Rencuentro

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Mis ojos se clavaron en vos, mi corazón latía tan fuerte como la primera vez. Tanto tiempo, tantos días, tantas cosas pasaron por nuestros caminos. Como si la vida nos hubiese regalado otra chance, como una segunda oportunidad, como el encuentro entre dos extraños conocidos, como si sobraran personas así, que enciendan mis latidos, como un presagio inconcluso de algo que fue o va a ser, en esta u otra vida, algo que tiene que ser dejado ser, como el cruce entre dos planetas que orbitan iguales.

Ahí apareciste vos…. como esas olas de calor que susurran en una tarde fría, como cientos de chispas en la panza, como respirar en una tormenta de verano, como orejas calentitas, como caricias en el pelo, como un enorme abrazo de felpa, como una pluma que se desliza por mi espalda, como el aliento de un secreto, como la lluvia sin paraguas, como el eco del río golpeando entre las piedras, como arrojarse al vacío… un vacío de algodón y florcitas amarillas, como un tambor de fondo, como la leña ardiendo, como romper mimbre, como la espuma, como una luna llena a oscuras, como cientos de hormigas en mis zapatos, como un viaje, como un suspiro de menta, como mordiscos en los hombros, como sentir corriente en los dedos, como un atardecer en el mar…

Y ahora te miro, tras tantos años, sonriente ante mí. Y esa sensación de niñez, de adolescencia, de juventud que me inspiras, se amontona de golpe en mi cabeza. Nervios de antaño, felicidad, alegría, placer, crisol de sentimientos que se entrecruzan, se mezclan, de funden y explotan dentro mío. Y no había sentido esto desde que era muy chico. Tan igual y distinta a como te imaginaba en mis sueños, sueños de los que tantas veces fuiste protagonista.

Tus besos me fueron ahogando en un mar de orquídeas, tus susurros musicalizaban mi felicidad. Estoy entre aquellos sueños, rendido en tus brazos, hundiéndome en lo más profundo de tu cuerpo. Ya no distingo la realidad de la fantasía. La vida cobra sentido perdido en vos. Estoy en un ir y venir, divagando entre lo confuso y lo real.

Tormenta de sentimientos afloran en mi jardín desierto, desconcierto absoluto de un concierto de soledades anónimas a las que nadie escucha, solo yo. Ahora vago en la realidad, contando los días, los kilómetros que nos separan, las historias que cada uno tenga que continuar, tenga que seguir, por costumbre, algo de amor o miedo, pensativo y sin razón. Y paso y repaso tus fotos, tus palabras, trato de guardar en mi mente hasta el más mínimo detalle, hasta la más imperceptible expresión, hasta ese sublime susurro tuyo que me hizo estremecer y saber que un día cualquiera, en un lugar cualquiera, cuando las cosas tienen que ser… fueron, son y serán.

H.R.