Verano: la estación preferida del Diablo

Hay cosas que son indiscutibles, como los milagros de Jesús, los estigmas, la importancia de la castidad prematrimonial o el pase asegurado de todo científico a lo más profundo del infierno. Que el verano es la estación preferida de Belcebú, es una de ellas.

Partamos de la base que no puede ser buena una estación que hace alusión a mirar traseros (“ver”: del verbo observar, “ano”: palabra sucia), así que el espacio para discusión con los enemigos de la iglesia pierde amplitud claramente. Hay cientos de similitudes entre el verano y el infierno, lugar tan acogedor para el Diablo, los montoneros, los ateos, las reggetoneras y los integrantes de toda banda rock (sobre todo los guitarristas)

He aquí algunos sencillos y claros ejemplos de porqué el verano es la estación del diablo:

Predomina el calor, como en la guarida del Mandinga, donde el fuego es eterno, como el sufrimiento.

Se le rinde un culto pagano al sol, que es un pedazo de tierra prendido fuego girando alrededor de la tierra, nada más que eso (indiscutible).

Los hombres andan con el torso desnudo, ni hablar del pecado absoluto en el que ingresan quienes usan esos desubicados trajes de baño ajustados y cortos, los cuales marcan las partes íntimas y promocionan el sexo prematrimonial, anticonceptivo y de consecuencias imperdonables.

Las mujeres andan en ropa interior de colores, impúdicas y pecadoras. Porque no me vengan a mí con el cuentito de que esas bombachas y esos corpiños se pueden llamar “mallas”. Malla es la que cubre desde las rodillas, hasta el cuello, protegiendo la dermis del pagano sol y el alma de las miradas diabólicas de obreros de la construcción y demás hombres alzados, cual animales.

Se sale más de noche. Todos sabemos que la noche está hecha para descansar, puertas adentro de nuestro hogar, porque la noche es mala (por eso rezamos antes de ir a dormir). Entonces… ¿Por qué el verano tienta al hombre a tener vida nocturna ajetreada? Pues porque el Diantre actúa de manera libertina, tentándonos a escuchar música fuerte, bailar, abrazarse, mojarse las remeras y todas esas cosas sucias.

Somos tentados a ingerir bebidas alcohólicas. Es de popular conocimiento que la única bebida alcohólica reconocida y aceptada por el Vaticano es el vino consagrado, y el mismo debe ser bebido solamente los domingos, junto a la ostia en la eucaristía. Cualquier situación que lleve al hombre a beber cerveza, vino, ferne-cola, vodka, ginebra, ternuva, capri o cualquier infusión de la marca “Peters”, es pecado y será ajusticiado por la gracia divina. El calor del verano lo ha hecho el diablo para que gente bien (católicos) se mezcle con jóvenes rock, ateos, masones, profesores de matemáticas (¡qué miedo!) y gente de la noche (bolicheros, farándula, bailarines, barmans, patovicas y musculosos de lentes).

Se utilizan focos de agua para refrescar el pecado. El católico se debe refrescar dándose una ducha en su casa y colocándose una túnica a la sombra. Es obvio que es el pecado el que llama a la gente al mar, los ríos, los lagos, las lagunas, las fuentes de la plaza, los zanjones o cualquier charco de agua, pues porque allí se ven las pieles, reina el descontrol, se fomenta el apareo indigno y el consumo de brebajes etílicos.

El calor nos obliga a cortarnos el pelo, haciéndonos cortes ordinarios que simulan a esbirros del infierno, rapados los costados, crestas, rastas, jopos, trenzas y flequillos.

Y lo peor de todo (lejos): el verano es sinónimo de vacaciones, y las vacaciones son sinónimo de uno de los peores pecados capitales: la holgazanería. La biblia dice que el único día que podemos dormir hasta las 9 de la mañana e incurrir en una pecaminosa siesta es el domingo. Todo para estar lúcidos y frescos al momento de visitar la casa de nuestro Señor Jesucristo y así poder contribuir monetariamente a la lucha contra las fuerzas del mal.

¿Qué debo hacer como católico para evitar el verano?

Es muy difícil para el católico promedio evitar del 100% estos tres meses. Quienes tengan una posición económica cómoda se les recomienda viajar hacia algún país del norte (evitar los países del norte de Europa ya que ahí reina el metal pesado todo el año y eso sabemos que es lo peor) o refugiarse en el vaticano (contribuyendo como es debido). Para la mayoría, clase media y baja, les dejo algunos consejos:

Volver a casa con el ocaso y no salir hasta el amanecer.

Hombres: los días de “vacaciones” hacer trabajos comunitarios en la parroquia más cercana (asados, pollos a la parrilla, organizar peleas de gallos y timba)

Mujeres: acudan en sus diminutos trajes de baños a las iglesias para ser purificadas por la lanza llameante de nuestros curas.

Aléjense del sol, usen túnicas que cubran todo su cuerpo e instálense frente al ventilador y el tele a disfrutar de toda la grilla del canal católico.

Poner en penitencia a los niños, en sus dormitorios, hasta que tengan que volver al colegio.

Alejarse del fuego, salvo en el caso de la quema de discografías de OneDirection, Metallica, Nigthwish o de cualquier libro de Darwin o Marx.

No darle el gusto al diablo pronunciado la palabra inventada por él para esta nefasta estación (verano) reemplazándola por “mirartraseros”, “observarcolas” o simplemente “la estación hereje/pagana

Ceder las vacaciones laborales y ese excedente monetario donarlo a la entidad eclesiástica más cercana.

Bueno hermanos, ¡sabemos que es una tarea muy difícil evitar estos diabólicos tres meses!, pero es necesario de urgente. Es muy fácil caer en la tentación, pero recuerden que hasta Jesús se bañaba con túnica… ¡y eso que en Jerusalén el calor era sofocante!

Es indiscutible que el diablo habita en mirartraseros, ¡así que fuerza y a rezar más que nunca!

¡Abrazo católico!