Nuevos comienzos | Parte 1

La clase estaba muy densa y sofocante y, de pronto Anabella sintió la necesidad de escapar y, aunque sea, sentir el aire sobre su cara.

Había perdido muchas cosas por estar donde estaba ahora, hasta incluso su relación pasada, que le había costado dos años largos de su vida. Y sin embargo ahora no soportaba la monótona voz del profesor.

Abrió la puerta del aula, en el cuarto piso y el aire fresco le dio de lleno en la cara, cuando, de pronto recordando lo que había vivido los últimos meses, unas lágrimas mezquinas le recorrieron las mejillas.

– Tan mala no creo que sea la clase – sintió que alguien le dijo desde el asiento que estaba justo a la entrada de la escalera, enfrente de donde ella estaba.

Cuando se dio vuelta vio a Joaquín, un compañero que no veía hacían algunos semestres, cuando pensó que él había abandonado la carrera.

– ¿Joaquín? ¿Qué haces acá? – Le dijo ella, limpiándose con el puño aquellas lágrimas caprichosas.

– Acá me ves, abandoné y volví a retomar la carrera, pero vos, ¿Estás bien?

– Si, me entró suciedad al ojo – le dijo ella tratando de disimular aquellos recuerdos que su mente se encaprichaba en seguir recordando.

– Estás cursando algo por lo que veo – le respondió

– Si, todo tercero completo, es medio pesado, y ahora estaba muy agotada, tuve que salir a despejarme un poco porque si no me dormía.

– Bueno, realmente ha sido muy bueno verte

– ¡Lo mismo digo! Te dejo porque tengo que entrar – le respondió ella

– ¡Espera! – Le dijo Joaquín.

– ¿Es muy desubicado pedirte tu número de vuelta? Pasa que me robaron el celular anterior y perdí todos los números, seguro que algunos apuntes te voy a pedir.

– Si, ahí te lo paso – le respondió ella, y después de anotar el número, lo saludó y volvió a entrar al aula.

Cuando se sentó en su banco, le llegó un whatsapp de su número que decía “fue muy bueno volver a verte” Sonrió. Y recordó aquella noche en que salieron con unos compañeros y se dieron un beso a la salida del boliche, así, como a escondidas. Quizá era hora de darle una continuación.

Empezaron a charlar cada vez más seguido y cada vez de menos cosas referidas a la universidad.  Por primera vez Anabella se sentía bien charlando con alguien, ya que la relación anterior que había tenido había sido muy caótica, quizá hasta demasiado.

Una noche Joaquín la invitó a salir, y ella no lo pensó dos veces. Necesitaba distracción, y eso es lo que su compañía le brindaba.

Fueron a un resto bar en la Alameda, se pidieron una pizza y dos pintas de cerveza, mientras que tocaba una banda tributo a Soda Stereo, y, cuando ya iban terminando la ronda de pintas, Anabella le dijo a Joaquín – espero que no suene muy desubicado, pero realmente tengo muchísimas ganas de darte un beso.

– ¿Cómo aquel en el boliche? – Le respondió él.

– ¡Te acordaste! – Le dijo ella, visiblemente sorprendida.

– Solo de las cosas importantes – le dijo y, acto seguido se paró de su silla, se acercó hasta Anabella y le dio un beso tan esperado, que se dieron cuenta recién en el momento en que sus labios se tocaron, al ritmo de “Juegos de seducción” de fondo.

Muchas veces uno no sabe lo mucho que necesita algo hasta que lo tiene, y quizá eso fue lo que les pasó a ellos dos.  Aquella noche la siguieron en el departamento de él, que quedaba a unas cuadras de distancia de donde estaban. Cuando entraron y cerraron la puerta detrás de sí, empezaron un espiral de pasión que los llevó a dejar toda la ropa tirada en el piso, a modo de camino, hasta la cama, y a la cumbre de sus placeres llegaron juntos.

Era el comienzo de algo más…

Continuará…