Mi novio, el sexópata con alucinaciones

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Tras varios tragos de más y durante esas reuniones femeninas en las que se acostumbra sacar el cuero a los hombres, me encontré a mi misma contándole a mis amigas las anécdotas particulares de mi señor pareja, o mejor dicho, el “ezpezial” de mi novio. Paso a comunicar:

Desde el principio de los tiempos, noté que la persona con la que dije que iba a empezar a salir no era una persona común y corriente. No sé realmente si fue por su amor por los cortes de pelo caseros, su alocada obsesión por Spiderman o porque mientras andaba en auto sacaba la cabeza por la ventana para asustar a las viejas al volante y reírse un rato. No lo sé.

Yo debo contar que soy una mujer sumamente tímida, de esas que se sonrojan hasta por el pedo silencioso y sin olor que se les acaba de escapar. Es por este motivo que estar con una persona como mi novio fue realmente embarazoso durante los primeros meses. Los recuerdos que me llegan son varios: una compra en un supermercado donde se hizo pasar por retrasado subiéndose a un carrito y gritando: ¡Mamá empújame que me babeo!; una tarde en el cine en donde terminé de alguna manera colgada en sus brazos a1 cmde suelo; 4 mujeres mirándome asustadas porque acababa él de gritar: ¡pórtate bien o te meto 3 rodillazos! (cuando aclaro que estábamos charlando para decidir qué película queríamos ver); etc. Miles y millones de hechos que me llevaron a concluir que lo nuestro nunca iba a ser normal y que el Ying-yang y los polos opuestos existen.

El tema es que puertas adentro el tipo no aflojaba. Toda mujer sabe que para ser tomada en serio durante una relación debemos hacernos esperar para entregar la chuchina. Un mes después de empezar a salir es machomeno el tiempo límite entre ser considerada fácil y ser una “Pava-cooler”. Cuestión que esperé, y tras mucho tiempo sola, me aguante las ganas hasta el momento culminante. Y lo que sucedió fue sorprendentemente inusual.  Empezó a ponerse hot el topic cuando de repente el loco comenzó a desnudar su cuerpo dejando a la luz una zunga roja bajo los bóxers negros. Realmente tentada de la risa y con el termómetro en grados bajo cero tuve el honor de presenciar el mejor de los shows, a mi partyboy personal con su zunga roja con la inscripción “Mordisco” y una ranura frontal en donde el amigo le salía y le volvía a entrar. La danza pélvica fue lo mejor. Supe desde ese momento que me podía llegar a enamorar.

 Fuimos desde la zunga “Mordisco” hasta los calzoncillos de Marvel (de Spiderman y Hulk por supuesto); pasando por un desayuno  armado bajo los efectos del alcohol con cerezas en sprite, conitos 3d y un té te boldo; y terminando con gritos de Chewbacca en la ducha y recién saliendo de la ducha con pose de superhéroe arriba de la cama: ¡mirá mi amor, te hago el helicóptero! (Dejo a criterio de la imaginación del lector la imagen de esta historia).

Luego de varios meses no me puedo quejar. La vida ha sido de lo más entretenido tanto cama adentro como afuera. Al fin y al cabo las cosas nunca son como una las piensa…

Escrito por Mary Jane Betty para la sección:

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