértigo, de exuberancia, de excesos, de vida, de vibra, de locura, de frenesí, de descontrol… básicamente y resumido en un solo envase: el sentimiento de juventud. Esto es algo que, lógicamente, jamás se va a extinguir. ¿Y dónde está esto? Lo estuvo hace algunos años en el pop post rock, luego en la música electrónica y ahora, por ejemplo, en el trap.

Sí queridos amigos… nos guste o no, “el rock” está donde está la juventud, no donde está la excelencia musical o la armonía. Es “agua de otro pozo” ponernos a discutir sobre la calidad musical, el profesionalismo o la profundidad de un estilo y su construcción técnica. Además, sinceramente, tampoco hay mucho para discutir; cualquiera puede darse cuenta de que la música popular, con el pasar de los años, va adquiriendo mayor simpleza lírica y melódica, pero eso, en esta nota, no es lo que importa. ¿Se imaginan la porquería que le debe haber parecido a Frank Sinatra la música de Mick Jagger o Jhon Lennon?, ¿qué opinaría Nat King Cole de Robert Plant?, ¿le habría gustado Kurt Cobain a Elvis Presley?, ¿escuchará Axl Rose a David Guetta?, ¿Prince habría grabado un tema con Daddy Yankee?

Me había cansado de bastardear al trap y a los ídolos populares (y comerciales) de este género, hasta que un día mi amigo y socio Ángel, que tiene varios años menos que yo, me dijo “vos criticas sin saber”. Entonces nos tomamos una tarde y me presentó el género desde otro lado, no desde el comercial, sino desde él como fanático, así como yo lo soy del rock y siempre supe qué recomendar. Me hizo escuchar a Outkast, Dreffquila, Drake, Kid keo, Dillom, Ms. Nina, Catriel, Don Turco, Pxxr Gvng, Kaktov, Pimp Flaco, Yung sarria, Anuel AA y varios más y, si bien no fueron de mi total agrado, siendo realista y consiente, caí en la cuenta de que sin duda alguna ahí estaba ese mismo sentimiento que me había movido a mí en mi adolescencia. La frescura, la rabia, la furia… ellos eran “el rock”.

Seguramente esos chicos, con sus caras tatuadas, sus pantalones colorinches, sus pelos ridículos y su filosofía de vida, al cumplir cuarenta o cincuenta años sean como estos “dinosaurios del rock” que hoy sólo conmueven a los de mi generación. Y sin dudas no se va a seguir haciendo nuevo trap, como no se hace nuevo rock, porque la juventud va a estar en otro lado.

Es muy difícil que un genero renazca, puede que aparezcan eximios exponentes, que muevan a públicos selectos pero imaginemos algo… ¿podría llenar estadios, estar en el top chart mundial, ser idolatrado por las masas e impreso en remeras y posters un grupo nuevo de blues?, ¿podría convocar locas multitudes un grupo moderno pero como Led Zeppelin (están los “Greta van fleet” que son buenísimos pero no tienen ni la sombra de un legendario grupo de rock)?, ¿podría un folclorista joven explotar las radios argentinas y viralizarse astronómicamente por YouTube? No… yo creo que no.

El rock no ha muerto… se ha extinguido como género, pero el espíritu del rock está en la nueva música y va pasando de generación en generación.

 

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