Déjame ser parte de esa locura

Mis amigos y conocidos siempre se quejan (y van a quejarse) de mi forma de ser reservada. Siempre piensan que estoy ocultando algo, cuando en realidad la mayoría de las veces es que no me gusta hablar de la privacidad o simplemente no me gusta revolver historias del ayer.

Hoy para ellos y para todos, voy a usar esta hoja en blanco para desprender alguna anécdota que una canción ha traído a mi mente.

En mi vida me han tocado vivir cosas extrañas en un corto tiempo. Debo admitir que del noventa por ciento de lo vivido he sacado el mejor de los provechos y me ha servido a lo largo de la cotidianeidad. Pero si debo recurrir a la memoria para traer a colación una de las historia más curiosa, he de hablar de la noche que salí con una mujer de peculiar características.

Sin dejar nada al descuido, recurrí al teléfono que ella anotó días antes en una servilleta. Mi destino era conciliar una cita como cualquier otra…tal vez tratando de encontrar lo que todos buscan. O tal vez me sentía solo esa noche. Sinceramente no lo recuerdo.

La hora concertada y el lugar acordado. Una cena tranquila. Su edad era apenas un poco más que la mía y sus dotes de madurez dejaban al descubierto que en ese aspecto podría yo dar pelea.

Todo transcurría normal, pero en un movimiento repentino que violaría cualquier regla del “manual de las salidas”, rompió el silencio de la cena con un beso. Mis sentidos desatentos no entendieron absolutamente nada, pero mis instintos de varón siguieron el curso.

Cuando los labios se despegaron, ella bajo la mirada y siguió entretenida en su cena. Mis ojos desorbitados trataban de buscar rápidamente una continuación a su hazaña, pero en mi mente no se encontraba nada. Todo estaba en blanco, como si fuera un adolescente en su primera cita. Estaba nulo, pero me encantaba lo que estaba pasando.

No dije nada, bajé la mirada y seguí comiendo. Reí. No sé porque reí, pero lo hice de alguna forma para llamar su atención.

Lo Logré.

Otro beso llegó rápidamente a mis labios. Esta vez supe cómo actuar y un abrazo de mi parte fue lo segundo en entrar en juego.

De más está decir que la cena se basó en comer nada y hablar poco. Lo principal y curioso (sobre todo curioso) fueron esos casi cronometrados arranques de extraña pasión. Como pareja que estuviese en plena celebración de aniversario, la noche se basó en besos y nada más.

Salimos del lugar y caminamos juntos por las avenidas céntricas sin dejar de repetir el acto una y otra vez.

Horas interminables pero nada cansadoras. Cualquiera lo miraría como algo aburrido, pero quien no lo ha experimentado no lo ha vivido. Y si no lo ha vivido no puede criticarlo.

La acompañé a su casa y al más cursi estilo, la observé cómo se marchaba por el umbral hacia su aposento. Di media vuelta aún algo confundido, pensando casi instantáneamente en ese futuro que uno arma de la nada.

Caminé no más de treinta pasos cuando sentí que alguien venia corriendo detrás de mí. Me di vuelta y la vi acercarse. Me volvió a sorprender con un beso mientras por lo bajo me regalaba un papel que paso de su mano a la mía. Un papel que leí recién varias cuadras después. Un papel que aún guardo y que recita:

“Al chico que besó una y otra vez mí noche, pero que no voy a poder tener nunca una noche para mí. Perdón y gracias”

Quise volver a su casa esa misma noche, pero algo dentro de mí impidió que lo haga. Decidí dejar pasar el alba y llamar por teléfono al día siguiente. Necesitaba, no, exigía una respuesta. Las llamadas fueron rechazadas una y otra vez. Las negativas de su casa para con mi insistencia fueron demasiadas. Llegué al punto que me sentí estar molestando. Pasaron unos meses hasta que dejé de insistir y decidí llevar a la memoria lo pasado.

Nunca supe mas nada de ella, como si hubiese desaparecido. No teníamos conocidos en común y es hasta el día de hoy que me culpo por, tal vez, no haber hablado más…tal vez me hubiera arrojado algún dato para yo poder alcanzarla.

Pero mientras más lo pienso, mas me convenzo. Ella lo planeó todo desde un principio, desde el silencio hasta los besos.

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