Mi primera vez… en el casino

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Después de un medio día agitado en la facultad, me subí al auto sin saber muy bien a donde ir, por que el ambiente en mi casa estaba medio caldeado. Cualquier persona normal hubiese ido   almorzar, pero no era mi caso. Tenía unos pesitos en el bolsillo del ambo, algo de nafta en el auto, pero ningún cuerpo para invitar a dar una vuelta (algo que me caracteriza hasta el día de hoy).

Dando un par de vueltas sin saber qué hacer, me tope con un lugar en el que la gente como yo no tiene que ir… era el casino señores. Estacioné el auto, puchito y entré. Todo nuevo para mí, las luces, la música irritante de las maquinas tragamonedas, gente rara etc…

Como no sabía mucho del tema, me mandé después de 5 minutos de observación en una ruleta electrónica, de esas que apostas en pantallas táctil pero tenes la ruleta física ahí, me decidí a invertir el capital que tenía en ese momento, aproximadamente 95 pesos argentinos (con el tipo de cambio de esa época unos 7 dólares). No era mucho, pero si se sabían invertir podían ser muy generosos, obvio que fui con la mentalidad de perderlos ya que no sabia nada, ¡era mi primera vez!

A mi lado se puso un flaco que la tenia clara aparentemente, hablaba de rachas, combinaciones, etc. Me dispuse a observarlo y el tipo le hizo a la maquina 16 mil pesos argentinos con tan solo 200 pesos invertidos. Pensé “guauuuu que crack”, me puse a seguirle las jugadas y a mi parecer la maquina aprovechó que los dos apostábamos lo mismo  y empezó a tirarle la lógica de este flaco por la ventana, él perdió todo, a mi me quedaban 20 poderosos pesitos.

Lo miré con cara de “¡Como no te fuiste hermano!” El tipo me dijo que si le daba los 20 pesos para apostar lo que sacara iba a ser de los dos, pensé y bueno… perdido por perdido ya fue, ¿quién te dice?

Él empezó a mandarle mecha e increíblemente empezamos a ganar, ¡¡¡llegamos a 25 mil pesos y ahí empezamos a perder!!! Obviamente el grado de ambición de él no era el mismo que el mío, yo feliz de la vida. Con 12.000 pesos en la “banca” decidimos irnos, fuimos a cobrar y si… era verdad, entré con 95 mangos, le di 20 pesos a mi compañero y me iba con 6 mil.

Nos fumamos un cigarrillo en la puerta e intercambiamos números con el flaco, él entraba a trabajar y yo bueno… a pensar en que gastar las 6 luquitas. Me fui a casa, esa plata me hizo olvidar mis problemas por un rato.

A la semana aproximadamente me manda un mensaje diciendo si quería acompañarlo a otro casino a probar suerte, ¿qué podía perder? “La última vez que lo vi me fue joya”, pensé. Así que emprendí el viaje. Llegué al otro casino y nos encontramos, charla va, charla viene, fuimos a lo nuestro. Nos instalamos en una sola máquina, hicimos un fondo común y “que sea lo que dios quiera” me dije.

Empezamos bien, muy bien, hasta que en dos jugadas quedamos al borde del abismo, era irnos y llevarnos algo de plata o apostar todo y rezar por que nos salga…

En esa situación dramática levanto la mirada y veo a una cara conocida. Esa cara conocida era la de mi viejo, pensé “bueno esta boludeando un rato”, pero no era así, él estaba con otra mina… con su amante. Imaginen la cara que puso cuando me vio e imaginen la mía.

En ese momento exacto miro la ruleta de nuevo y veo que perdimos todo… ley de Murphy.

Enojado y angustiado por esas dos situaciones de mierda me arrimo a mi viejo a saludarlo, me dijo — Hola Poroto, ¿qué haces acá?

— Lo mismo que vos, vine a probar suerte — le respondí, un beso y me fui obviamente mal por lo que había visto y por lo que había perdido. Pero lo peor estaba por venir…

Cuando llegué a mi casa, el muy hijo de puta de mi viejo le dijo a mi mama que me había echo la rata de la facultad para ir al casino con mi novio y que yo era gay.

Fin.

Escrito por PMJ para la sección: