Fue a la apertura de Las Leñas sin saber esquiar y se hizo bolsa

Como el 90% de los mendocinos, naturalmente existe una necesidad de estar y figurar en los eventos y lugares más representativos de nuestra provincia, y sin lugar a dudas uno de ellos es la apertura de temporada en Las Leñas.

Y es así como Juan Carlos y sus tres mejores amigos decidieron asistir, en medio de una noche de excesos de Papitos Barloas, Papas Locas y Talca Pomelo (se imaginarán que muy en sus cabales no estaban).

El martes en la mañana se levantaron temprano y salieron por calle Las Heras en búsqueda de todo lo necesario para el viaje. Todo venía muy bien hasta que Hugo, el primo y amigo de Juan Carlos por parte de su tía segunda, exclama: “¿Y a donde alquilamos los esquíes?” a los que Juan Carlos respondió “¿Qué es eso?”.

Claramente estaban frente a una persona que en su vida había pisado la nieve, pero él quería figurar en los sociales de cada uno de los diarios que cubrieran ese día en Las Leñas.

Durante el viaje estuvieron explicándole a Juan Carlos lo mínimo e indispensable para poder bajar desde la nueva bajada llamada “Coscacho de Oso”.

Al llegar miles de personas ya habían llegado y el personaje en cuestión quedó obnubilado. “¡Qué minas tan ricas!” exclamaba mientras Pedro le explicaba que con ese tipo de vestimenta ancha e inflada era fácil creer que todas son lindas.

Comenzaron la travesía hacia la cumbre de la pista en las telesillas, negándose Juan Carlos a realizar aunque más no sea una mínima práctica con un instructor, porque para él ya la tenía re clara. Hasta que llegaron a la cima y las dudas comenzaron a surgir.

Pero en este punto ya no había retorno. Lo hecho, hecho está no podía echarse atrás. Asi que tomó coraje y se lanzó. Sorpresivamente su salida fue impecable.

Hasta que apenas pasado los 2 metros se olvidó de absolutamente todo lo que sus mejores amigos le había dicho. “¿Cómo doblo?”, “¿Cómo me enderezo?”, “¿Cómo salto?” eran las que primero se le vinieron a la cabeza, pero la más importante, “¿Cómo freno?”, no se la hizo. Y cuando lo recordó ya era demasiado tarde.

La gravedad hizo un excelente trabajo, revolcándolo por todos lados, haciendo que tragara nieve y escupiera sangre. Los ruidos que producían sus quebraduras se confundían con el “crash – crash” de la nieve al pisarla. De a poco fue perdiendo la conciencia.

Sus amigos y la gente en general pudieron ver un espectáculo desde la base viendo como bajaba despatarrado y tirando nieve para todos lados.

Todo fue chiste hasta que sus amigos vieron como llegó hecho bolsa.

Hoy en día, a casi una semana del incidente, Juan Carlos cumple funciones administrativas en la bolsa de comercio.

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