Crónicas de un forro pinchado (a todos nos puede pasar)

Vieron que siempre uno se encuentra con alguna mina, o un hombre, que le falla un poco, que tiene algún tipo de problema , que le encanta todo de vos y a la vez sentís que podría llegar a matarte, que le gusta chuparte la oreja y hacer como un pato pequinés cuando acaba (¿o no?… ¿no?). Y siempre (o en mi caso) esa locura automática que tiene te vuelve loco/a.

Parecía una mina común, buena onda, teníamos gustos muy parecidos, compartíamos muchas cosas. Un día chateando decidí invitarla a salir. Quedamos, nos encontramos en un bolichito de la Arístides. Desde el primer hola me di cuenta que estaba revirada, pero me gustaba eso. Es como cuando te rascas los huevos y después te sentís el olor, es asqueroso y desagradable pero nos gusta y ¡siempre lo hacemos!

Bueno, les comento que en la primera salida ya nos habíamos besado intensamente, no pasó nada más que eso (le rogué por un hands job pero se hizo la rica). Me tenía enganchado, obvio, este tipo de personas tienen esa capacidad de manipularte como se les da la gana. Estaba claro que la tenía que llamar de nuevo. Después de invitarla a tomar algo (a lo cual acepto de toque) me dispuse a afeitarme todo el cuerpo; vamos, todos sabemos que a las locas así les desagradan los peludos y chupan hasta la última gota del cartón de Ades.

Esta vez fue en la San Martín. Las pizzas muy ricas, vinito que va, vinito que viene, hablamos de todo un poco, pero a mí no me importaba el “todo un poco”. O sea, ya me había depilado full body ¡quería ponerla!  Así que agilicé el trámite y encaramos para el telo. Ni le pregunte si quería ir, pero con estos especímenes las cosas no se preguntan, lo que importa es la iniciativa, son receptores de convicción. Llegamos al primero, si, al primero porque salía muy caro y no podía pagarlo, entonces llegamos al segundo telo en cuestión, un poquito más barato pero con buena onda.

Ella se hacia la loca, pero al principio arrugó, entonces tuve que empezar laburando todo yo solo. Hasta que desperté al dragón de Komodo que sabía que tenía adentro. Empezó todo muy húmedo, vertical, después no tanto, vertical de nuevo, fricción, humedad, horizontal, cariño, humedad, vertical friction (¿pulp fiction?) y líquido. Bueno, en algún momento tenía que acabar, tampoco me la voy a tirar de duracell. Ese no fue el problema, y acá llegamos al nudo, al mueble que te rompe el dedo chiquito del pie… la saco… y el forro parecía haber vuelto de lidiar con un apocalipsis zombie. Destruido estaba el pobrecito. Lo puse en la canilla y parecía una regadera, baleado el vago. Traté de mantener la calma, se lo mostré, me acosté en la cama y le dije:

– Che, Meli, que bajón esto.

– Si mal, pero bueno no te hagás problema, si igual, creo que hoy no estoy ovulando.

– ¿C…cómo?

– Claro, hoy no estoy ovulando, mañana ya si… ¡Ay pero si ya son más de las doce!

– ¿¡Entonces estas ovulando!?

– Si, lamentablemente…

– Bueno tampoco es el fin del mundo, ahora a la vuelta compramos la pastilla y listo, si es re segura esa mierda.

– ¿Vos estás loco? Ni en pedo me tomo eso, esa pastilla es abortiva, no me la pienso tomar nunca en mi vida. Aparte, te hace cagar el organismo.

(ESTADO DE ALERTA ABSOLUTO CUASI-DEMENCIA.)

– Bueno, a ver si nos entendemos… no hay otra posibilidad, te tenés que tomar la pastilla, o ¿querés tener un pibe?

– Y… si es lo que me toca, mal año, lo aceptaré

(DEMENCIA)

– ¿¡COMO!?

– Como te dije, no me pienso tomar eso, y bueno, lo más probable es que quede embarazada, roguemos tener mucha suerte…

(DEMENCIA SENIL)

– ¡No me podes estar diciendo esto! No quiero tener un hijo ahora, ni loco, ¿Vos sabés lo que es tener un hijo a esta edad? Significaría que tendríamos que dejar la facultad, yo ponerme a laburar, vos rascarte la concha angustiada en un sillón ¡Tus viejos! Tus viejos se vuelven locos, me quieren pegar, me pegan, tu hermano me rompe el orto, mi viejos me echan, consigo laburo en el vea embolsando productos, las viejas supermercaderas me tiran onda, me garcho una vieja porque ya paso la menopausia (en realidad porque estoy caliente y me da cosa coger con vos por miedo de tocarle la cabeza al pibe con la punta)¡¡¡ y no puedo tener una hijo con ella!!! ¡¡¡Te das cuenta!!!

– Me estás asustando Optimus…

– Y asustate sabés porque esa pastilla te la voy a  dar por las buenas o por las malas.

Imaginense mi estado para ese entonces ¿Qué hacía?

  • Opción A: le meto una piña, la dejo desmayada, la subo al baúl del auto, compro la pastilla y se la meto en la boca.
  • Opción B: al otro día la invitaba a tomar un trago carísimo en Johnny B Good, soborno al mozo y le digo que le meta la pastilla molida en el trago.
  • Opción C: llamar a mis viejos contándole lo sucedido y que me ayuden a matar a la chica.
  • Opción D: convencerla de que tengo SIDA y de que como se había roto el forro ella podía estar contagiada, pero que la pastilla del día después contrarrestaba el efecto y salvaba a nuestro posible hijo de ser como el amigacho.
  • Opción E: volver manejando y justo antes de chocar contra un poste le saco el cinturón de seguridad. Si muere joya y si queda inconsciente le meto la pastilla.
  • Opción F: huir como un fugitivo al Uruguay y cambiarme la identidad.

A pesar de que las opciones eran muy buenas, estaba indeciso. Me bloqueé, y mientras ella estaba en el baño arreglándose para la vuelta, me escapé del telo. Decidí directamente evitarme el drama e irme a tomar una cerveza con los pibes.

Hoy en día no sé si hay algún niñito por ahí que es hijo mío, pero la estrategia funcionó muy bien, la mina quedó tan asada que ni me llamo y nunca supe más nada de ella ¡La vida me sonríe y soy muy feliz!

Mentira , la maté.

¡Esa, Se la creyeron! En realidad ahora vivo con ella cagado de hambre, tuve que saquear un átomo para darle de comer al pibe.


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