Estamos matando a nuestra madre

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Esta nota está llena de quejas. Sí, de quejas. No me importa que no les guste, pero estoy enojada. Enojada porque estamos matando a la madre de todos, tu mamá, mi mamá, la mamá de mis hijos, estamos matando a la madre tierra.

Enojada porque el planeta tierra se prende fuego y parece que a nadie le interesa. No veo que cuiden los bosques, ni las playas. Y no hablo de Marbella, o Florida. Hablo de Mar del Plata, del dique Potrerillos, de la acequia de tu esquina. Esa total falta de amor por el aire que respirás, que tirás una bolsa llena de mugre mientras vas manejando por la ruta. Mugriento, sucio.

No te importa meter la colilla del cigarrillo en un cesto de basura, menos te va a doler tirarla en un lago cristalino.

Ni siquiera pensás en el daño que hacés al usar tu autito para ir a comprar a un kiosco que te queda a dos cuadras, porque no tenés ganas de caminar, vago.

Somos una especie nefasta, destructiva y asesina. Descuidamos a quien nos dio la vida. Nos damos el gusto de hacer un asado al costado del lago Potrerillos porque está buenísimo disfrutar de la naturaleza, pero sería hermoso que la cuidáramos también y apaguemos los restos del fuego como corresponde y dejemos el lugar limpio para que otros puedan también disfrutarlo, ¿no? Me cansé de levantar basura ajena cada vez que voy. Botellas de vidrio rotas con las que cualquiera se puede lastimar; bolsas de plástico que tardan miles de años en degradarse y que si caen al agua pueden matar peces; latas, pañales… ¡Pañales! ¿Qué clase de mujer sos si tirás pañales con la caca de tu hijo en un lugar público? No se degrada, amiga; ponelos en una bolsa y llevátela a tu casa; no estás alimentando a la naturaleza, la estás contaminando feo; seguro querés que cuando sea grande pueda disfrutar él también del lago. Hacelo por él, no te digo que ni siquiera lo hagas por vos.

Lo escucho a Trump negando la existencia del cambio climático mientras gasta millones en matar pueblos enteros en vez de usar ese dinero para incentivar a las empresas a disminuir las emisiones de CO2. Líder de un montón de yanquis incultos y adictos a los transgénicos que aplauden como monigotes a un patán que nos condena a todos a una realidad de egoísmo y odio.

Países del primer mundo contaminando de forma desmedida y nadie hace nada. Nada. Todos los países adhieren a los protocolos de medioambiente menos ellos. Pero a Greta Thunberg le dan con un palo por ser una pendeja “rebelde” cuando, en realidad, tiene más coraje en sus ovarios del que jamás podrán tener esos peces gordos que se manejan como capataz de estancia. Ella se la banca, no le importa pasar frío luchando por el futuro de todas las próximas generaciones. Tiene diecisiete años, hablame de sangre en las venas. Mientras que vos, Marta, te regás todo el jardín a cualquier hora porque “tiene que estar verde». Tenés tres horas la manguera abierta para limpiar la vereda y pensás que Greta es una nena caprichosa.

Dejate de joder, ¿querés? Y dejate de romper todo lo que tenés a tu paso. Cada pequeño cambio puede hacer la diferencia. Y esa es una frase re usada, pero es muy clara. Armate una compostera en tu casa, cavá un pozo en la tierra y ahí dejás todos los desechos orgánicos. En ese momento te vas a dar cuenta cuántos desperdicios generás día tras día. Devolvele a la Pachamama algo de lo que te da. No seas zángano.

¿Vas a la montaña? Llevate toda tu mugre y apagá bien las brasas antes de irte. ¿Vas al mar?, levantá todo, no dejes nada, ni siquiera enterrado. ¿Vas al bosque? no escribas tu nombre en algún árbol, a nadie le importa y la mejor huella que podés dejar ahí es el respeto por lo que ves. Sé maduro, responsable y agradecido, ese árbol te da el oxígeno.

Sí, estoy enojada y cansada. Quiero ver más personas que preserven y no que cuestionen tanto. La idea es cuidar a nuestra primera madre, la Madre Tierra. No es tan difícil. Hay pequeñas, pequeñísimas cosas que podemos hacer:

¿Sabías que con tres baldes de agua podes lavar un auto completo en vez de tener una hora la manguera abierta? Sí, querido, tres baldecitos no más.

Cuando te laves los dientes, no dejes el agua abierta mientras te cepillas.

Hacé catarsis y karaoke en cualquier momento y lugar, pero no en la ducha. Esos cuarenta minutos que estás bajo el agua representan una cantidad exorbitante de agua. ¿Sabías que podés bañarte en un minuto y medio?

No tires mugre mientras manejas, guardá la basura en esas bolsas super cool que se encajan a la palanca de cambios y obviamente no tirés la bolsa por la ventanilla cuando se llena, usá las neuronas por favor.

Llevá tu bolsa al supermercado y aportá a la disminución de este plástico nocivo.

Investigá cómo calefaccionar y refrigerar tu hogar de manera más sustentable, vas a gastar muchísimo menos plata y a aportar al medio ambiente. Con el simple hecho de poner el aire en 25º o dormir destapado concilias el sueño y ayudás.

Si podés, cambiá el auto o la moto por la bici; no solamente vas a adelgazar y tener salud sino que el tanque de combustible te va a durar más y vas a aportar a disminuir el calentamiento global y purificar el aire; encima es económico.

Planta un árbol, o dos, o todos los que puedas.

Tratá de usar menos papel, hoy en día está todo informatizado en nuestras compus, no seas cavernícola.

Si no te importa tu futuro, al menos hacelo por tus hijos, sobrinos o nietos; o por tu mascota si te va más. Vos te vas a morir, pero hay miles que siguen llegando a la vida y no es justo que se les niegue el maravilloso placer de sentir el aroma de un montón de árboles en un parque, una playa limpia, con colores azules y bichitos nadando. Una montaña preciosa, repleta de plantas y de alguna que otra vertiente. El bello sonido de un río turbulento de furia, con cangrejos escondidos entre las piedras. No les niegues la posibilidad de deslumbrarse con un atardecer perfecto y tranquilo.

Cuidala y hacela tuya. La Pacha es de todos.

“Si la miras como a tu mama
quizás nos cambie la mirada
y actuemos como el que defiende a los suyos
y a los que vienen con él…”

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