Modas que pedimos por favor no regresen jamás

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Como todos sabemos las modas son una cuestión cíclica. Aquellos que no usabas hace años, quizás, esta temporada estas a la vanguardia si lo volves a usar. Esos lentes de sol, aquellos pantalones extraños, esos accesorios estrambóticos, muchas veces es mejor guardarlos en el baúl de los recuerdos, ya que en el momento menos pensado, un cool hunter europeo decide que vuelven a estar de moda y ¡chan! Te ahorras bocha de guita y volves a ser la más grosa entre tus amigas.

Peeeerooo… hay ciertas modas, accesorios, peinados, estilos, que pedimos por el amor de Dios, Alá, Yavé, Buda, Visnú, el Gran Arquitecto del Universo y Don Ramón, que no regresen jamás en la re vinagre vida.

Las riñoneras.

Si la billetera no te alcanzaba para guardar la guita, las tarjetas de crédito, las tarjetas personales y los documentos del auto, o por el contrario no te gustaba andar con un bulto inmenso en el bolsillo, aparecieron estos nefastos accesorios. Era como una cartera para hombres. Ni te cuento cuando le abrías el cierre “secundario” o “secreto” para sacar forros, puchos, lillos o cualquier elemento que querías ocultar… Las que tenían motivo hippier eran un espanto, pero las jamaiquinas eran la cúspide de la barbarie.

Collarcitos de chupete femeninos.

Las chicas iban al kiosquito de barrio o a la mercería de doña Chola y compraban dos pesos en “chupetitos”… a lo cual la susodicha le daba una bolsita con chupetes diminutos de plástico que las minas se colgaban del cuello. Esa imagen de “maternidad” tierna e infantil hoy te la bajaría a niveles insospechables. Te sentirías un asqueroso pedófilo si se te aparece ahora una pendeja con eso colgado del cuello.

Collares de chapas de las latitas masculinos.

Entrados los 90 las latas de gaseosa hicieron furor en Mendoza. Eras re top si tomabas del pico en lata. Los conchetos de colegios privados llevaban esas latas para tomar en los recreos, mientras que vos, pobretón de barrio del IPV te tenías que refrescar con el bebedero. Para colmo, los afortunados bebedores de Cherry Coke, se mofaban de su condición aristocrática colgándose las chapitas del cuello… es una moda tan espantosa que, de volver hoy en día, serías vos el único huevón que andaría con ese medio kilo de aluminio colgando del cogote.

Peinado dragón ball en los vagos.

Te dejabas las patillas largas, oreja descubierta, te hacías la raya al medio un toque hacia el lateral, te pegabas el flequillo fusionándolo con las patillas hacia los costados, con gel textura cemento. Luego te revolvías la cubata y la mollera, dejándote prolijamente despeinada toda esa parte. Escuchabas rock chabón, te comprabas las adidas con puntera blanca y listo… ya estabas para romperla en la pista de rock de Omero o en Aloha. Da vergüenza ajena el sencillo acto de recordar ese gallinero que usábamos por cabello.

Peinado con “dos mechitas” en las chicas.

Cumplías 15… te habías hecho un vestido onda princesita de Disney que hoy prendiste fuego en la parrilla… pero eso no era lo peor de todo. Las chicas tomaban dos mechones de su flequillo, largos y finitos, y los dejaban al viento, libres, mientras el pelo se lo recogían o ataban hacia atrás. Algunas cometían la indignidad de aclararlos. Hoy prefieren meterse un fierro caliente en la boca antes de que sean publicadas esas mechitas en Face…

Bombachas de gacuho.

Si vivías en La Pampa, algún pueblito de Córdoba, Santa Fe o incluso hacia el sur de Mendoza todo bien. Ahora, si vivías entre edificios y ríos de asfalto, ponerte esos pantalones asquerosos, anchos arriba por comodidad y ajustados abajo pa’ que no se te enganche la montura del caballo o la corona de la bici, es un horror que le imploro a la virgen de los vientos que jamás debamos volver a padecer. Las gambas se te veían cortitas y como de pollo… ¡un asco!

Pulseritas de cables de teléfono.

Principios de los 90… El Calo’, telefónica, privatizaciones, pizza y champagne. Teléfono para todos. Camionetitas verde cata por todos lados, conectando aparatos. Por una coca te regañaban un metro de cable, lo abrías y tenías seis cablecitos de color: amarillo, verde, azul, rojo, marrón y celeste. ¡Ha bordar se ha dicho! Habían dos tramados, uno sencillo, tipo enroscado y otro senior, tipo trenzado, que solo los más grande sabían hacer. Pulseras, collares, tobilleras, trenzas, etc… cualquier sarcillo se podía hacer con ese cable cochino. ¿Qué diría Gucci de esta mierda?

Pantalones Oxford.

Fines de los 70, remake principios del 2000… ¡pantalones patae’lefante! Se me llena la garganta de arena de solo pensar en la asquerosidad de un lompa ajustado en el culo y suelto en los tobillos, si no tenías dos chorros de soda por gambas parecías una maceta, con dos columnas dóricas por piernas. Se te veían piecitos de princesa, escondidos entre la anchura de las mangas, de los hippies, lo peor.

Sacos con hombreras.

Fines de los 80… Pop, glam, maquillaje, pelos al viento… todo bien. Ahora mamu, cuando te me aparecías con esos saquitos con hombreras ¡mi amor! ¡Galáctica! ¡Para, para, niña de cobre! Estúpida y sensual Robocop. ¡Qué cosa más fea por favor! Eran como dulces jugadoras de fútbol americano, con esas espaldotas acolchonadas. Que horripilante. Ni hablar de los sacos masculinos… ¡sacate eso caballero con armadura del mundo mágico! Vomitivo.

Pulseritas de tela con marcas de ropa y boliches.

This Week, Jhon L Cook, Forum, Wrangler, Gregoris, Uniform, Die For U, Cemento, Pakalolo, Scanner, La Luz, Howdy, Tasco, Levis, Reebook, Al Diablo, Carlos Paz, Grisú, Chocolate, Sketch… ¡olvidate! Había una cantidad impresionante de esas inmundas pulseritas de tela, las cuales nos colgábamos hasta la altura de los codos, imposibles de desatar. Antihigiénicas a más no poder, se te llenaban de mugre a los dos días. Eso sí… eras muy loser y tus papas no te dejaban escuchar los Guns, si por lo menos no tenías diez… de cada lado.

La cubata fierrera.

A principios del 2000 no eras nadie, ¡pero nadie! Si no te cargabas alta cubata. Para quienes no sepan (o prefiera no recordar esos días), el corte “con cubata” consistía en dejarse mucho pelo (y largo) en la parte de atrás de la cabeza, cortando cortito y con jopo el frente y los laterales. Corte varonil y rústico, de macho rolinga, descuidado y mugriento. Hoy en día se puede ver algunos especímenes Maipucinos, de Corralitos, del Este de la provincia o en talleres de autos viejos, llevando con orgullo aquellas pasadas de moda y espantosas cubatas, como personajes que resisten al paso del tiempo. Un horror.

Pantalones camuflados onda militar.

Todo bien con que seas facho, milico, ortiva, ocote, neo nazi y buche de leche, ¡pero de ahí a ponerse esos pantalones guerrilleros había un extremado placer por el mal gusto! ¡cortala numer one del Paint ball! Aflojale Counter Strike de cotillón… ¡por favor! Me imagino la mueca de una señorita de esta época al ver a su princeso enfundado en estos hostiles pantalones de la guerra del Golfo… ¡cómo no viene Rambo y te ensarta una de esas flechas que derribaban helicópteros en la cajeta!

Autos tunning.

Gracias a todos los Dioses esparcidos por la faz de la tierra que este gusto por atiborrar obscenamente nuestros autos con cuanto cacho e’ fibra de vidrio simulando alerones, baberos y faldones aparecían, haya tenido su fin. Imaginate hoy en día ver al ridículo del Polo Anaranjado andando por el parque con ese parlante en el motor, o al Gol que se parecía un carrito de supermercado. Caños de escape, parlantes explosivos, llantas casi sin cubiertas… ¡no la poníamos ni pagando! Suerte que la estética llegó a nuestras vidas para dejar bien en el pasado tanta mersa.

Pantalones hiphoperos.

De pronto los Illya Kuriaky se pusieron de moda, explotó la onda Korn, Eminem, Dr. Dre, Tiro de gracia, llegó la onda rap, el hip hop, ¿me comprendes Mendez?, mi pana y toda esa pija yanqui que atestó las paredes de Mendoza con graffitis ilegibles. Y ahí apareciste vos… suerte de Huarpe de acento achilenado, con tu cara morena y su hosquedad cuyana, con esos pantalones anchos que dejaban ver tus zolcilloncas spleep marca Stone con toallita.

Pantalones / Camisas de lino blanca.

Y llegó la lambada a nuestras vidas, ¡aflojale un toque bahiano de arena y sol! Ver a los mendocinos vestidos de lino era tan raro y ordinario como un Africano con armadura. ¿Qué onda Axel Bahía? Complejo de Pelé ¡Maleeeeseeemooooo chabón! Esas telas semi arrugadas, duras, amarillentas, con bordados “essoticos” en color negro… ¡mamadera! O rey do mal gusto.

El re jopo.

El flequillo en los hombres es sinónimo de barrio… y mal gusto. Pero de ahí a esos jopos locos de fines de los 90’, tipo Jhonny Bravo, símil rampa de sky, eran una vergüenza y una cachetada al arte de la peluquería. Parecíamos una especie de pibes Bazooka Joe, sin el parchecito del ocote que usaba el rubio gorra. Las medidas tomaba proporciones siderales si al gel le sumabas un toque de secador de pelos, podían correr una picada en la pelotudez que tenías de visera.  Espantoso Nivel Dios.

Faldas con picos y corset.

Cometido el sacrilegio del “peinado con doble mechita decolorada”, era cantado que entre los 16 y los 18 te clavaras la asquerosísima falda hasta las rodillas con picos onda ciudad Gótica y un corset ajustado, acartonado y rústico, para los quince y eventos formales. Si a eso le sumabas las mechitas ¡cartón lleno! La reina de la bailanta. Era lo menos sensual que podías ver, no insinuaba nada, no calentaba nada, no excitaba nada, lo único que te movía era el cuello para mirar en otra dirección. Recemos diez “Padre Nuestro” para que jamás de los jamases volvamos a ver a una mina vestida así en una tafies.

Pantalones babuchas

Tengo muchísimo temor a que esta moda esté a punto de regresar, ya que no tengo bien sacada la ficha de la época en la que se intentaron poner de moda. Y hoy los tenemos ahí… al acecho, en vidrieras de casas de ropa osadas (de cuarta). Una bosta de la ingeniería textil que simula andar como cagado encima, como con pañal, como con un culo ochentoso de película de Emilio Disi y de Guille Francella. Un espanto que invita a cerrar los ojos al tenerlo enfrente.

Collares flogger

Furor en 2005, Cumbio, Floggers, Fotolog, baile dance con el celular en la oreja y pasitos eléctricos simulando un epiléptico siendo aborrecido por el 99% de la humanidad, collares de madera. Infaltables en cuanto salame picado grueso quisiese estar de moda. Una vez que fue costumbre en esta “tribu urbana” fue adquirido por fantasmas de pecho trabajado y escotes hasta el ombligo, como trofeo de un verano en la costa. Vergüenza ajena daba ver cuellos de Marge Simpson por doquier. Alabado sea Darth Vader por bendecirnos con su extinción.

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