Esta azul el tilde, hijo de puta

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Hablaba con un amigo sobre cómo facebook me cago la existencia, y me dijo  “cerralo y listo”. Ya no se puede, ya uno entró al círculo y no tengo interés en volverme “amish”, pero hay reconocer que estos “teléfonos inteligentes”, que poco tienen de inteligentes, sumado a la obsesión de Mark Zuckenberg en hacernos saber que la gente te ignora por completo, pueden sacarte de tu estado “zen” fácilmente.

Recuerdo épocas mejores, cuando no existía celular, o existían esos tipo ladrillo donde lo mejor que te podía pasar era que tuviera la “viborita”.

Ahora tenés en el celular las aplicaciones para que el teléfono te dure más de una hora encendido, que no se te llene de virus, el preguntados (que quedo de la 1ra mitad del 2014) que no volviste a usar, el Messenger, el whats app, twitter, instagram (para los nuevos floggers) y obviamente facebook.

La mitad de ellos te dice que el receptor vio que le escribiste y le chupo un huevo y la otra mitad no sirve para un carajo. Odio el tilde azul de whats app y el visto de facebook; el problema está en estresarme, porque claramente si el “receptor” lo único que sabe hacer es hacerse el boludo, es que es boludo, no hay otra.

Eso aporta todos los días a que una se vuelva un poquito más loca y si lo sumamos a un día de mierda, puede salir más o menos así:

Se pueden imaginar un día en el que te levantás, casi como cualquier otro,  vas a desayunar y cuando  abrís el pan fargo,  te das cuenta que no compraste el “rodajas finas” porque el paquete no es claramente distinto (nota mental: cambiar a bimbo), así que básicamente te pones a comer aire.

Te bañas y nunca falta el que se pone a lavar un plato, mientras estas en la ducha y se te quema hasta el apellido; cuando vas a salir te encontrás con un gran charco de agua (por lo que concluís que la noche anterior llovió) y el tiempo no te da para secarlo, entonces llegas tarde a trabajar.

Todo esto te sucede en la primera mitad del día; llegás a tu casa, mandas un mensajito, un “Hola como estas” y ahí está, acechando: el puto tilde azul. Bueno (pensás para tus adentros) ya va a responder, no pasa nada.

Y así tu día sigue transcurriendo: Te cae en tu casa esa tía gritona, que hace que tu perro ladre y que el gato salga por la ventana huyendo (a veces envidio no poder hacer lo mismo), hasta que por una gracia divina la mujer decide irse.

Te pones a limpiar lo que quedo de “Lo que la lluvia se llevo” y por ahí, de reojo miras el celular, y el tilde azul sigue ahí.

Te vas al gimnasio, liberas endorfinas, te peleas con el patova de turno por ocuparte la máquina y no preguntar. ¿Tanto te cuesta preguntar si la estoy ocupando, cabeza de mancuerna? Sos patovica desde 1810, ¡me cacho!

Cuando querás acordar ahí está, mirándote desde el otro lado de la pantalla de tu celular, como si te dijera “sos un looser”, el tilde azul. Ni hablar si le sumas el “el línea”. Casi podes adivinar la cara burlona de Mark Zuckenberg, cuando decidió que era apropiado que la otra persona se supiera ignorada.

No es una buena idea, insisto, estos “aportes” no nos aportan nada. Volvamos a lo sencillo, al teléfono de disco, a la computadora que hacia terrible ruido y que imprimías en esas hojas con agujeros en los costados, a las cámaras de rollo (basta de instagram y de videos pedorros de 6 seg), a chamullar en persona face to face, a las palomas mensajeras… no sé.

Volvamos a la vida sin ese tipo de preocupaciones, uno era feliz cuando sabía que no lo gorreaban, cuando no dejaban el facebook abierto y veías como chamullaban con 50 minas y te mentían de jeta, cuando si te ignoraban no te enterabas y cuando si querías ver a alguien tenias que ir a la casa.

Ya está, me canse voy a apagar el celular a mierda…

¡SIGUE AZUL EL TILDE HIJO DE PUTA!, ¡RESPONDE!


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