Los Cuentos que Diem Carpé cuenta: Héroes fugaces

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Si tomamos el tiempo de cualquier cosa insignificante que tenemos adelante ¿Por qué obviamos los tiempos de las cosas importantes? ¿Alguien sabe cuánto dura un beso? ¿Cuánto dura una sonrisa? ¿Cuánto dura un recuerdo? Apostaría lo que no tengo a que nadie lo sabe con exactitud. Pero ahí estamos; perfeccionando los relojes por algo que se vuela, cuando lo efímero es lo verdaderamente inútil.

A veces me imagino a mi mismo tratando de recordar esas cosas que nadie recuerda, y siempre depongo. Tal vez por miedo, o por vergüenza de la desigualdad, pero depongo. Como me gustaría ser más fuerte con mi personalidad. Como me gustaría ser el guerrero que corre contra los parámetros del tiempo. Como me gustaría conocer a quien pueda hacerlo. Pero otra vez, el golpe de realidad que nadie quiere y que siempre llega: tal vez no exista nadie con esa capacidad ¿Quién sería el valiente y loco que tenga como objetivo el batallar en contra del reloj?

Una vez, una única vez, encontré algo que me hizo sentir en el camino adecuado (o no) de ir en contra del tiempo. Por supuesto, no era efímero y para nada banal. Era una de esas cosas a las que uno le encantaría atesorar por siempre. Y mientras lo tuve, entendí lo que era olvidarse de aquello que el tiempo impone. Entendí a la perfección el todo e incomprendí con estupidez lo básico. Es difícil de explicar, pero si algún soñador alguna vez cumplió su deseo, sabrá de lo que estoy hablando.

Un día, todavía no entiendo cómo ni por qué (y sé que nunca lo voy a entender) ese algo desapareció. Se esfumó.

Hoy, cuento el tiempo de eso y me doy cuenta que el tiempo ganó la batalla y hasta la guerra.

Cuento el tiempo y puedo decir que libro que me regalo aquella tarde de otoño, empezó a amarillarse. Cuento el tiempo y entiendo que olvide su voz, su cara y su perfume. Olvide su prosa, su verso y hasta su caligrafía. Olvide su magia. Y odio contar el tiempo de olvido, porque odio olvidarme de algo tan gratificante y hermoso.

Pero ya ven; nuestros corazones claman por un héroe. Un héroe que algún día imaginé ser yo. Un héroe que se gesta a cada segundo y muere al minuto. Tal vez, en algún bendito día, nos olvidemos de las banalidades y por fin sepamos con milésimas exactas la duración de una sonrisa, la duración de un recuerdo…la duración de un beso.

Vivo por un día así. Muero por un día así.

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