Una noche ardiente en la playa

Una de las ventajas que ofrece el verano para aquellos que vivimos cerca de la playa, es que te permite divertirte tomando unas buenas bebidas frente al mar, mientras te relajas con la vista maravillosa de la naturaleza, teniendo la posibilidad de conocer gente linda y amigable que está en tu misma sintonía.

Lo de ese día no fue algo premeditado, incluso, nunca había tenido el coraje de hablarle a una mujer en un lugar público como aquel, sin ningún tipo de conexión previa, pero el bronceado de ella, junto con el reflejo del sol y del mar sobre su piel, hicieron que los 26 grados que hacían ese día subieran a unos 35 por su simple presencia en la playa.

Ese domingo playero, en una de las playas más lindas de Florianópolis, marcó un antes y después en mi vida, al poder cruzarme con aquella mujer de cabellos rubios. ¿Su nombre? Vamos a dejarlo en incógnita, tal vez por protegerla a ella, o tal vez porque mi deseo es poder admirarla yo solo, aunque la belleza de ella sea tan grande, que me quede grande para poder admirarla.

Yo estaba con un grupo de amigos, con los que normalmente voy a la playa y, a pesar de que nos estábamos divirtiendo con música y unas cervezas, sentí que debía dejarlos por un rato y hablarle. Fue un impulso, aún sin saber si ella había notado mi presencia hasta ese momento.

—Hola —, dije, y casi hago el ridículo de una manera increíble porque no supe qué más decirle al ver como ella me miraba. Fue su perfume, que a pesar de que ya había entrado al agua, aún mantenía ese aroma que me desconcertó y me impidió de utilizar algún chamuyo elegante para dar vuelta la situación. Ella sonrío, y en un portugués con un acento lindo me preguntó si quería entrar al agua con ella. Mi cara, paralizada, un poco sonrojada por la situación sonrío y le dije —sí, vamos.

— Estaba esperando você falar comigo —dijo ella. A pesar de que hablo bien portugués desde hace años, al principio no pude pronunciar muchas palabras, pues no era algo que me esperaba, pero de un saque le dije…

— Estaba esperando el momento perfecto, creo que lo encontré.

Con un poco de chamuyo y un poco de verdad lo dije, pues el día estaba casi llegando a su fin con la puesta del sol, y era el momento en que la mayoría se regresara a sus casas, tal vez para salir o simplemente para quedarse con amigos y familiares descansando. Sin embargo, para nosotros el día/noche estaba comenzando.

A pesar de que la noche se aproximaba, el agua estaba muy cálida, lo que nos permitió quedarnos por un tiempo allí, disfrutando de las intensas olas de Praia Mole, junto con una buena conversación. Hablamos de todo, de la vida, de trabajo, de amores, de amigos en común, de mi ciudad, de como ella llegó a Florianópolis, en fin, de muchas cosas. Nuestros amigos nos llamaron algunas veces para decirnos que se iban, sin embargo, optamos por quedarnos los dos solos, continuando la conversación, fue allí donde me di cuenta de que es por algo que a la capital de Santa Catarina le dicen “la Isla de la Magia”, pues algo me atrajo a ella, a la playa y a ese exacto momento.

Llegó el momento en el cual tocaba despedir al sol y quedarnos en las penumbras de la playa, que de a poco estaba quedando desierta. Fue justo cuando una ola nos acercó y casi la tumbó, lo que hizo que yo reaccionara y la sujetara para no caerse. Ella me abrazó por los hombros y nos conectamos por un segundo, en el cual empezamos a besarnos, donde mi lengua seguía el ritmo del mar dentro de su boca y nuestros labios mezclaban el salado del agua con el dulzor del contacto.

El agua comenzó a refrescar, junto con un viento un poco más fuerte, que por unos instantes lo ignoramos, pues el beso estaba siendo simplemente delicioso, sin embargo, luego optamos por continuar con la conversación acostados en la arena.

Ya con casi nada de gente en la playa a nuestra vista, nos acostamos en la arena y encendimos un porro que ella traía, para relajarnos y continuar la conversación. Eso nos puso más cariñosos el uno con el otro, comenzando a besar no solo la boca, sino también el cuello y la nuca de uno y de otro, ya solamente con la luz de la luna como espectadora de nuestro intenso encuentro nocturno.

Ella me dijo, — pode parecer de filme, mas eu quero entrar na praia e tomar um banho no mar de Floripa pelada com você—. No hace falta aclarar que mi tensión sexual aumentó de forma súbita al momento de oír esas palabras salir de su boca. Sin embargo, por los efectos de la marihuana, todo se hizo en cámara lenta, permitiendo que nos sacáramos la poca ropa que teníamos con sutileza, junto con algunos besos por diferentes partes del cuerpo.

Nos desvestimos y con un brazo ella se cubría sus senos, más por instinto que por vergüenza, con la mano libre se agarró de la mía y fuimos corriendo hasta el mar, donde una ola nos derrumbó y caímos juntos al agua. A pesar del viento, no estábamos con frío y nos empezamos a besar, ya en contacto total de la piel de uno con el otro. Ella sintió mi excitación y empezó a masturbarme, mirándome de una forma que me hacía crear mil historias en mi cabeza, que rápidamente se convirtieron en realidad cuando me dijo, — no mar não vamos conseguir fazer tudo o que quero fazer com você esta noite.

Regresamos a donde estaban nuestras cosas en la arena y nos acostamos, para continuar besándonos, ya esta vez yo arriba de ella, lo que me permitió descubrir que los besos por el cuello eran un punto sensible, sin embargo, al acariciarla levemente en el clítoris pude descubrir que ella estaba sintiendo mucho placer por la mordida de labios que me dio.

Continué acariciándola por varios minutos, donde cada bocanada de aire que emanaba era placer para mis oídos, mientras que iba sintiendo como mis dedos estaban empapados por la excitación de ella, cada vez con un flujo más y más intenso.

No faltó mucho para que ella estuviera casi al punto de llegar al orgasmo, sin embargo, ella me sacó la mano, de su vagina y empezó a chuparme el dedo, le excitaba sentir su propio gusto, lo que me dejó aún más excitado para el momento que se nos venía. En un leve movimiento, ella se subió arriba mío y se acomodó para que la pudiera penetrar.

Creo que no hay momento tan placentero como aquel en el cual dos cuerpos se encuentran en la penetración y ese intercambio de miradas representa el éxtasis de la razón de vivir que los humanos buscamos.

Ella se movía lentamente, pareciendo que lo hubiéramos practicado juntos durante años y en cada oscilación de su cuerpo sentía como estaba más adentro de ella, sintiendo como su vagina lagrimeaba placer sobre mi pene.

Le saqué de una mordida su bikini, para así poder besarle sus senos, con un lengüeteo sobre sus pezones, intercambiando uno con el otro, lo que la dejaba más excitada, tanto que estuvo al punto de llegar al orgasmo, por lo que quiso parar y cambiar de posición así, me pidió que yo vaya por arriba de ella.

Abrazados, continuamos en la penetración, de una forma un poco más rápida y excitante en este momento, pudiendo llegar a sentir toda su piel interna, ella sentía como estaba muy adentro y en algún momento hasta gimió de dolor, pero eso a ella le gustaba.

La agarré de la cabeza y la besé intensamente, acompañando con el movimiento de caderas y sintiendo mi sudor con el de ella sobre nuestras panzas y piernas, solamente con el mar de testigo de nuestro encuentro. Sin decirme nada ella empezó a morderme el labio y comenzó su orgasmo, que duró casi un minuto, donde empezó a sacudirse fuertemente, casi escapándose mi pene de dentro de ella por todo el movimiento que hacía, gimiendo y hasta llegando a gritar mi nombre entre intervalos de respiración profunda. Cuando ella estaba casi terminando su orgasmo, mi excitación había llegado a su punto máximo y empecé a eyacular, fue el momento cuando ella sintió un poco más de dolor, mi pene estaba en su máximo de tamaño y muy adentro de ella. Fueron unos 10 segundos donde eyaculaba y eyaculaba mientras le sujetaba la cara y creé esa imagen que mantengo hasta hoy del reflejo de la luna en sus ojos extasiados de placer en la noche sexual más intensa de mi vida.

Escrito por FC para la sección: