El día que volví a tener siete años

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El otro día la llevo a mi esposa a depilarse, a una mina que va hace años. Me quedo a esperarla afuera, en el auto. Pasan cinco minutos, diez, quince, media hora y sale…

– ¿Vamos? – le digo

– No, todavía no me atiende, salgo para avisarte que si queres podes entrar y esperarme adentro. – me responde tímidamente, sabiendo de mi cara de ojete.

– ¡Puta madre! ¿y si venis mañana? ¡esto es un bodrio! – le digo rezongando como un nene.

– ¡No! Ya saque turno, me va a patear para la semana que viene, ¡esperame un ratito! Si queres podes entrar, tiene como una sala de espera con muchas revistas. – Me contesta, sabiendo que detesto las revistas de modelitos y farándula (que son las que seguro iba a tener).

– Naaaa, deja… ya esta, te espero un rato más. Pero si en 15 minutos no te atiende nos vamos ¡eeee!. – le aseguro.

– ¡Dale! – me responde con cara de “¡éssssssta que nos vamos! ¡te tengo re cagando! y corrió hacia adentro de la depilator-woman.

Me bajo del auto, con el embole en cada movimiento, cuando veo dos pendejitos de unos diez años salir de la casa de la depiladora… se estaban peleando a los gritos, casi a las piñitas. El dueño de la casa (pero sobre todo de la Play) le había roto el orto al otro jugando al Fifa, así que este otro se quería ir a la mierda porque lo estaba limando groseramente.

– ¡Andaaaa putito!, te haces el má’ Willy y so’ malísimo, ¡te rompí el poto! – le gritaba el ganador con cara de guachito mala leche.

– ¡Pero si so’ re traika loco! ¡Siempre te elegí’ a ese que se parece al Barza del Fifa nuevo!, es obvio que me va’ aganar’ – refunfuñaba el looser con chillido chimbita, mientras yo no terminaba de entender la cosa “¿ese que se parece al Barza del Fifa nuevo?” ¿a que estaban jugando?

– ¡Anda gil! ¡Te partí pescado!, cuando quiera traete tu Play con el Fifa que quieras y te reviento – le grita el ganador, también hablando como un personaje del Puntero o un mini Negro Pablo de Okupas.

– ¡Pero si te voy a meter mil! Si ese Fifa es una garcha… ¡anda pelotudo! Comprate una Play ¡no esssiiitiiiiiis no esitiiissss! En el Fifa nuevo te rompo – sentenció el humillado chimanguito.

– ¡Vo’ no sabe’ nada! El Fifa nuevo e’ re careta, ¡este es la posta! Me lo ennnregaló mi hermano y me dijo que era lo mejor! – gritó el dueño de casa.

– ¡Pero si nadie sabe jugar al Fifa 98! ¡ya no esssiste ma’! Además “la Sega” esa es una cagada, nada que ver a lo yosti’ de la Play mía, ¡e’ una pija ese jueguito! – gritó el pendejito y se fue medio a los llantos… mientras mi corazón dejaba de latir.

De pronto todo se silenció… ya no escuchaba los autos pasar, los pájaros piar ni a los perros ladrar. Mi vista se había nublado, solamente veía al guachito dueño de casa… creí que tenía una Play y estaban peleando por el Fifa 2009, 2010… 2011 quizás (con suerte 2012, pero jamás un 2013, sobre todo porque las condiciones edilicias de “The Depilation Shop” no daban para algo más que una Play), pero lo que jamás de los jamases me imaginé era que lo que el guachito tenía era un Sega y habían estado jugando al Fifa 98…

¡El Fifa 98 del Sega! ¡¡¡Por el amor de Dios esto no me puede estar pasando!!!, pensé. ¿Cuánto tiempo gasté en ese juego del más allá? ¿Cuántos días de mi vida me llenó de fulbo este cartucho? ¡Si hasta dormía a su lado y le contaba cuentos de fútbol y dragones! Es como encontrarte con tu mejor amigo de la primaria, como abrir un álbum de figus viejas… ¡completo! ¡Dios hace milagros! Me estaban poniendo una de las mejores cosas que me iban a pasar el resto de mis días frente a mí y no me la pensaba perder… ¡esto era lo mas de lo mas!

– Che pibito… ¿así que le ganaste? – le dije cualquier pelotudez para entablar conversación, con la misma timidez que con la que te encarás a una mina por primera vez y con ese fatídico terror a que te corten el rostro.

– Si guacho… ¡lo partí! Siete a cero le hice – contestó… o “picó” si de minas estuviésemos hablando.

– ¿Vos sabes que a mi nadie me gana en ese juego? – le dije titubeando y tirándome a la pileta, con más nervios que la primera vez que dije “¿queres ser mi novia Daniela Ferreyra?” en segundo grado y con los mismos ojos pícaros de cuando la tenía servida.

– ¡Meta loco! ¡pero apostemos algo! – me dijo… y del cielo bajaron ruiseñores a musicalizar mi triunfo.

– ¡Por jugarte un partido te regalo cincuenta mangos, ganes o pierdas! – le dije tan feliz como cuando mi papá me llevó a comprarme mi primera camisa “para salir”.

– ¡Por cincuenta peso’ te la vendo! – me dijo el pibito mientras entraba a la casa.

– ¡Que la boca se te haga a un lado moquero!… ¡eso no se vende pendejo hereje! – le dije a toda velocidad.

– ¿Qué? – me preguntó desorientado.

– ¡Nada loco! ¡Vamos a jugar! ¿Cómo te llamas? – le pregunte con la misma emoción que tenía como cuando mi mamá me dejó ir solo por primera vez al Shopping con diez pesos.

– Franco – me dijo el chimbita, que ahora para mi se había transformado en un querubín, un santo, la salvación, uno de los mejores tipos del mundo… ¡ídolo supremo!

Esa tarde lo hice re contra concha, le gané como diez partidos, ¡en uno le clavé como catorce goles jugando con el Calcio! El Franco lloraba y pataleaba como un marrano, casi estampa un joystick contra el piso, pero mi mirada de diablo le indicó que si lo hacía no solo no habían 50 mangos, sino que no me bajaba más del auto cuando mi esposa se volviese a depilar.

Y una más… ¡hubiesen pagado por ver la cara de culo atómico que tenía mi esposa y la mamá del Franco mientras nos bancaban quince minutos que terminásemos el partido! Al fin, ¡ganó Bomur en todo!

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