Sin aire

Lo que comenzó como un sueño aislado parece que no quiere dejarme en paz:

Primer sueño – Jueves: La dirección equivocada
Segundo sueño – Domingo: Un atajo
Tercer sueño – Viernes: Un piano de fondo

¿Nunca se quedaron flotando sobre agua tranquila? Esa que está estancada, un lago, pileta o arroyo, donde uno se limita a respirar, siente el sonido del aire entrar en los pulmones, salir y así sucesivamente. Aunque estaba todo oscuro, sabía que era agua, la sentía moverse, el estar sumergido tiene esa capacidad de aislarnos del mundo exterior, pero aún queda el sonido del movimiento del agua y la respiración.

Fui sacada de mi absoluto estado de relajación por unos sollozos lejanos, no de una, sino de varias personas y decidí abrir los ojos. ¿No es una de las situaciones más extrañas intentar abrirlos en sueños? Muy a mi pesar todavía no era consiente que estaba durmiendo.

Los abrí, pero fue en vano, era la misma oscuridad que antes y ya no sentía ningún tipo de líquido como antes. El peor error fue intentar sentarme, pegué la frente en seco sobre un material duro, durísimo. Lógicamente intenté sobarme pero al levantar las manos volví a encontrarme el mismo material duro.

Casi presa del pánico comencé a mover las manos para todos lados, buscando una salida, moví los pies de manera desesperada, otra mala decisión que terminó en un terrible rodillazo otra vez contra la que ahora suponía era ¿una caja? Pero no, en ese caso se rompería, subí las manos y las deslicé por el material, firme pero fibroso como ¡Madera!

¿Madera? ¿Caja de madera? No, ¡Era un cajón! ¡Un cajón como de un muerto! Ahora si era una completa presa del pánico, de un pánico salvaje, que lleno como alimañas mi cabeza de pensamientos y preguntas ¿Por qué estaba ahí adentro? ¿Quién me puso ahí? ¿Estaba muerta?

Grité, pero como toda pesadilla, porque ya lo era, nadie me escucho, ni siquiera yo podía escucharme, pero grité y grité. Me dolía la garganta, la cabeza y la rodilla, desconsolada y con miedo lloré, y mi llanto se mezcló con los de afuera, que ahora me había dado cuenta los sollozos nunca habían desaparecido.

Voces y lamentos de entre las cuales, una conocida voz de hombre dijo:

– Lucía, mi Lucía…

– ¡Lucía! – Grité.

Grité mientras me senté, ¿cómo pude? En mi cama, traspirada y agitada, ahora si sabía que había sido un sueño ¿o pesadilla?

Créanlo o no este fue mi sueño del martes, martes a la medianoche.

Siguiente sueño: Miércoles: Un pasillo perdido en el tiempo