Esa sutil sensación cuando te pegan una patada en el orto

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Todas pasamos por el ingrato momento en que te pegan una patada en el orto. A veces se produce de forma más violenta que otras. Te puede decir que no va más o lo podés encontrar garchándose a alguna del barrio. Algo se rompe en tu interior, ya no volvés a ser la misma. Aquella mujercita enamorada y pelotuda se perdió para siempre.  Vos que te consagraste en cuerpo y alma a esa relación, te sentís la infeliz más grande del mundo, mientras él anda enfiestádose con gatos por ahí. 

– No importa que tan alta la tengas, tu autoestima caerá más rápido que calzón de trola. Totalmente entendible, que alguien te haga a un lado o raje con algún gato es motivo suficiente para que te sientas horrible como Oggi Junco en tanga.

– Tu mejor amiga (o amigas) tendrán que soportarte en tu duelo post relationship, puteando en diez idiomas a tu ex y repitiéndote hasta el cansancio que se va a arrepentir. Pobres santas.

– Llorar a mansalva, revisar el whatssap a ver a qué hora se conectó, si está en línea y cuál ha sido su último movimiento en face.  Perforás con los ojos la pantalla de tu celular mirándolo a la espera de que te llame llorando y arrepentido, cosa que no va a pasar jamás, o por lo menos no en esta etapa.

– Iniciás una peregrinación espiritual hacia tu antepasado hippie, pareces Zulma Lobato sin maquillaje. Das asco, estás morfando todo el día encerrada en tu casa, lamentándote, sintiendo que nunca vas a superar esta sensación del orto, con el pelo grasiento, raíces y cardos en las piernas. Ni hablar del churrasco, lo descuidás a morir, ni ganas de hacerte la paja te dan de la depre que tenés.

– Mínimo un tema despechado por día a colgar en tu muro de facebook. Véase: El del culiadito que le chorea el anillo a la esposa para timbeárselo (no me acuerdo el nombre), alguno de Pimpinela para las más antiguas y los de Karina: Infaltables en la demostración pública de lastimosidad post ruptura.

– Complementado el anterior párrafo están las frases choreadas de canciones haciendo alusión a corazones rotos y otras yerbas. A la eliminación inmediata que le pegaste a tu ahora ex, le sigue la colocación de todos tus estados como públicos, para que el culiado los vea. En esta altura, el nivel de patetismo te desborda por los oídos.

Afortunadamente hay luz al final del túnel. Hacele caso al que te diga que lo vas a olvidar y que todo va a pasar. Así va a ser, te lo aseguro. Y adelantándote algo, te digo que después de esta experiencia te ponés más perra y más fiestera que nunca.  Si tu ex fue el primero y único (o el más importante) ahora vas a aprender a coger y a chupar pijas como la gente. Y esta vieja te garantiza que cuando salgas más preciosa que nunca, con la cachufleta ultra depilada y tanga de encaje, cuando te rodeen los nuevos especímenes que no pensabas que existían, cuando tu agenda desborde de nombres masculinos, cuando más endurecido tengas el sístole-diástole por la raza masculina, en ese preciso momento, aparecerá el que te pateó el orto. De vos depende darnos el tan merecido grito de victoria femenino al decirle: “¡Andate a la puta que te parió!”

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