Mentes paralelas o el manifiesto de la locura

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¿Qué hora es? No lo sé. Pero la ciudad está en calma y yo tengo que dejar de pensar.

(Pensar, dejar de pensar)

Se acerca esa hora en la que no quiero despertar. (Estoy despierta o estoy dormida) Me dijo que me iba a avisar. No es un sueño. (¿O sí lo es?). No sé. Me toco el pecho y siento que late. Sé que estoy viva. No lo dudo. Las luces están apagadas y solo me alumbra la poca luz que entra por la ventana. La luz de la luna y de la ciudad que desde acá se ve tan lejana. Eso pasa cuando vivís en un décimo piso. (No estás loca, no es una mentira) No recuerdo demasiado ahora que lo pienso. He dejado de escuchar esas voces voluntariamente, claro.

Pero sé que están ahí. El también está ahí. Pero está muerto.

(¿Cuando me vas a dejar de ignorar? Hacete la tonta. No es tu consciencia)

La ciudad duerme y yo estoy mirando todo alrededor. Voluntariamente dejé de tomar aquellas pastillas. No quiero estar abstraída del mundo. No quiero perderme a mí misma.

(Ya te perdiste, solo que no lo querés aceptar)

Ya ni sé que estoy esperando. ¡Ah! Sí, me dijo que cuando saliera del turno nocturno me iba a venir a ver. Me dijo que la va a dejar. Le creo. ¿O no? Si, le creo. Creo que escuché que suena el celular, me voy a fijar y es él. Me dice que se le ha hecho tarde, pero que viene seguro.

(¿Realmente le crees? Suena medio sospechoso. Te debe haber mentido, no sería la primera vez)

No hay ninguna luz a mi alrededor y eso está bien. Así es como me gusta. Estoy solo con el camisón rojo que me regaló cuando me dijo que la iba a dejar. Espero que si se tarda venga con todas las ganas. No sé. Todavía estoy tratando de que él no aparezca. Que solo en mi mente escuche mi voz.

(¿Porque me seguís ignorando? ¿Que estas esperando? Si sabés que cuando dejás de tomar el combo de psicóticos yo vuelvo. Decí la verdad. Yo soy la que hace las cosas que vos no querés. ¿Por qué? ¡Porque no tenés ovarios!)

Sé que está ahí. Las pastillas están a mi lado. Pero cuando estoy en sus brazos me siento mejor. Me ha dicho que viene. Le creo. ¿Le creo? Si, le creo. Nunca he sido una persona celosa, aunque él ha sido quien me dio razones para serlo. Tengo miedo. De dejar de ser yo y hacer lo que no quiero. ¿O si quiero? No, no quiero. Cierro los ojos y en mi mente aparece una imagen. De un gran charco de sangre. No. Tengo que dejar de pensar y abrir los ojos.

(Decí la verdad. Nunca me dejas de escuchar. Se lo que querés que yo haga. Estas tan cansada. ¡Boluda, reaccioná! ¡Nunca la va a dejar!)

No sé qué pasó. Cerré los ojos por un momento y ahora estoy acá en lo que parece ser un loquero. ¿Qué hiciste? ¿QUE HICISTE? ¡Te dije que no hicieras nada!

(Hice lo que querías que hiciera. Ahora ya no te va a mentir más. Mira las imágenes ahora. Volvé a cerrar los ojos)

Veo un charco de sangre. Veo en mis manos un cuchillo y en su cuello un gran rajón. La sangre ha salido casi toda. Me agacho y le doy un beso en la boca. Ahora no me vas a poder engañar más. Ni a mí, ni a ella.

(Viste. Es como tenía que ser. La medicación solo me hacía irme de a ratos. Cagona.)

Por más que abro y cierro los ojos sigo en el mismo lugar de paredes blancas. Lo maté y me gustó. Ahora somos lo que nos merecemos el está muerto, y yo, yo estoy y siempre estuve, loca.

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