La venganza – Capítulo 5: “Buscando respuestas”

Entras con el reloj, sentís las manos húmedas y temblorosas, como un asesino que porta el arma del crimen, solo que en tu caso sos  la víctima. Aquel objeto no solo es tétrico, con ese gris melancólico y añejo, sino que es nefasto… ver el correr de la arena sin cesar. Pones el reloj sobre la mesa y te sentás a observarlo fijo, sin poder pensar, sin más que ver aquella arena lentamente caer, corre más despacio de lo común, pero por nada deja de bajar, deja de ir de un lado al otro. Calculas que queda bastante tiempo para que se agote, pero estas convencido de que no va a ser un buen presagio su final.

La noche se avecina, al dejar de mirar el reloj y estar dentro de tu casa te has relajado un poco. Vas de la cocina al living sin saber que hacer, están inseguro, incómodo, preocupado, te sentas rendido nuevamente, sin dejar de pensar en que es lo que te está pasando, en que es esa sensación de infinito miedo que sentís.

Suspiras hondo y un manto del cansancio te cubre como un velo la sien… bostezas ineludiblemente y ese acto es cortado instantáneamente cuando caes en la cuenta de que el bostezo es el preludio del sueño y estas seguro que nuevamente dormido, vas a volver a ver al hombre de negro.

Pensas en llamar a alguien para que te acompañe en la noche, tu novia te dejó hace meses, después de una larga, enfermiza y tediosa relación que te llevó a alejarte de todos tus amigos ¿Qué hipocresía absurda llamarlos ahora no? Y menos para pedirles que te acompañen, decirles que el miedo ha rebalsado todos los recovecos de tu alma.

Encendes el televisor y te sentás a ver algo, ya es media noche, no vas a dormirte en ese estado y con esa sensación horrible, mañana será un nuevo día y deberás buscar ayuda en algún lado. Comezás a hacer zapping, nada interesante, nada nuevo, nada que te mantenga despierto. Bostezas de nuevo, de nuevo intentás no cerrar los ojos, de nuevo el cansancio absoluto, de nuevo el miedo.

Pasan algunas novelas, ves partes de películas sin saber que miras. La noche ya está entrada en horas y el cansancio te derrumba. Ahora un documental, ahora algo de música, ahora una conductora jugando con un celular, ahora noticias… cabeceas, abrís los ojos, las sienes te pesan, te arden. Ahora un hombre de negro…

De pronto, a lo lejos, escuchás levemente aquel sonido horrible. Estas seguro. Es el motor, es ese motor de avión, empieza a sentirse más y más fuerte. De a poco los lamentos de ultra tumba arrancan su letárgico sonido e inundan la habitación donde estás. Te paras del sillón, sin saber porque, miras hacia la puerta que da al patio, todo comienza a oscurecer en tu alrededor. Estás nuevamente paralizado, tus sentidos se agudizan pero no te podes mover, de pronto la oscuridad de apodera de toda tu casa, brilla algo desde afuera, los ruidos te queman los oídos. Rompes tu estado de parálisis y corres hacia la puerta de salida, tratas de abrir pero el picaporte arde, esta hirviendo de calor, te alejas dolorido, la puerta esta infranqueable, se siente un portazo del otro lado, das media vuelta y ahí lo tenes, nuevamente frente a vos…

He venido a buscarte, ha llegado tu hora, el tiempo de los tuyos. Tus días están contados y esta es mi venganza. No tenes escapatoria. Desesperadamente agarraste lo primero que tenías a mano y le arrojaste un jarrón vacío que había al lado de la puerta de salida, atravesando al hombre de negro así sin más y estallando contra la pared atrás de él. Corres hacia la cocina, para tratar de salir hacia el patio por otra puerta, para tratar de escapar. En tu desesperación tropezás con una silla y caes, no sin antes golpearte la cabeza contra el marco de la puerta, todo blanco, todo negro, no perdes el conocimiento pero el mareo te atonta, te sentás en el piso, tal como aquella vez cuando todo empezó. Ya no hay nada, todo ha vuelto a la normalidad, todo tranquilo, ya es madrugada, está amaneciendo…

El sol tiñe de luz toda la habitación y te sorprende sentado en la mesa, frente al reloj y al teléfono, estas cansado, lastimado y confundido. No sabes que hacer. Lo primero que se te viene a la cabeza es ver a un cura, ir a la iglesia y preguntar que es lo que puede estar pasando. Por otro lado aún estás solo y aunque sea de día queres estar con alguien. Tus papás viven en La Consulta, en aquella casa vieja que tantos malos recuerdos te traen… no era el mejor lugar para ir ahora. Tu abuela vivía cerca, estabas a poca distancia. Hacía mucho que no hablabas con ella y si bien, no solían hablar mucho, tenías un vínculo intangible muy poderoso. Antes de ir a la iglesia decidís llamarla, lo de nunca.

Hola abuela, ¿Cómo estas? Bien vos. Bien, que se yo… ¿vas a estar en tu casa? Si, es raro que me llames. ¿Te molesta? No, no me molesta… ¿estas bien vos? Si, abu… si… estemmm, no se, estoy bien, pero no se… ¿No sabes que? Que pasa algo abuela, quiero estar con alguien un rato, necesito estar con alguien… ¿Apareció cierto? Un silencio eterno te enmudeció la voz. La voz de tu abuela se tornó grave, sinistra, un sentimiento de desconfianza se apoderó de vos, incluso llegaste a sentir que desde donde estaba ella el espantoso ruido de motor iniciaba de fondo ¿Apareció el hombre de negro? ¿Se te apareció no? Seguiste en silencio inmutable. Te va a buscar hasta encontrarte… Vení urgente a mi casa. Y cortó el teléfono…

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