El día que me metieron el dedo por colectora

Ese día había sido un día de mierda, trafico de la puta madre con dos choques en el micro centro,  quilombo en el laburo, discusión con la nueva compañera de trabajo y encima había perdido boquita.

Tipeando boludeces, haciéndome el que trabajaba, esperaba que el reloj hiciera su parte y así poder irme a dormir y que todo pasara…Cuando veo el led verde de mi celu titilando, era un whatsapp de la mujer que me dibujaba una sonrisa en estos días pedorros, mi novia.

Llevábamos dos meses de novios, y estábamos en nuestro mejor momento (y con “mejor momento” me refiero a que garchábamos maratónicamente). Le conté que tenía un mal día y me puso “yo tengo el remedio para que termine bien tu día”, seguido de un emoticón de guiño y del monito tapándose la boca. Traviesa e inocente en su justa medida…ya me la había hecho poner tonta con dos o tres palabras, que encima nada tenían de porno.

Su depto quedaba a dos cuadras de mi trabajo, por lo que se hicieron las seis y salí ansioso por verla (y con “verla” me refiero a montada en mi pija). Toco el portero, subo y cuando entro, me estaba esperando de costadito en la cama, con un culotte negro, medias bucaneras a tono, tacos y sin corpiño. No le dije ni hola, y me mandé a chuparle esas tetas rosaditas que se cargaba, mientras por arriba del pantalón, me acariciaba el miembro…

Una cosa lleva a la otra, ustedes saben, estábamos dándole bien duro. Me pidió que le acabara en los pechos y cuando estaba por venirme, la tiré boca arriba contra la cama y comencé a agitar el pomo para darle lo que quería…estaba muy caliente, ella hacía caras mientras esperaba. Cuando de repente…pasó lo que más odio, se me ablandó el canelón. Si si, en el punto culmine del acto en cuestión, me abandona el muy hijo de puta.

–          Tranquilo, debe ser por el día de mierda que tuviste mi amor…dejame a mí.

Me dice con todo el amor del mundo, y empieza, con paciencia a hacerme tremendo “helado” (y con “helado” me refiero a terrible blowjob). 30% lengua, 60%garganta y 10% diente, la receta de un buen pete. En dos minutos hizo que se me pusiera como el acero, me lo chupaba mientras acariciaba mis higos, como será lo bien que lo hacía que hasta sentía un calorcito en el culo, si, si, en el culo.

De pronto ese calor se hizo más y más fuerte, el miembro se me ponía más y más duro, hasta que llegó un momento en el que no pudo estar más duro y estallé. Me agarre de las sábanas y grite “¡JERONIMOOOOOOOOOO!”. ¡PLAFF! De pronto, la cara de mi novia parecía un bizcochito glaseado.

Ella comenzó a reír mientras se limpiaba y yo estaba tratando de bajar de ese terrible éxtasis.

– Gorda, nunca me había hecho un pete tan rico…

– Jaja, si claro, el pete…(reía con una actitud pícara).

– No entiendo, ¿de qué te reís?

– Jaja, que lo que te gusto no fue el pete, si no que te metiera este dedito (y me muestra su dedo).

– ¿VOS ME ESTAS DICIENDO QUE FUI MARRONEADO?

– Jajaja, no seas exagerado, fue un dedito nomás, para ayudar…

– Oh no…SOY PUTO. ¡SOY UN MALDITO PUTO ROSADO!

– Pero gord…¿Dónde vás? Mi am….

Tomé mis pantalones, mi camisa y salí corriendo del lugar (llorando obvio, bien de loca). Mientras corría por el centro, miraba mi reflejo en las vidrieras, no era yo, era alguien diferente. También, noté que mis pantalones no combinaban para nada con mis zapatillas ¡Qué horror!

Es difícil ver la mirada de la sociedad ante lo diferente, como prejuzgan al que tiene gustos distintos de lo convencional. Me sentía como encerrado en mi mismo, necesitaba encontrar a ese “yo gay” que había tenido dentro todo este tiempo sin darme cuenta.

Ahora los días después del trabajo ya no eran de sexo con mi novia, porque los gays no tenemos novias. Comencé a interesarme mucho por la moda, las telas, las tendencias, aunque me costara asumir ese rol, lo intentaba.

Me anoté en unas sesiones de cama solar, a pesar de que  me parecía una poronga, esas cosas hacen los gays y por dentro, si algo me parecía “una poronga” debería gustarme, como todo homo.

Que difícil esto de ser puto, la concha de la lora…todo un laburo que mis chupines combinen con los zapatos, que en mi ropa no se junte “botón con botón”, que el “color block”, que el perfume, que los pelos  y toda la mar en coche…Incluso empecé, o intenté ser fan de la revista “Touch”, la reservaba antes de que se agote.

También me compre como 5 remeras de Madonna y 3 posters. Contraté DirecTV para poder ver FashionTv y estar en punta con las tendencias de la moda y las paletas que se venían…pero no había caso…No lograba sentirme cómodo.

Un lunes, llegué al laburo, ví a un hombre y casi le relojeo el bulto…ahí dije basta. Me fui  a casa, tiré la ropa y me miré al espejo y dije, esto es lo que soy, en realidad, ni yo sé quién soy. Había entrado en crisis.

Estuve tres semanas encerrado viviendo de polillas, ácaros y mi gato (los gays amamos los gatos). No usaba mi pito para otra cosa que no sea mear, y no quería cagar para no sentir ningún tipo de placer que viniera de mi recto. Estaba en una negación total.

Llamé a mi viejo y le dije que viniera urgente con una muzarella (estaba cagado de hambre).

–          Hijo acá estoy, me llamaste desesperado…

–          Si papá, tengo algo que creo que deberías saber.

–          ¿Dónde estás? No te veo…

–          Acá, en el closet…

–          ¿En el qué?

Ahí fue cuando por fin salí del closet, o como le decimos en Mendoza “el ropero”. “Papá, creo que soy gay” dije decidido.

–          ¿Por qué decís eso?

–          La Vani, me metió un dedo al culo y me encantó, me puse como loco…

–          JAJAJAJAJAJAJAA, hijo, eso no es para nada puto, solo es que la forma más fácil de estimular la próstata, es vía recto. Yo con mis cincuenta años encima, en lugar de clavarme una azul, tu mamá me mete el dedito, y después me la cojo que da calambres…sin ir más lejos anoche le deje la argoy…

–          ¡Basta papa! No entrés en detalles por favor…entonces ¿Eso quiere decir que no soy gay?

–          Pero no hijo, es lo más normal del mundo…

Me volví a vestir y luego de comer esa pizza, decidí tirar a la mierda todos los chupines de colores. Volví a usar mis jeans que eran anchos abajo y mis zapatillas negras de siempre. Una vez más, la experiencia de un padre sirve para guiar las aventuras de un hijo…

Llamé a la Vani y nos reconciliamos, ahora cuando cogemos, le pido que me meta la mano entera y haga molinete, porque soy bien macho y con los huevos bien puestos, cero gay. Y cuando nadie me ve…a veces, pero solo a veces…bailo los temas de Madonna…

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