El mensaje

Ese miércoles Paulo llegó a su oficina, dejó el bolso al lado del escritorio. Como en Argentina era feriado trabajaba solo hasta el mediodía, y a la tarde tenía fútbol. Jugaban contra los de la embajada de Rumania, a dos cuadras de la suya. Iba a ser un partido diferente porque el martes habían perdido siete a uno contra Alemania, y se iban a comer una gastada importante. Se sirvió un café y fue a la contestadora. Apretó el botón para escuchar los mensajes de la contestadora.
Bueno…, no importa quién soy, solo quería decir que hace un mes soñé con que Alemania le ganaba a Brasil siete a uno en semifinales. Siete a uno…, era imposible, por eso no lo conté. Y soñé con todos los partidos anteriores. Todos salieron como los soñé. Y… bueno…, soñé… soñé con la final. Ese día, el día de la final soñé con que van a matar a un hombre, a un… ¡Piiiiiiip!

El mensaje terminaba. Paulo miraba el aparato sin poder creer si era un mensaje real o era mentira. La voz parecía decir la verdad, incluso sacarse un peso de encima, pero era muy raro. Apretó para que pase el siguiente mensaje.

Se cortó. Soy el del sueño. Mataban a un réferi. No del partido de la final, a otro. Igual es una casualidad que sea un réferi, porque el caso es que lo matan para robarle y el hombre, este réferi, estaba yendo a suicidarse… a suicidarse a una avenida cercana al estadio, se pensaba matar… con una carga explosiva, pero cuan… ¡Piiiiiiip!

Paulo sintió que el mensaje era todo cierto. Aunque era absurdo, algo le decía que era cierto. Volvió a apretar el botón para escuchar el mensaje siguiente.

Se cortó. Soy el del sueño, recién dejé unos mensajes. Decía que cuando lo matan al réferi activan el explosivo y detona muy cerca a una de las pantallas gigantes… Es atroz… Es… atroz. No sé el nombre de este señor, no sé cómo ubicarlo, solo soñé eso, y soñé con todos los resultados… Bueno, eso. Es que es muy importante lo que digo porque se puede evitar. Este hombre está mirando el monitor en el sueño, porque en la final, cuando entren a la cancha los jugadores en el monitor gigante van a mostrar las banderas de los dos países, y justamente esos dos países Aleman… ¡Piiiiiiip!

Paulo se descubrió tenso como una piedra. Transpiraba, ni se dio cuenta de lo nervioso que estaba hasta que el “Pip” de la contestadora lo hizo pegar un salto y tirar al piso una birome y unos clips que estaban sobre la mesa. Sabía, podía sentir que todo ese sueño era cierto porque además sintió que él lo sabía. No podía esperar, necesitaba saber cómo se podía evitar la tragedia y tocó, tocó el botón, lo tocó torpemente y la máquina hizo otro “¡Piiiiiiip!” más largo. Estuvo por tocar de nuevo el botón pero el led de números de mensajes decía “0”. Había tocado el botón “Delete” por accidente. Por costumbre. Por la puta costumbre de hacer eso cada mañana. El dedo solo, con su mente en blanco, volvió a tocar el botón de los mensajes, pero nada. Los mensajes se habían borrado. Y faltaban cuatro días para el domingo.

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