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El bullying me arruinó la secundaria

“¿Ya viste los pantalones que trae?”

Estoy ahí, parada frente a una clase de 28 alumnos preguntándome cuál de todos los del grupito de la izquierda me detesta más. Intento hacer caso omiso a sus comentarios, pero las risitas burlonas continúan y yo sólo puedo pensar que no quiero estar ahí… no quiero que me miren, que se burlen, que me digan cosas hirientes solo por diversión… hasta ayer, son diez los diferentes apodos que pude contar. Entonces miro mi pantalón. Creo que la peor parte de todo es saber que tienen razón. Esa prenda salió de una bolsa de ropa que me mandó mi tía porque a mi prima ya le quedaba chica. Los jeans se veían un poco gastados, pero creí que con el remiendo que mi mamá les había hecho, no se notaria tanto… Éramos una familia grande, y la ropa nueva no solía estar entre nuestras prioridades.

“Siempre trae ropa así”

Pude ver que mi profesora de geografía las miró fijamente con el ceño fruncido y una pequeña luz de esperanza brilló en el fondo.

“Shhhhhh”

¿Sólo eso? ¿nada más? Si. Definitivamente estaba sola en esto.

Era la fea, pelo de escoba que no tenía plata para comprar un pantalón decente. Blanco de burlas y sospecho que también de descarga de frustraciones.

Me saqué un 9 en la lección.

– Podría haber sido un 10 – Reclamó mi profesora. Lo sé, pero no quiero darles un motivo más para odiarme.

Me subo al colectivo y apoyo la cabeza en el vidrio. Las lágrimas caen solas mientras pienso que estoy muy cansada.

Al inscribirme en esa escuela, jamás se me ocurrió que iba a sentirme de ese modo. Mi primaria había transcurrido en una escuelita rural, con salones de colores y maestras atentas y amorosas, donde la inteligencia se aplaudía y se premiaba. En mi primaria el más popular era el que tenía mejores notas. Pero ahora me encontraba en una situación completamente diferente. Estaba en un grupo de chicos y chicas a los que no les faltaba absolutamente nada. Donde el más popular era el que le contestaba peor a la profesora. No había lugar ahí para alguien que no podía asistir a clases sin beca de abono.

Incontables veces llegué a mi casa directamente a abrazar a mi mamá y a pedirle entre sollozos que me permitiera abandonar la secundaria; que terminara de una vez con esa tortura.

– Por favor, Pame… sólo un año más y después vemos.

Y así fue como llegué a quinto año, en un curso dividido en 4 grupos diferentes.

Mi pequeño grupito de amigas fue el que me salvó de las 3 ocasiones en las que otras compañeras me esperaban afuera de la escuela y no exactamente para saludarme.

Si hoy me preguntan que hice para provocar tanto odio, puedo responder con toda seguridad que no tengo la menor idea.

Adoraría poder volver el tiempo atrás y tomar la secundaria de un modo completamente diferente; me encantaría tener lindos recuerdos de aquella etapa, pero hoy sólo agradezco que ya pasó y que no va a volver.

Creyendo ya culminada esa época en mi vida, al comenzar en mi nuevo trabajo, me encontré en varias situaciones bastante similares a las que tuve que soportar con 16 años… pero la diferencia esta vez, la hice yo.

Hoy se que el respeto se gana, que la honestidad es un valor muy grande como para esperarlo de cualquiera.

Hoy se que a pocas personas se les llama “amigo”.

Aprendí a quedarme con lo que me ayuda a ser mejor, a crecer, con lo que me trae paz y luz y a desechar el resto.

Aprendí que hay una nueva palabrita que encierra mi tortura de la secundaria, que se llama “bullying”.

Entendí que quien lo hace, tarde o temprano llega a saber que estuvo mal.

Pero lo más importante que aprendí es que de eso se sale, que no es el fin del mundo, que uno crece y entiende que la diferencia se hace siendo personas mejores, que la violencia es un círculo vicioso que sólo se corta con amor y comprensión.

Gracias a todo lo que viví, hoy puedo entenderte a vos que pasas por la misma situación.. y puedo decirte también a vos, que te crees tan genial por molestar a alguien simplemente por ser diferente, que sos solo uno mas del montón. Valiente es aquel que tiene las agallas para defender a los demás… que se preocupa por otras personas y que es capaz de mirar un poquito mas allá de su propia nariz para ayudar aunque sea con una palabra de aliento a quien lo necesita.

El tiempo pasó y hoy soy otra persona…pero lo que sufrí en esa época de mi vida, dejo huellas de impotencia e injusticia imborrables en mi memoria.

No se lo hagas a otro. No formes parte. Corta el círculo. Cambia tu mundo y el de los demás. Si es Bullying, no te prendas.

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