Mi abuela era una forra…

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Si existe un fraude de los fraudes de los más fraudes fraudulentos… es la primera vez de una mina. Películas bochornosamente empalagosas al respecto, miles; historias de una amiga de una amiga de la prima de la vecina, a montones; eventos de ese tipo reales y asquerosamente verídicos, ninguno… Y ni hablar de… y no bueno, ni hablemos de eso.

Yo le hecho la culpa a mi abuela, no creo que mi mamá se haya sacado de la galera ese discursito prehistórico que con mucha pompa y asquito tuve que escuchar a los 11 años de edad. Alguna vieja come cocos se lo tuvo que haber metido a fuerza de chancletazos en el cerebro para que me lo repitiera con tanta devoción y brillito en los ojos…Y ahí es donde entra mi abuela, esa vieja forra… (que ahora que me acuerdo no me dejaba ponerle mas de tres cucharadas de cacao a la leche, la muy cretina).

Así es como a los 18 años de edad yo esperaba a mi caballero, a mi príncipe de 256 colores y high definishion. Imaginaba  que entraba en mi habitación, me tomaba de la cintura y bailábamos románticamente mientras pétalos de rosas caían del techo (los detalles técnicos de esto no me los imaginaba) y por supuesto,  músicos espectaculares haciendo sonar sus violines hasta el final, hasta el momento cumbre, hasta que el Titanic se hundiera… en mí.

Por supuesto que todas las patrañas que la vida me había metido en la cabeza hicieron agua de manera espectacular, digno de ver en primera fila y con pochoclos. El príncipe azul no era ni príncipe ni azul; era un mocoso pelotudo y moreno (no por el sol) que tuvo el grandísimo oyet de encontrarme consiente pero con unas copitas de más en Grisú, el boliche mas quema sesos de Bariloche.

No me tomó de la cintura ni bailamos, sino que se tomó hasta el agua del inodoro y me zarandeó para todos lados. No prendió velas sino un fasito y lo único rico en esa  pieza era el olorcito dulzón del porrito.

Esta claro que mi conciencia y el balde cortesía del barman lograron que ese momento (por suerte) fuera degradado a “historia graciosa” y almacenado en una carpetita de mi cerebro que con mucho amor, me gusta llamar “momentos de mierda”.

Por suerte, la “Primera vez” es solo eso, una primera vez y gracias al cielo sólo puede existir una. Las segundas, terceras, cuartas y todas las que le siguieron (no son tantas che…) fueron mejores, o por lo menos con expectativas reales; y aunque “orgasmo” lo busqué en el diccionario hasta cansarme, finalmente hace poco tiempo alguien logro contarme de que se trataba.

Lo mejor, es que la rabia y la frustración por cientos de historias y asquerosas mentiras escuchadas de mi mama, mis amigas (las de verdad) y mis otras amigas (las de los baños en los boliches); se canalizó en forma de discursos fantásticos al mejor estilo Alejandra Rampolla que repartí entre todas mis conocidas. Cómo si no, podrían las tiernas adolescentes comenzar esta larga tradición de las mujeres  de odiar a los hombres, inventar historias a sus amigas y mentirles a sus hijas…y al final de cuentas, mi abuela era una forra pero yo también, así que ahora en pie de igualdad con ella y ese satisfactorio sentimiento del deber cumplido, duermo tranquila.

Escrito por La Chancha y los 20 para la sección: 

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