Pequeñas escenas innecesarias sobre la desnudez

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Desnudo, sobre un caballo desnudo bajo la lluvia torrencial.
Kobayashi Issa

Vemos un telón de paño verde musgo, brillante y omnipresente, se abre lentamente. Sobre el escenario hay una silla, una silla simple, de madera simple, con una apariencia simple. Una luz dorada, ambiental y suave como un haiku ilumina el cuadro.

Estamos desnudos cuando nacemos, sólo placenta y llanto; el llanto nos sigue acompañando durante toda la vida y también chorreamos placenta de nuestras sienes.

Un desnudo puede ser frágil o contundente, se desvanece como con un soplido o permanece inmarcesible como el mármol.

Puede ser un médium para dos circunstancias, para el sexo o para la soledad.

Es tener la piel sin antifaz.

Es brujería pues nos viste de cielo y de horizonte.

Las vírgenes pacatas y las putas deliciosas están desnudas.

Se puede estar desnudo frente al lente 50 mm de una Hasselblad 500 y dejarse acariciar por el click del obturador de la cámara.

Otra posibilidad, que tiene dos variantes, es la de caminar desnudo en la calle, por no tener prejuicios o por cabalgar en la locura.

Es posible estar desnudo en un circo, domando leones, haciendo funabulismo sobre una cuerda desnuda; pero nunca se puede estar desnudo en un circo dentro de una caja mientras el mago nos corta por la mitad, pura lógica.

Nos podemos bañar desnudos, obviamente, de qué otra manera nos podemos bañar, y cuando estamos en el éxtasis del agua caliente y la espuma en tan sólo 45 segundos, divididos en 78 tomas y 52 cortes (Atento spoilers) Norman Bates, disfrazado de su madre nos apuñala repetidas veces y nuestra sangre, en blanco y negro, se va galantemente por el resumidero de la ducha.

Una multitud desnuda puede caminar en un éxodo psicodélico y megalomaníaco, o, también andar en romería repartiendo chismes entre sus participantes mientras dan paso tras paso.

Nacemos desnudos y, quizás, moriremos vestidos.

Sobre la silla simple de madera simple con una apariencia simple hay una flor roja, también simple, cosa extraña. Lentamente la luz dorada va decreciendo hasta dejar al escenario completamente a oscuras. Se cierra el telón, nadie aplaude porque no hay nadie.