La app de los multiversos

Con mi novia Pila estábamos en Trubis, un bar rockero de la ciudad de Santa Fe. Acababa de tocar Led Zeppelin con Louta de telonero, show que se repetía cada noche en el mismo lugar, porque claro, estábamos en el universo en el que Led Zeppelin existía y eran teloneados por Louta todas las noches en Trubis. Era la sexta vez que asistíamos y ya nos estaba cansando un poco.

—Qué embole —dijo Pila.

—Y bueno, yo te dije que vayamos a ver a Led Zeppelin a Mendoza —le recordé.

—Y sí Roli pero ahí hay que fumarse 40 bandas de indie mendocino de teloneras y a mí no me gustan, aparte todo bien con el faso, pero tengo una amiga que fue y dice que después de ese reci tuvo que lavar cinco veces su ropa para sacarle el olor.

—¡Fo Pila tenés todas las objeciones.! Voy a pedir que hagan un universo en el que nunca te quejes y todo te venga bien —bromeé.

—Ay sí, si lo hicieran yo viviría ahí —respondió.

—¡Y bueno con probar no perdemos nada! —agarré mi celular, abrí la app Falopapp, entré a la sección Crea tu universo y escribí “hola amigos, desarrollen un universo en el que Pila sea piola todo el tiempo en todo sentido y con respecto a cualquier cosa. Ah, y en el que los semáforos den solo tres luces celestes”. Con Pila nos reímos imaginando situaciones que podrían darse en ese supuesto universo. La propuesta que mandé a la app era en joda, obvio, ya que supuse que nunca desarrollarían semejante huevada, pero para mi sorpresa, pronto muchos usuarios de la app comenzaron a apoyar la idea. Pues además de la sección Crea tu universo, había otra sección llamada Creando juntos, en la cual uno podía conocer las propuestas de otros usuarios y votar a favor o en contra y dejar opiniones para que la empresa analice cada caso.

Tanto los universos disponibles como los universos en evaluación se agrupaban por hashtags, de modo tal que los usuarios podían poner sus hashtags de interés en el buscador de la app y ver a qué universos podían entrar o qué universos se estaban proponiendo según sus intereses. En mi propuesta de universo (llamado Pila Piola) puse los hashtags #pila, #semaforos y #buenaonda. Mucha gente que seguía el hashtag #buenaonda votó a favor de que desarrollen mi propuesta, pero muchos de los interesados en #semaforos (9.723.892 usuarios) dijeron que la idea de los semáforos celestes era una locura, una pelotudez gigantesca que sólo traería caos y muerte; incluso un usuario especializado en semáforos (MauriLuzVerdeContramano180) comentó que una vez se hizo un universo con esa característica y quedó clausurado por el elevado número de accidentes. “Un fracaso solo superado por el universo libertario que tardó catorce horas en colapsar por completo”, agregó el usuario.

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El desarrollo de universos no era un proceso sencillo ni exento de fallas. Éstos no se originaban naturalmente, sino a partir de algoritmos y cálculos hiper complejos, inteligencia artificial y decisiones tomadas por grupos de programadores, ingenieros, antropólogos, astrónomos, tarotistas y golfistas que integraban las oficinas de la mega corporación Multiversos Falopa S.R.L, fundada en el año 2034 del Monoverso (así se empezó a llamar al viejo universo que todos compartíamos antes) por el abogado Aldo Corpinho, quien en una astuta jugada judicial decidió armar otro universo con otro corpus legal para que uno de sus clientes no pudiera ser condenado por tráfico de mayonesa. A pesar de haber perdido igual aquel juicio por inconsistencias en las nuevas leyes que él mismo había creado para el caso, la idea de gestar distintos universos tenía potencial, entonces decidió tomar millonarios préstamos para perfeccionar este nuevo proyecto y luego armar otro universo en el que no tuviera que pagar esas deudas. Esto último también le salió mal y terminó garpando todo, pero ya siendo millonario por el éxito de la compañía.

Para los inicios del emprendimiento ya todos los humanos tenían un chip cerebral (transhumanismo hasta la manijaaa), a través del cual cada usuario se vinculaba a Falopapp con una identificación única. Aparte, gracias a la tecnología 88G ya todas las cosas tenían, además de un aspecto físico, una configuración digital, que permitía la interacción informática entre ellas, así como la manipulación teledirigida; por ejemplo, ya casi no se realizaban demoliciones edilicias, bastaba con que alguien tocara “delete” desde una computadora para que ese edificio desapareciera. A veces, por negligencia de ñoquis acomodados en la administración pública se eliminaban ciudades enteras junto a todos sus habitantes, a los cuales no siempre se los podía recuperar.

Cada operación dentro de los universos era almacenada en bases de datos que luego la empresa usaba para crear escenarios alternativos, simulacros e interacción entre diversos elementos, tomando información de tiempos pasados (ya sea lo registrado en las memorias o lo configurado artificialmente con ayuda de historiadores y otros científicos) para someter esa información a múltiples algoritmos. Así es como se hacían los universos. Sin embargo, cada persona tenía solo una consciencia y podía habitar un universo a la vez. Si alguien quería salirse de un universo, solo debía entrar a Falopapp y acceder a cualquier otro disponible.

Por políticas de la empresa, no se permitía emular usuarios para que aparezcan en distintos universos al mismo tiempo, con excepción de casos autorizados. Por ejemplo, el Jimmy Page (guitarrista de Led Zeppelin) que aparecía en Santa Fe sí era una emulación, una proyección computarizada, ya que el verdadero Jimmy Page (de más de 100 años) vivía en un universo que se mandó a hacer para él solo así nadie le rompía las bolas. Sin embargo, las emulaciones de Jimmy Page (generalmente con aspecto juvenil) eran tan buenas que uno podía charlar con ellas, invitarlas a ver Casados con Hijos o ir a pegar merluza con la certeza de que se comportarían tal cual lo hubiera hecho el Jimmy Page de verdad. (En cambio, el Louta que teloneaba a Zeppelin de lunes a lunes sí era el verdadero Louta).

Algunos universos eran muy populares, como el Black & White, en el que todo funcionaba con total normalidad, pero en blanco y negro. Allí solía ir gente melancólica, cinéfilos y fans del pop-rock de los 90s, obviamente aquí abundaban las bandas tributo a The Cure. También estaba el Trippyverso, en el que cada cosa estaba programada para cambiar al azar de forma, tamaño y color, provocando efectos alucinógenos en sus visitantes, que casi siempre eran hijos y nietos de antiguos adeptos de Lilita Carrió.

Lo molesto de los universos populares era su excesiva publicidad. Allí los usuarios eran forzados a quedarse tildados para ver anuncios de empresas que pagaban su espacio. Para evitar esto había que pagar, o bien, acceder a algún universo premium, como el Chetoverso, cuya estadía costaba U$D1000 cada 24 horas y garantizaba a sus visitantes la no-presencia de pobres, gente de tez oscura, casas de chapa, escuelas públicas, tarjetas Sube y productos de segundas marcas. Otro famoso universo premium era el Flamaverso, diseñado en colaboración con Alex Caniggia, similar al Chetoverso pero mucho más facha e irrespetuoso.

Aunque lo peor de los multiversos en general eran sus bugs, es decir, fallas en el sistema dadas por desperfectos en las computadoras o por experimentos y despistes de los empleados de la compañía. A veces las cosas se veían distorsionadas, se tildaban, hacían ruidos extraños o no respondían a las leyes de la física. También había ocasiones en que el sistema confundía o superponía información de distintos universos, por lo que un usuario podía estar cruzando la Av. 9 de Julio dentro de un universo y que de la nada se lo lleve puesto un camión que iba marchando sobre la misma avenida pero desde otro universo. Estos casos representaban un verdadero dolor de cabeza para las compañías de seguros.

A veces, para fechas puntuales, todos los universos adquirían algún detalle temático. En Halloween los universos se volvían terroríficos, entonces uno podía ir caminando lo más piola por la calle y cruzarse a un Mauricio Macri bailando Tan Biónica en cada esquina; o como aquel 2 de febrero, natalicio de Guido Kaczka, en el cual todos los universos “pasaban la repe”, generando inesperadas repeticiones de sucesos que los usuarios ya habían vivido, provocando sensaciones de déjà vu, confusión, malentendidos y ataques de locura. Pero más allá de los defectos, habitar distintos universos era mejor que el viejo Monoverso en el que todos nos llevábamos como el orto. Ahora al menos teníamos la posibilidad de aislarnos según nuestras preferencias. Era la manera más pacífica de eliminarnos los unos a los otros.

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Al cabo de algunas semanas recibí una notificación en la que me informaban que Pila Piola había sido aprobado y estaba en desarrollo. La noticia me inquietó un poco, sentí que lo que había comenzado como una simple jodita ahora podía ser una amenaza para mi relación, como cualquier cambio de hábito, entorno o actitud que rompe con un estado de cosas al que ya estamos acostumbrados (aunque sea una cagada).

Cuando se habilitaba un nuevo universo se notificaba a todos los usuarios y se hacía un “día de inauguración” en el que miles de personas accedían para improvisar una fiesta. Obviamente, Pila y yo no podíamos faltar a la inauguración de su universo, el cual no implicaba un cambio de personalidad en ella, sino un constante bombardeo de estímulos externos que la mantenían alegre: clima, arquitectura, iluminación, etc. Pila era fanática de Bon Jovi, entonces en su universo había un bar llamado Bar Jovi, un shopping llamado Bon Shopping, una empresa de transporte llamada Bus Jovi, una academia de boxeo llamada Box Jovi y así otra larga lista de pelotudeces que la mantenían extasiada. En aquella fiesta Pila se hizo amiga de 624 personas con las que charló, compartió tragos y jugó al jenga. Yo me quedé a un costado tomando agua y viendo cómo mi novia era mucho más feliz rodeada de desconocidos que conmigo.

Después de que todos se fueron pude hablar con ella, que seguía enfiestada, con una inmóvil sonrisa bastante psicópata y tirando pasos de baile aunque no sonara música.

—Che, Pila…

—¡SÍ DECIME! —dijo rápido con una buena onda alarmante.

—¿Te sentís bien?…

—¡SI OBVIO MEJOR QUE NUNCA!

—Veo… ¿Pensás quedarte a vivir acá?

—¡SÍ DE UNA!

—Y… ¿Querés que sigamos siendo novios?

—¡SÍ OBVIO!

—Pero… Recién te vi besarte con al menos otras 57 personas.

—SÍÍÍÍ RE BUENA ONDA TODOS.

—Sssssí pero… o sea, todo bien pero llevamos 9 años en una relación monógama. Desde la secundaria que estamos y jamás charlamos esto y… O sea, soy una persona abierta, tengo… Un amigo gay, un hermano judío, un loro paraguayo… Soy fan de Guido Suller que se casó con su propio hijo pero…

—¡¡¡AAAY DAME UNA GEE, DAME UNA Ú, DAME UNA Í, DAME UNA DÉ DAME UNA Ó… GUIDO SUU, GUIDO SUU ¡¡¡JAJAAAA!!! ¡¡¡AAAAAAAAAA!!!

—Eh… te decía, 57 personas es… No sé, medio jugado… O sea, sos mi novia y te re amo pero si te beso ahora es como si besara a otras 57 personas que ni sé de dónde salieron…

—¡¡¡JAJAAAA RE LOCO RE LOCO RE LOCO Y LA WACHA MENEA PORQUE ESTABA RE LOCAAA!!!

—Es como que por un lado me alegra verte así pero… Es raro, o sea, hasta ayer eras la mina que conocí siempre, la que me prohibía ver a mis amigos, revisaba mi celular, se ponía celosa por mensajes de mi vieja y le pegaba con una escoba a mi perro… Y ahora te desconozco por completo…

—¡¡AAAA LA SUEGRA!! JAJA… ¿¿CÓMO ANDA LA MARTA?? ¡¡DECILE QUE YA LE VOY A DEVOLVER LOS TUPPERS!! GRGRGRGRGRGR.

—Bueno, creo que… Hasta acá llegamos…

—¡Y BUENO DALE!

—¿Si me arrepiento o te quiero decir algo vas a estar acá?

—¡SÍ SÍ VENITE NOMÁS!

—Bueno… Gracias por tanto… Suerte…

Tras despedirme de Pila abrí Falopapp y me fui al nostálgico universo en blanco y negro en el que vi una patética banda tributo a The Cure llamada El Cura que cantaba “Viernes yo soy en amor”. Con el pasar de los meses seguía pensando en Pila. Cada tanto me metía en su universo con la egoísta esperanza de no verla tan alegre, pero era en vano, los algoritmos no fallaban. Le pedí entonces a la app que haga otro universo en el que yo sea feliz, pero los mismos hijos de puta que se habían indignado por los semáforos celestes entraron a votar en contra y a tirarme mierda, logrando que mi solicitud fuera rechazada. Yo sentía culpa porque lo mejor hubiera sido ponerme contento por Pila, pero lo único que podía pensar era que me había cagado la vida yo solito por una estúpida broma. Ahora mi ex tenía un universo propio en el que ella era feliz, pero de alguna manera también se había vuelto la dueña de todos los demás universos… Porque al final no importa cuánta tecnología, opciones o mundos haya disponibles, uno siempre termina siendo prisionero de sus propios mambos.